Lo que hay más allá de la Mente

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Lo que hay Más Allá de la Mente Madrid, 23 de mayo de 1981

 

Vamos a insistir, ante todo, en lo que constituyó la temática del día de ayer.

Ayer nos referíamos muy específicamente a las Reglas Básicas del Agni Yoga, éstas eran, siempre desde mi punto de vista, la profunda atención, la serena expectación y la correcta adaptabilidad.

Si una persona está profundamente atenta, automáticamente el pensamiento deja de funcionar, significa que está más allá de las cualidades del propio pensamiento.

Si hay profunda atención, dentro del ser se suscita un anhelo imposible de definir, un impulso irresistible, y este impulso irresistible se demuestra en forma de serena expectación, esperando, pero sin esperar.

Es un suave vivir sin tensiones, la mente ha quedado apacible, todo nuestro ser se ha vuelto exquisitamente vulnerable, no hay resistencia, no hay pasión, solamente existe atención, una atención tan formidable que ha logrado conectar al individuo con sus raíces espirituales más profundas.

Más allá del propio pensamiento existe la mente, es el campo en donde se fraguan los pensamientos.

Más allá de la mente existe el Pensador y, más allá del Pensador, está tratando de expresarse la facultad de pensar, que es inherente a la vida del propio creador.

Dijimos que la verdad está más allá de todo compromiso de carácter individual, que está más allá de todo conocimiento, que está más allá de toda pretensión de carácter individual, es decir, que para poder captar la verdad no podemos utilizar el sistema del propio pensamiento, sea cual sea su plenitud, sea cual sea su intensidad, sea cual sea su propia evolución, entonces, la pregunta, la interrogante que se presenta a nosotros es lo que va constituir la temática de nuestra conversación de hoy: ¿Qué hay más allá de la mente?

Es un tremendo desafío, yo diría que es el atajo que buscábamos a través de todas las prácticas individuales y de todas las disciplinas.

Ustedes saben que, dentro de la mente, coexisten dos tipos de expresión, una que llamamos concreta o intelectual, y otra que llamamos abstracta, es como el humo que sale de la chimenea, compacto al principio, pero que después se va diluyendo dentro del espacio.

¿Hay alguna diferencia entre la mente concreta y la mente abstracta?

Es solamente de grado, hablamos todavía en términos de mente.

La mente, lo que ha realizado, que por su propia expansión, por su propia evolución, se ha confundido con el propio espacio y, técnicamente, ha dejado de existir aparentemente como pensamiento, ¿qué hay entonces?

Cuando el pensamiento se ha diluido dentro de la profundidad del espacio, ¿dónde está el pensamiento?

O, enfocando la pregunta de otra manera, ¿nos aprovecha en algo el pensamiento?

El pensamiento nos ha llevado hasta este punto, y después de este punto, ¿qué es lo que hay?

He ahí el tremendo desafío de nuestra era, y estoy muy convencido de que estoy hablando a un grupo de aspirantes espirituales sinceros y realmente con deseos de aprovechar las energías cósmicas a las cuales hicimos referencia.

¿Cómo llegamos a este punto?, ¿por la meditación?, ¿por el yoga?, ¿por las buenas acciones?, ¿o fue un sinnúmero de acontecimientos, fue un sinnúmero de cosas las que nos llevaron a este punto?, este punto de tan elevada trascendencia que más allá de sus fronteras solamente podemos concebir algo inconcebible: Dios, o la inmortalidad, o la eternidad, como ustedes quieran llamarle.

Llegamos a este punto -más allá del cual existe el misterio impenetrable- a través de la aspiración superior, a través de una mente analítica discernitiva, a través de la sensibilidad del corazón, y todo esto, unido al propósito inicial que está en todos los seres en evolución.

Este Propósito creó, dentro del centro Ajna, del centro del entrecejo, un punto iluminado de tensión creadora, en progresión constante hacia el centro Coronario.

Igual que hace la araña que se transporta por el hilo que está segregando de su propio cuerpo, nuestra mente segregó el hilo luminoso de contacto entre el centro Ajna y el centro Coronario, que llamamos el Antakarana.

El Antakarana es la proyección de este propósito venciendo la resistencia de los vehículos, fundamentalmente del vehículo físico, del cerebro, con su conjunto celular altamente especializado en los aspirantes espirituales de nuestros días.

Se tuvo que vencer también la inercia del propio elemento que llamamos mente, y digo, elemento, porque la mente en su totalidad constituye un cuerpo con plena conciencia y con plenos poderes y, por lo tanto, con capacidades de reacción contra nuestros intentos.

Hemos tenido que vencer la resistencia del elemental constructor de la mente, o del cuerpo mental, para llegar a este punto en donde el pensamiento prácticamente se ha perdido y que, prácticamente, ya no podemos recuperar.

Entonces, ¿nos sirve el Antakarana para vencer ya esta frontera, o quebrantar la frontera más allá de la cual existe el misterio impenetrable del propio Dios?

En todo caso, ¿hasta dónde llega el Antakarana?

