El Cuerpo Causal y el Ego

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Otoño

El cuerpo Causal es el órgano del pensamiento abstracto, el vehículo de la conciencia más elevada, la conciencia egoica, el templo de Dios Inmanente.

Al considerar el cuerpo causal, tratamos específicamente con el vehículo de manifestación de un Ángel solar, que es la vida que le da forma y lo construye, perfecciona y expande, reflejando así en pequeñísima escala el trabajo del Logos en Su propio plano.

Está representado por un ovoide, que es en realidad la forma de todos los cuerpos superiores que rodean al del físico del hombre y se extiende a unos 25 centímetros de éste.

Está formado por la conjunción de Budi (Amor Sabiduría) y Manas (Mente superior o Abstracta), se compone de materia de los subplanos primero, segundo y tercero del plano mental y de los niveles más elevados de la materia astral con vibraciones de buenas cualidades exclusivamente.

Es relativamente permanente. Nos acompaña desde el principio de nuestra individualización, perdura durante todo nuestro ciclo de encarnaciones y se desvanece cuando el hombre consigue la cuarta iniciación y ya no necesita reencarnar.

Desde el punto de vista del plano físico no es un cuerpo subjetivo ni objetivo, contiene todo lo bueno que hemos ido acumulando lenta y gradualmente en cada una de nuestras vidas.

En el hombre sin desarrollo, el Cuerpo Causal aparece al principio como vacío.

A medida que el ego, durante el largo proceso de evolución, desenvuelve sus posibilidades latentes, la materia superior entra gradualmente en actividad. Cuando el hombre es capaz de pensar en abstracto, o de sentir emociones altruistas, la materia de dicho cuerpo es incitada a responder.

Las vibraciones así despertadas se manifiestan en el Cuerpo Causal en colores, de tal modo que, en vez de ser una burbuja transparente, se convierte gradualmente en una esfera llena de materia de los más bellos y delicados matices, en un objeto de belleza inconcebible.

El Cuerpo Causal sólo está plenamente desarrollado en los hombres perfectos, los Adeptos o Maestros.

Una vez lleno del todo, no sólo crece en tamaño, sino que irradia corrientes de fuerzas en varias direcciones. Esta es en realidad, una de las principales características del hombre evolucionado que sirve de canal para la fuerza superior haciendo posible que esa corriente llegue a muchos que todavía no son lo bastantes evolucionados para recibirla directamente.

En el caso del Cuerpo Causal del Arhat, es decir de uno que haya pasado la Cuarta de las grandes Iniciaciones, los colores son más delicados y etéreos que los descritos hasta ahora, son también más vivos, más brillantes y más luminosos. Su Cuerpo Causal es mucho más grande que el físico y muestra un magnífico desenvolvimiento del intelecto, del amor y de la devoción, gran riqueza de simpatía y la espiritualidad más elevada.

El Cuerpo Causal desempeña dos funciones:

  • Sirve de receptáculo, o depósito para la esencia de las experiencias del hombre en sus distintas encarnaciones.
  • Sirve de vehículo al Ego (Ego con e mayúscula) o Yo Superior, el cuerpo de “Manas” o el aspecto forma del hombre real, el Pensador.

Cómo ya lo he expresado, en su principio el Cuerpo Causal es una película de materia muy sutil, apenas visible, delicada, casi incolora, que marca el principio de la vida individual separada. En él, el hilo del Yo o Sutratma se irán insertando en cada una de las reencarnaciones entretejiéndose todo cuanto puede perdurar en 3 átomos permanentes que corresponden al cuerpo físico, cuerpo astral de emociones y cuerpo mental. Todo el proceso evolutivo del ser humano queda registrado en estos tres átomos permanentes estando en un proceso de continua actualización. Encarnación tras encarnación, los seres humanos recibimos en cada nacimiento estos 3 átomos permanentes que dejamos en la encarnación anterior, perfectamente actualizados con la evolución alcanzada.

Las experiencias de las vidas pasadas acumuladas en el Cuerpo Causal, son el origen de la actitud general que asumimos hacia la vida, así como las acciones que emprendemos.

En él se conservan los gérmenes de las cualidades que el hombre llevará a la próxima encarnación, de manera que la manifestación del hombre dependerá del crecimiento y desenvolvimiento del Cuerpo Causal.

En el Cuerpo Causal sólo mora el hombre real.

Es el receptáculo de todo lo duradero, únicamente de lo noble, armonioso y lo que esté de acuerdo con la ley del espíritu. Todo pensamiento grande y noble, toda emoción pura y elevada, asciende y su esencia entra a formar parte de la sustancia del Cuerpo Causal de manera que éste es el único registro verdadero del crecimiento del hombre.

Observando el Cuerpo Causal, se puede deducir el grado de evolución que el hombre ha alcanzado.

En el Pensador, morador del Cuerpo Causal, están comprendidos todos los poderes que clasificamos como Mente con mayúscula, memoria, intuición, voluntad. El Pensador recoge todas las experiencias de las vidas terrenas por las que pasa y las transmuta en sí mismo mediante su propia alquimia divina, en Esencia y Sabiduría.

En el Cuerpo Causal tenemos, por lo tanto, lo abstracto, la acción pura, clara visión, inteligencia pura, tranquila, potente y serena.

En él, está también el poder creador de la meditación, las energías resultantes de la contemplación concentrada. En esta envoltura del hombre existen todas las formas a las que el poder creador puede dar realidad objetiva.

El Cuerpo Causal no es el ego, sino la parte de materia del plano mental superior que ha sido vivificada y expresa las cualidades que el ego ha adquirido.

En el Cuerpo Causal la energía emanente está dirigida desde dentro, mientras que en los cuerpos inferiores es atraída desde afuera. Esta es la diferencia entre Voluntad y deseo.

Sólo cuando se han aquietado y están en reposo los deseos y apetitos del yo inferior se deja oír la voz de la Mente Superior en la personalidad inferior.

Todos aquellos que empiezan a comprender algo con respeto al Cuerpo Causal pueden hacer de la evolución de este el objeto definido de su vida, esforzándose en pensar, sentir y obrar sin egoísmos, y así, contribuir al crecimiento con esfuerzo consciente, actuando en armonía con la Voluntad Divina y cumpliendo con el Propósito por el que estamos aquí. Nada de lo bueno que hayamos incorporado a nuestro Cuerpo Causal puede jamás perderse, pues éste es el hombre que vive, mientras permanece en el estado de hombre.

El espíritu sabe por sí y no necesita argumentar ni discutir.

Obras consultadas:

  • El cuerpo causal y el ego de Arturo E. Powell
  • El Alma: la cualidad de la vida de Alicia A. Bailey

Rosa Mª Pérez

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