Arquetipo

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Es una forma ideal, abstracta o esencial. Un arquetipo es la obra máxima de la creación. Tenemos un arquetipo a desarrollar, el cual está constituido por tres elementos principales:

  • La Verdad a través de la mente,
  • la Bondad a través del corazón
  • la Belleza a través del cuerpo físico.

Las razas evolucionan según diseños arquetípicos marcadas por cada subraza. Los colores evolucionan también según el diseño de una luz blanca, hacia la cual parece ser que tienden todos los colores de la naturaleza. En la escala, o en la gama de sonidos de la naturaleza, también en número de siete, se busca una nota única de la cual proceden todas las notas de la naturaleza, teniendo en cuenta que cada elemento vivo dentro de la naturaleza está emitiendo una nota, que esta nota tiende a purificarse y a hacerse cada vez más sutil y al mismo tiempo más sublime.

Todos los elementos buscando la armonía de funciones integrales reflejados en el arquetipo de un sonido, de un color o de un estado de conciencia. Cuando avizoramos las perspectivas de un estado de paz, de silencio, de recogimiento, cuando la mente cansada del tormento de pensar ha llegado a un punto de silencio expectante dentro del cual y por el cual ha sido consciente de una realidad interior, puede decirse que en el ser humano ha empezado automáticamente el proceso consciente de la búsqueda de su propio arquetipo, siendo ese arquetipo, de aquel momento en adelante, el que va a regir el proceso vital de su existencia, en el plano físico, en el orden emocional, y en el nivel mental, buscando aquello que está más allá de la esfera de los tres mundos.

El arquetipo es realmente un equilibrio de funciones. De una función o equilibrio de las potencias del Alma, y, finalmente, como el equilibrio superior del espíritu, y que la vida arranca de allí pura y que debe volver pura a sus orígenes, y que todo el proceso del tiempo, la experiencia acumulada de todos los seres, de todas las cosas, y del conjunto planetario, no es sino la unión mística de la Divinidad con otras entidades superiores a la propia humanidad terrestre y a la propia fuerza expansiva de este Señor que gobierna nuestro mundo. Es un equilibrio en funciones constantemente. La luz y las sombras cuando están en equilibrio no son ni luz ni sombras, es el espíritu de Dios. Es el arquetipo.

Nuestro Universo septenario tiene en cada una de sus dimensiones, o de sus planos de actividad, un arquetipo que debe ser realizado:

  • En el plano físico parece ser que la tendencia del arquetipo es la belleza. Debemos educar, desarrollar y ampliar en nosotros cada vez más este arquetipo de belleza que es el que permite una perfecta ecuación de los valores internos a través del cuerpo físico.
  • Si vamos al mundo emocional, parece ser que debemos llenar el éter de este plano con bondad.
  • La belleza física más la bondad del mundo emocional debe sacar como consecuencia la otra dimensión que es la verdad, la verdad de la mente, de todo el contenido filosófico de la humanidad y de todas las humanidades hasta converger en esta presente Subraza de la 5ª Raza.

El arquetipo es el proceso que Dios ha imaginado, como imagina el arquitecto un edificio y lo está construyendo, y como existen siete planos en el Sistema Solar, o siete estados de su vida, o siete dimensiones, para cada uno de esos planos o dimensiones ha situado aquello que Él quiere realizar.

La mente debe de reflejar un arquetipo de verdad, la energía emocional tiene por objeto un arquetipo de bondad bien definido y la conducta tiene que establecer belleza de actitudes. La verdad, la bondad y la belleza son tres aspectos que constituyen el triángulo de la vida humana, pero esto no puede ser realizado en tanto no exista un equilibrio entre la mente que piensa, el corazón que siente y la conducta que actúa hacia lo exterior.