El Antakarana cuando llega a cierto punto dentro de su proyección, que va del centro del Entrecejo hasta el centro Coronario, venciendo todas las resistencias impuestas por la tradición, por las costumbres, o por el propio estado de evolución, hace un punto crítico, realiza una ecuación de valores universales, y el Ego se pregunta, ¿qué es lo que voy a hacer ahora?, porque lo que se intenta de este momento en adelante es progresar más allá del Antakarana.

¿Se dan cuenta de lo que esto significa para nosotros que hemos pasado tantos siglos creando el Antakarana?

Viene a ser en forma muy similar a lo que realiza el Arhat en la 4ª Iniciación, cuando debe absolutamente destruir el cuerpo causal, o el cuerpo de luz, según lo vio Pablo de Tarso.

Es decir, que hay que quebrantar la belleza impresionante del estuche causal, de la misma manera que existe un dolor al quebrantar este cuerpo causal para que el Ángel Solar sea liberado de sus cadenas de tantos siglos, así también ocurre cuando llegamos a este punto crítico más allá del cual el Antakarana ya no nos sirve.

Cuando estamos en silencio y argumentamos acerca del silencio, nos agarramos sutilmente al Antakarana: ¡ya estamos presos nuevamente en nuestra propia creación!

Estoy hablando del yoga que corresponde, no a la 5ª Subraza de la 5ª Raza, estoy refiriéndome –seguro de que hablo a aspirantes espirituales, tengo mucho interés en repetir esta frase- a algo que está más allá de las posibilidades de las gentes corrientes y quizá de muchos, muchos, aspirantes espirituales.

Es este punto dentro del cual todo cuanto se ha creado por el esfuerzo del entendimiento y de la propia voluntad, debe ser rechazado, sin esfuerzo, pero rechazado.

Y, ¿qué vamos a hacer ahora, cuando el último baluarte ha sido vencido y enfrentamos esta dolorosa inseguridad que precede a la iniciación?, esta tierra ardiente que ha sido trascendida y este árido desierto lleno de “incertezas” y lleno de sufrimiento indecible para el alma timorata…

Cuando la persona se encuentra en este trance solamente tiene dos opciones: progresar hacia delante venciendo las últimas resistencias impuestas por la ley de la evolución, o volver de nuevo al pasado con esta penosa sensación de haber perdido el tiempo.

Y voy a explicarles cómo se opera secretamente en el individuo esta potente proyección de fuerza que conduce a lo eterno.

Todos, absolutamente todos cuantos estamos aquí, hemos tenido momentos de absoluta inseguridad, o de perfecta y absoluta soledad, lo cual significa que hemos tenido mucho miedo, mucho miedo de enfrentar la propia soledad, porque la soledad siempre es el preámbulo o el preliminar de un gran misterio, el misterio de síntesis, el misterio del corazón, porque cuando la mente ha llegado a cierto punto dentro de su expansión natural, automáticamente se abren las compuertas del corazón, es entonces el corazón el que debe dictar la última palabra, el último proyecto, la última resolución.

Es decir, que cuando hemos tenido un momento de absoluta soledad, que era síntoma de nuestro propio grado de evolución, hemos retrocedido, ¿cómo?, ¿de qué manera?, ¿a través de la diversión?, ¿a través de los afectos múltiples a nuestro alrededor?, ¿a través de los propios conocimientos esotéricos? ¡Quién sabe!

Lo interesante es que hemos retrocedido, espantados ante el tremendo dilema de la propia soledad, y yo digo que Agni-yoga arrostra, debe arrostrar el misterio absoluto de esta soledad del corazón y de este gran vacío dentro de nuestra mente, y proseguir adelante, sin ningún Antakarana, sin ningún báculo en donde apoyarse en el camino y, entonces, experimentar el silencio inefable que es precursor de la propia vida.

No podemos alcanzar la verdad por el simple raciocinio, ni aun por el propio discernimiento.

¿Cómo podemos discernir sobre algo que es eterno?

¿Podemos agarrar el aire con las manos?, se nos escapa, es fugitivo el aire, ¿verdad?

¡pues la verdad es todavía más fugitiva que el aire!

Es lo más sutil que pueda existir en la vida de la naturaleza.

Hay que atreverse a dar este tremendo salto hacia el vacío creador, y esto se logra progresivamente, venciendo temores y resistencias, mediante la atención, mediante la serena expectación, siendo, no reflexivos, sino realmente adaptables, porque si somos reflexivos detenemos el curso de este movimiento eterno.

No es que diga –dense cuenta de que no digo– que hay que dejar el yoga, que hay que dejar la disciplina mental, o la disciplina que corresponde a la personalidad, o a este aspecto integrador de la conciencia, les digo simplemente una verdad que, tarde o temprano, deberá hacerse carne en nuestra vida personal, y es el salto que deberemos dar al vacío de la propia conciencia, en donde no existen ángeles para recogernos y en donde no sabemos si existe un proceso de aniquilación.

Solamente hay que avanzar dentro del silencio y, cuando estamos muy atentos, de una manera muy suave, estamos dando este salto, nos estamos habituando a trascender las barreras de la propia conciencia.

Estamos, hablando en el sentido muy técnico, en el centro de la Constelación de Libra en nuestro corazón, porque hay una gran relación entre la Constelación de Libra, el 4º Chacra que es el del centro y el cuerpo Etérico; entre el 4º Rayo, que es el centro de todos los rayos, entre el 4º Reino, que es la Humanidad en su conjunto, y entre todos los cuatros dentro de un Sistema septenario, dentro del cual forzosamente ocupará el centro.

Así, que no buscamos desequilibrar la balanza y decir somos mejores o peores, de esto se encarga el Dios Osiris, que es el que pesa, simbólicamente, las Almas de los hombres.

Nuestra misión es el equilibrio que nace cuando hay distensión, y hay distensión cuando hay atención, cuando hay una observación muy serena de los hechos, cuando nuestra mente ha sido desgastada al extremo de resultar completamente inservible para los pensamientos banales y sin fundamento.

Primero, se elimina el pensamiento concreto dentro de esta progresión del Antakarana, después el pensamiento se va sutilizando, los espacios entre pensamiento y pensamiento son cada vez más distantes y, sin quererlo ni pretenderlo, solamente por el hábito de la atención, estamos penetrando en los reinos sagrados de Samadhi.

Samadhi es la absoluta integridad que puede alcanzarse a través de no importa qué sistema de yoga, pero, sea cual sea el yoga, deberá llegar el Alma a un estado de tan extrema sutilidad y, si ustedes me lo permiten, de tan absoluta “nadencia”, que dentro del ser se verifique la gran alquimia creadora mediante la cual se han equilibrado los opuestos y la persona se ha convertido en un Maestro de Compasión y de Sabiduría.

Nuestro empeño supremo es realizar la vida en nuestro interior y es liberar la vida allí en donde la vida esté presa.

Cada una de las células de nuestro ser está pendiente de este absoluto proceso de integración superior y, nosotros, que, aparentemente estamos realizando el silencio a través de una serena expectación, o de una gran adaptabilidad, o de una mente muy flexible y adaptable, estamos enviando a todas estas vidas menores que componen nuestro esquema tan complejo, físico, emocional y mental, todas las dádivas superiores que pertenecen al ambiente cósmico, aquello que en términos místicos llamamos los Dones del Espíritu Santo.

Y, cuando se ha producido este silencio y no tenemos la mente en disposición de perpetuarlo por el interés cualitativo, se prolonga hasta el éxtasis.

Es decir, que

la diferencia entre una persona normal y corriente, entre el aspirante en el sendero y entre el discípulo en el Corazón del Maestro, es solamente medido en grado de silencio

Un silencio que en los primeros tiempos es autoimpuesto, le sigue después un silencio autodirigido, hasta llegar a un momento en que el silencio te absorbe, ya no puedes luchar contra el silencio, tú y el silencio sois la misma cosa.

Así, cuando estamos avanzando por estas silenciosas avenidas, se están produciendo dentro de nuestro ser aquello que técnicamente, esotéricamente, llamamos iniciaciones.

Una iniciación, siempre desde el ángulo de vista de Agni-yoga, es medida por grados de silencio espiritual.

La mente ha desaparecido como motor inductivo de las cualidades y de los esfuerzos de la personalidad, y ustedes preguntarán: “¿entonces, qué, o quién, está regulando el proceso?”

Es el propio Plan del creador que se está manifestando a través de este silencio expectante.

No tendría en realidad ningún valor el hecho de introducirnos dentro de un nuevo yoga, que no nos diese la absoluta seguridad de que dentro del mismo no se pueda reflejar la Voluntad de Dios, yo creo.

Un silencio sin esfuerzo, un vacío no impuesto por disciplinas.

La mente, ya sea discriminativa, ya sea discernitiva, se mueve siempre dentro del campo de los opuestos, está constantemente rigiendo, está constantemente auto-torturándose.

Pero, ni la disciplina, ni el esfuerzo, ni la tortura, ni el gobierno despiadado impuesto a nuestros vehículos nos va a liberar, solamente cuando cesa el esfuerzo, cuando cesa la disciplina, cuando no existe sino un silencio apacible, es cuando estamos realizando dentro de nosotros aquel Plan impuesto por el Señor del Mundo desde el principio de los tiempos, y que puede resumirse en la frase bíblica, ”vosotros sois hechos a imagen y semejanza de vuestro Creador”.

Y, como nuestra mente es de la propia sustancia del Creador, lo que realmente hemos hecho de importante es que hemos dejado los pequeños avatares de nuestra pequeñísima vida personal en manos del Creador, para que sea Éste el que a través de nosotros imponga Su ley, y si así debe ser, Su propia disciplina.

En todo caso, tal disciplina estará más allá y por encima de nuestras capacidades de comprensión actuales, pero, sí podemos asegurar, que si estamos completamente atentos, no digo reflexivos, si estamos serenamente expectantes, observando todo, no con curiosidad, sino con interés, este milagro –parece un milagro, ¿verdad?– se estará realizando en nuestro corazón, y cada cual, según sea su propio signo astrológico, realizará en cada uno de los pétalos de su corazón, alguno de los Doce Trabajos impuestos por la ley de evolución a Hércules, el Discípulo Iniciado.

Hay que partir del principio de que Hércules somos nosotros, y si existió Hércules históricamente no tiene una importancia capital, desde el momento en que todo Avatar que ha aparecido en la esfera de relaciones sociales, ha sido siempre una dramatización psicológica para que la Humanidad aprendiese a gobernar algún principio, ya puede ser Hermes, Buda, Cristo, Lao Tse, Confucio, o todos los grandes Maestros conocidos de la Jerarquía.

Se trata de un proceso natural, dentro del cual el que más pierde es el que más se esfuerza.

Y, sin embargo, todo el mundo se esfuerza.

Yo me pregunto si ustedes, en este momento, se están esforzando, simplemente están atentos, no están reflexivos, no discuten el estado, ni discuten las palabras del orador, están simplemente escuchando muy atentamente, y este escuchar atento, y este visualizar atento, y este vivir atento, es la liberación, no existe otro camino para llegar a este punto en donde el Antakarana se ha hecho inservible para las necesidades del Pensador.

El Pensador está operando de muchas y diversas maneras sobre el equipo de la personalidad, por la imposición mental, por autocontrol, por la mente discernitiva, por el constante discriminar, y por la constante elección entre dos campos en conflicto.

Es decir, debe llegar un momento en nuestra propia vida en que el libre albedrío, o la pequeña voluntad, debe ceder el paso a la voluntad superior, para que sea esta voluntad la que regule el supremo aspecto divino de la vida, manifestado siempre en forma de quietud, en forma de silencio, pero, dense cuenta, que la plenitud y que el silencio contienen el más tremendo dinamismo creador, porque una persona será creadora, sólo, cuando deje de actuar en forma discernitiva, o en forma discursiva, o en forma voluntaria.

La inspiración jamás viene al individuo por un acto de voluntad, sino que le viene impuesto por una afirmación superior, cuyas raíces son eternas y que, por lo tanto, carecemos de datos específicos para medir tamaña grandeza.

Todo cuanto hace el hombre –el ser humano, me refiero, naturalmente–, todo cuanto hacen las religiones organizadas, es tratar de presentar una imagen de Dios que, lógicamente, no responde a la verdad ni a la realidad espiritual.

Es un modelo impuesto en el tiempo como una meta fija, y a tanto tiempo de plazo, imponiendo a la persona una serie de ejercicios y una serie de autoafirmaciones que la separan más que la unen a la propia Divinidad.

Hoy, se asegura en medios religiosos, que Dios ha muerto y, Dios, tal como lo han presentado las religiones hasta este momento, ha muerto.

Solamente existe el hombre religioso, no el hombre, o la mujer, que están dentro de una religión tratando de seguir los ritos de aquella religión, imponiéndose ciertas disciplinas y pensando en una recompensa en el futuro.

Si la persona, en este momento, vive sin tensiones y sin conflictos, ¿para qué quiere disciplinas, si todo lo que trata la disciplina es de torcer los recursos espirituales del ser?

Si comprendemos este pequeño motivo, nos daremos cuenta, ya utilizando cualquier sistema de yoga, o no utilizando ninguno, viendo apaciblemente la vida cómo se desliza a nuestro alrededor, tratando de observar las cosas, que es la forma más completa de comprenderlas.

Porque no comprendemos porque no nos fijamos, porque no estamos atentos, porque no observamos con la debida integridad mental y espiritual, para llegar a un punto dentro de este absoluto vacío al cual nos hemos lanzado, en que realmente existe una identidad desconocida que hasta aquí solamente había sido un objeto discursivo o un objetivo de una personalidad que está tratando de disciplinarse dentro de uno u otro sistema de meditación o de yoga.

Y me refiero, exactamente, al Ángel Solar, o al Yo Superior, o a Aquél que está más allá de la mente, porque los últimos tramos del Antakarana, por su propia sutilidad, cuando se quiebran en el espacio creando una curvatura que se funde en lo eterno, estamos ayudados en este intento por Aquél que durante millones de años ha sido la vida y el testimonio de luz de nuestra existencia.

Claro que, cuando les hablo de Agni Yoga, y estoy diciendo al propio tiempo, que el Antakarana igual que la mente discursiva se hacen innecesarios para los planes del Pensador, hago mención muy solemne y subjetiva –¡ojalá pudiera ser objetiva!– sobre un destino más allá de la concepción del hombre que viene encarnada en esta entidad, el Ángel Solar, el Dhyani Chohan, tal como lo define Madame Blavatsky en la Doctrina Secreta, que es el que realmente nos acompaña en los últimos tramos del Sendero, cuando hemos ejercitado la mente en la plenitud del vacío creador, y cuando ya la soledad no nos asusta.

Es análogo este aspecto, nuestra actividad del Ángel Solar, a la del ángel o deva que, en el momento de la muerte física de cualquier ser humano, se cuida de romper el cordón plateado, este ángel libera al hombre y le conduce hacia el mundo astral.

El Ángel Solar, dentro de su inmensa medida universal, hace lo mismo en una etapa muy superior, iniciática, trasladando al Alma más allá del conflicto que existe en los pares de opuestos, cuando ya se ha equilibrado la balanza de Osiris y el hombre penetra en el gran vacío, en la gran seguridad del Cosmos.

En cierta manera, está rompiendo, como si fuese el cordón plateado, el “cordón antakaránico”, el Alma penetra entonces en el gran vacío, y se convierte, por obra y gracia de su propia necesidad cósmica, no digo de su esfuerzo, en un iniciado, y esta iniciación se repite a través del tiempo, y siempre habrá una entidad superior que regule el trabajo que el Alma ya no puede realizar porque ha perdido por completo la necesidad del esfuerzo hacia los mundos de trascendencia infinita que componen la existencia de los Dioses inmortales.

Es, naturalmente, el paso de la inmanencia humana a la de su absoluta trascendencia.

El hombre, hasta aquí, había vivido encerrado en su propio ser y había construido una jaula creada por sus propios compromisos kármicos, por sus autodisciplinas, sus esfuerzos, sus necesidades psicológicas, por todo cuanto es considerado esfuerzo humano.

Y, dentro de esta jaula, de este cúmulo de expresiones kármicas, como pájaro herido que intenta remontar su vuelo, así estaba el Alma del hombre, o está el Alma del hombre.

Este fragmento de vida divina encerrada en la jaula creada por las propias limitaciones kármicas, es el ser humano.

Entonces, les estoy hablando en términos muy distintos para que vean el proceso, cuando pasa la inmanencia a la absoluta trascendencia, cuando la gota no se sumerge dentro del océano de la vida de Dios sino que es la vida de Dios en cada iniciación que lleva parte de su absoluta conciencia a aquella pequeña gota.

Así que, un iniciado siempre es una gota humana llena de la gloria divina en expansión constante dentro del círculo infranqueable de nuestro Universo.

Y, naturalmente, llegará el momento en que Hércules, el ser humano, en la integridad de sus funciones, realizará el último de los trabajos dentro del propio corazón, entonces, aprenderá a vivir de acuerdo con móviles o moldes divinos, y no con motivos humanos.

El iniciado siempre está lleno de la gloria de la Divinidad, pero, está actuando muy eficazmente desde el ángulo de la Jerarquía para beneficiar a todos los seres humanos, a todos cuantos decidan, de una u otra manera, vivir al amparo de esta realidad trascendente.

Así que, como corolario de esta entrada de la conciencia humana dentro de este universo infinito de la Divinidad –y que llamamos iniciación– se realiza siempre bajo el tópico de lo que anteriormente se nos ha dicho, que es la perfección dentro de un signo astrológico, porque Hércules debe ser perfecto en cada uno de sus signos, debe ser perfecto también dentro de su propia línea causal de Rayo y, también, debe llegar a realizar un Arquetipo de Perfección, y este arquetipo de perfección es el Adepto, el ser humano.

Así que, todo cuanto perseguimos dentro del Agni-yoga, no es convertirnos inmediatamente en un Adepto, pero sí que es penetrar dentro de la corriente iniciática.

Dense cuenta de que sólo por el ejercicio de la buena voluntad del corazón, sólo con una atención muy realmente impersonal, pero sin medida, potente, sobre todo cuanto ocurre dentro y fuera de nosotros, se puede ir realizando este arquetipo en nuestra existencia y, tal como decía un Maestro de la Jerarquía:

“Si quieres llegar a la iniciación, compórtate como iniciado”

¿Tienen alguna pregunta que hacer?

 

Interlocutor. — ¿Podría ampliar algo más lo que es el silencio espiritual?

Vicente. — El silencio tiene muchas etapas, el silencio es de grados, desde el silencio físico, meramente de palabras, al silencio de deseos, al silencio de pensamientos, hasta el último de los silencios que es el silencio espiritual, al que usted se refiere, pero, todos son de la misma sustancia, o de la misma esencia, es el grado de la amplitud del silencio, el grado de identificación del Alma con estos grados de silencio lo que matiza la plenitud del silencio.

Si, naturalmente, empleamos la atención, dense cuenta de que es muy práctico, eligiendo palabras convenientes, palabras oportunas, palabras con sentido, palabras no hirientes.

Esta atención gobierna el silencio de las palabras. ¿Se dan cuenta?

Si nuestra atención en el transcurso de nuestra vida va dirigida hacia el deseo humano, hacia sus propias emociones, examinándolas, discriminando sobre ellas, tratando de buscar su fuente de procedencia, tratando de reducir su volumen a través de esta atención, está realizando un silencio típicamente emocional o místico.

Y, sobre este silencio místico se ha escrito mucho y, a veces, muy inadecuadamente, porque cuando una persona es muy emotiva o muy emocional, cuando su mente no es una mente muy discernitiva, pero es una persona de muy buena fe, de mucha bondad, y que sea auto-disciplinada en el mundo emocional para producir un resultado, tenemos un santo, un santo del que nos habla la tradición, o un anacoreta, o un fraile en un convento, lo cual, dense cuenta, es una manera muy sutil de no querer afrontar la propia soledad.

¡Cuántos hombres y mujeres de muy buena voluntad han fracasado dentro del silencio espiritual porque lo han hecho emocional!

Un silencio espiritual es compartir la belleza de la Divinidad que has hallado en tu propio corazón.

No es un retiro dentro de una sociedad sufriente.

Es una imagen del miedo impuesto a las almas timoratas que se han cansado de la lucha en las primeras etapas del silencio.

Y, ¡cuántos y cuántos seres humanos, en tantos y tantos conventos y monasterios no han fracasado en su intento espiritual!, y, ¡cuán poca santidad hay en aquellos que se han refugiado en el interior de una cueva como un eremita, como un ermitaño!

Si lo que busca la vida en nosotros es la plenitud de las funciones sociales, es la fruición de compartir los dones del Espíritu Santo, entonces, nosotros, cuando buscamos el silencio realmente espiritual comprendemos estas cosas y, viendo que la vida social es cada vez más apremiante en nuestro corazón, nos decidimos por descubrir el último gran secreto, o el último gran misterio.

Entonces nos introducimos en la cámara secreta del corazón, que es donde se halla el silencio realmente espiritual y, a fuerza de silencios espirituales, venciendo la resistencia del tiempo, hacemos surgir a Hércules triunfante dentro del propio corazón.

¿qué hay más allá del corazón?

Solamente sabemos que el corazón por motivos de semejanza está reflejando el Amor de Dios, que como todos sabemos, si esotéricamente hemos leído tratados esotéricos, pertenece a la línea del amor, siendo la evolución de su propia existencia logoica la expansión del amor a través de Su corazón palpitante, y que todo cuanto signifique Universo, con sus planos y sus dimensiones, sus reinos, razas y especies, no son sino prolongaciones de los latidos de este corazón de amor.

Y es, por tanto, que el corazón, tal como es prescrito en Agni-yoga, tiene tanta importancia para el discípulo mundial en estos drásticos momentos de cambio de eras.

Interlocutora. — Usted ha hablado que cuando se observa el significado de la palabra, o lo que quiere decir es que se controla la parte emocional, ¿no?

Vicente. — Sí, bueno, trataremos de aclararlo en lo posible.

Cuando la persona está simplemente atenta, no significa que va a estar atenta en una sola dirección, porque la persona tiene un cuerpo físico, tiene un cuerpo emocional y tiene un cuerpo mental, y lo que busca es la integración dentro del silencio que corresponda a cada vehículo, es decir, una octava superior para cada vehículo.

Entonces, cuando hablaba de las palabras estaba refiriéndome exactamente a que la persona debe cuidar sus palabras con gran atención, y hay un motivo muy psicológico en ello y, según se nos dice, yo creo que viene avalado por la gran experiencia crística cuando dice, hablando muy simbólicamente: “El día del Juicio os serán tenidas en cuenta, incluso, vuestras inútiles palabras”.

Se necesita un gran ejercicio del silencio de palabras, además, desde un ángulo de vista muy psicológico y desde el ángulo de vista de la economía de fuerzas, que es un principio de este Universo, cuanto menos hablemos más energía tendrá nuestro ser para expresar el silencio, es lo que no hacemos, ¿verdad?, porque hablamos más de la cuenta.

Y, el iniciado –porque es iniciado– solamente habla cuando debe y no cuando puede, que es lo que hacemos nosotros.

Hablamos cuando podemos, no cuando debemos y, por lo tanto, no somos oportunos, que, como decíamos ayer,

la oportunidad es la sabiduría que nace de la humildad del corazón

Es decir, si estamos atentos a lo que vamos a decir no imponemos un control, estamos atentos simplemente.

No decimos, “ahora voy a hacer esto”. No.

Estamos simplemente observando lo que vamos a decir, lo cual es un sistema yóguico de la más elevada trascendencia porque estamos atentos a algo que está muy directamente vinculado con el cuadro de relaciones sociales que podamos establecer en cualquier momento del tiempo.

Si estamos muy atentos en este aspecto, lograremos, primero, una gran ecuanimidad, una gran serenidad, y no nos equivocaremos tan fácilmente como lo hacemos, porque cuando hay tantas ganas de hablar –que es lo que hay tras este movimiento irreflexivo de hablar– es el yo que trata de expresarse, que trata de glorificarse a través de las palabras.

Entonces, si hablamos poco, si hablamos bien, si hablamos con conocimiento de causa, si hablamos sin afán de herir, estamos haciendo una obra realmente espiritual, estamos introduciéndonos, solamente por el poder sobre la palabra, del aspecto iniciático de la 1ª Iniciación.

Es fácil, ¿verdad?

Y, además, como las palabras no suelen ser solamente palabras, sino que una palabra suscita un deseo y un deseo suscita un pensamiento, dense cuenta de que por las palabras gobernamos el mundo emocional y gobernamos el propio pensamiento.

Así que, cada persona, cada aspirante, puede trabajar dentro de la majestuosidad del silencio, según su propia condición, según su propio estado.

Agni-yoga está en todos los estados del ser, siempre cuando el ser viva de acuerdo con esta ley, no con este imperativo, con este esfuerzo, con esta atención hacia todas las cosas.

Llegará el momento en que esa atención, que no es impuesta, será de tan elevada naturaleza que, como el pensamiento que se ha fundido en el mar del espacio, el propio pensamiento de Dios -que no tiene forma porque carecemos de medida para medir la forma del Creador- en forma de silencio, penetrará en nuestra mente, en nuestros deseos y, aun en nuestros sentidos.

Interlocutor. — Vamos a ver, si yo le he entendido bien. Lo que se saca en consecuencia es algo que parece a primera vista una paradoja… hasta el Antakarana, y en cierto modo para ser aspirante, y no olvidarse hasta de que se es aspirante, callarse, seguir adelante y a ver qué pasa [Ahí está]. Liberarse de conocimientos, en conversaciones de salón, callarse y a ver dónde llegamos.

Vicente. — Exacto, exacto. Además, hay otra cosa.

Dense cuenta del proceso, el hombre está constantemente deseando cosas, primero desea una cosa pequeña, la consigue, no se libera, progresa en el mundo del deseo.

Otra cosa superior, la consigue, no está contenta, ¿verdad?, y otra cosa.

Y, cuando ha llegado a una acumulación de cosas tan interesantes que llega a la propia idea de Dios,… ¿qué es lo que separa al hombre de Dios?

El deseo de Dios, ¿verdad?, la idea de Dios.

Entonces, no puede haber liberación cuando existe una idea preconcebida de Dios.

Naturalmente, si vamos pensando, “sí, sí, es que soy un aspirante, claro, como soy aspirante”, y miras a los demás…así (por encima del hombro, risas).

Ya es un motivo de orgullo espiritual.

No digo que no existan fundamentos y cualidades para poder hacer esta distinción en un mundo agonizante, que vemos por doquier lo que está pasando, y en manera alguna nos sentimos identificados con nada de lo que pasa de este tipo, pero, sí darnos cuenta de que el silencio es tan sutil que ahora ya mismo tendría que callarme.

¿Es verdad o no es verdad?

Pero, claro, si hay otra pegunta, pues hay que contestar…(risas)

Interlocutora. — ¿Este Antakarana que llevamos, lo tenemos ya formado o está en proceso de formación?

Vicente. — Yo creo que todos cuantos estamos aquí habremos creado algunos tramos dentro de este Antakarana.

El miedo, el miedo personal, subsiste en cada uno de los tramos del Antakarana porque cada paso que da el discípulo viene registrado por un gran momento de soledad interior.

Lo que pasa es que la persona no atraviesa ese estado, vuelve atrás y da una vuelta y vuelve a seguir con el Antakarana, como una curva, lo cual significa que ha querido engañar a Dios.

Pero, a Dios no se le engaña, naturalmente.

Entonces, sea cual sea nuestro estado, lo que se precisa es soltar las amarras y no confiar tanto en el Antakarana, porque el Antakarana nos conduce a un punto, a una meta, a un objetivo, ¡el que sea!

Pero, más allá de esto está la vida de Dios; quizá Dios también tenga Su propio Antakarana, pero, nosotros deberemos prescindir de este Antakarana si queremos progresar, que es lo que decía el amigo. (Comentario inaudible).

Estoy hablando –como decía- a un grupo de aspirantes que tienen formados ciertos tramos de Antakarana, la sutilidad del caso es que, en cualquier momento del tiempo y del espacio podemos liberarnos del apego al Antakarana, si es que existe apego.

De no ser así, continuaremos proyectándonos, con o sin Antakarana, dentro de la inmensidad de la vida de Dios, lo cual significa que habremos rebasado las etapas del aspirante espiritual de pasado y que estaremos en un plan de discípulos en el Corazón del Maestro, aunque no tengamos conciencia, tal y como debería ser, y que somos discípulos de un Maestro.

Y todos sabemos que los pobres Maestros tienen que refugiarse en los Himalayas, en el Tíbet, o en Shamballa, para no escuchar las plegarias de sus discípulos, o, ¡cuánto los discípulos están pidiendo en estos días de gran tensión!, porque tienen que trabajar en el silencio, ¿verdad?

Ellos nos muestran el camino, el silencio imperante en Shamballa, el silencio imperante en la Jerarquía, y el silencio imperante en cada uno de los ashramas de la Jerarquía, son parte de este gran conjunto de silencio que envuelve la vida de Dios.

Y todos deberemos ser, de una u otra manera, testigos de esta luz, de esta irradiación que lleva como consecuencia liberación.

La liberación de nuestro hogar, la liberación de las costumbres, la liberación de la tradición, la liberación de la propia liberación, ¿se dan cuenta?… (Comentario inaudible)…o de la idea de la liberación.

Interlocutor. — Yo quería decir antes… llegamos al punto de que todos los caminos conducen a Roma, porque si el silencio es Dios, eso es fuego, no sólo es silencio, sino también la palabra, la palabra también es Dios, el Verbo se hizo carne. Entonces, no solamente con el silencio se puede conseguir el llegar a la Divinidad, es la palabra también otro de los medios.

Vicente. — Sí, cuando la palabra surge del silencio.

Es que dense cuenta de una situación: “El Verbo se hizo carne”,

¿usted sabe lo que es el Verbo?,

¿puede describir el Verbo, por favor? [¿Describirlo?]

¿Describirlo, como yo se lo voy a describir a usted el Verbo?,

¿usted puede describir el Verbo?, usted habla del Verbo, ¿verdad?, que es San Juan, diga usted lo que es el Verbo y… no es que yo debo saber cómo usted piensa, para contestarle.

Interlocutor. — Para mí…desde el punto de vista… al Verbo, es el don supremo que tiene el ser para expresarse y para llegar a los demás, esta forma de expresión de la Divinidad al llegar a sus congéneres y a otros planos. Entonces, para mí eso es el Verbo, no es simplemente el hecho de pronunciar unos sonidos, el Verbo, para mí, es la forma de expresión, de expresar la armonía y vivir en ella.

Vicente. — Usted tiene toda la razón. Lo que estoy diciendo, que la palabra es el don más grande que tiene el ser humano.

Es como el dinero, dense cuenta, si el dinero tiene una función, o tiene una doble función, el Verbo también tiene —en el hombre, ¿eh?, no en Dios— una doble función: o bien se pronuncia la palabra correcta o incorrectamente, como el dinero, que se gasta correcta o incorrectamente.

Entonces, en la palabra, para llegar al Verbo, el Verbo de Dios, al AUM, o al “Hágase la Luz” del Creador, la persona debe estar tan místicamente uncida dentro del silencio, que las palabras que surgen del corazón no puedan herir la sensibilidad de sus hermanos.

Es decir, solamente cuando el hombre es capaz de pronunciar las palabras sin herir, es cuando puede hablar en presencia del Maestro, de Luz en el Sendero.

Usted tiene razón, pero, yo añado algo, y es que la palabra, siendo el don más grande que tiene el ser humano –si no yo no podría comunicarme con ustedes- es, sin embargo, el arma más terrible que existe en manos de los hombres y que, por lo tanto, no se trata de si la palabra es útil o inútil, sino si refleja la vida de Dios o el egoísmo del hombre. Lo demás, de acuerdo en todo.

Interlocutora. — Voy a preguntarle si se está haciendo Agni-yoga, porque usted habla del pensamiento, pero, para escribir hay que pensar. Entonces, yo me he dado cuenta de una cosa, cuando estoy explicando algo, cuando estoy escribiendo, absorbida en mí misma, no tengo idea de tiempo ni de nada, y cuando después vuelvo a mi ser, ha trascurrido tanto tiempo, o sea, yo aunque esté pensando, estoy atenta a Agni-yoga, estoy en ese estado de Agni-yoga.

Vicente. — Si usted, cuando está escribiendo, pierde la sensación del tiempo, solamente puede haber dos motivos, [pero, muchas veces] porque usted está ausente de usted misma, o que está en la plenitud de sí misma.

Aparentemente, es un mismo ejercicio, porque habríamos de hablar ahora de lo que es la intuición, lo que es la iluminación, porque la persona que se pone a escribir puede perder la noción del tiempo, porque –no lo digo de usted, naturalmente- su mente no coordine y, entonces, sea movida por impulsos inconscientes, tal como pasa con muchos médium, y que permite decir esta verdad y que perdone si hay algún médium que está aquí, donde existe una conexión con el subconsciente, que sin darte cuenta pierdes la noción del tiempo, pero, te da plenitud.

Yo estoy hablando de la plenitud del Agni-yoga, no de la plenitud de un movimiento inconsciente, que también puede llegar a su plenitud. [No, no, si es que…]

No vamos a discutir su estado, yo hablo con un grupo de personas sobre un punto muy interesante, que es que la persona se dé cuenta de si realmente lo que está haciendo está guiado por el Espíritu Santo, o está guiado por su subconsciente.

Y esto queda para usted, y en todos los casos existe un olvido, existe una aparente pérdida de sensación de tiempo, lo cual no puede significar que exista liberación, porque la liberación es cuando -dense cuenta- la personalidad en sus tres motivos específicos, la mente, la emoción y el cuerpo, el Alma y la Tríada, están unificadas circunstancialmente, cuando aquello está realizado absolutamente, es la liberación.

No podemos distinguir entre Espíritu, Alma y Cuerpo, porque todo es la misma cosa.

Además, ustedes saben que la materia y el espíritu son de la misma substancia y que la materia es el espíritu descendido a su más denso grado de vibración, y que el espíritu es la materia elevada a su más exaltado aspecto vibratorio, y entre todo este circular de energías que van del espíritu a la materia, situamos el alma, que es el factor que coordina – si ustedes me lo permiten- en este Universo de 2º Rayo.

Es la expresión del Signo de Libra en nuestra vida, y en la vida del propio Dios, en el cual existe un momento, otro momento y en el centro el equilibrio, o, hablando en términos de Rayos, cuando hablamos del 4º Rayo, que es el Rayo de la Humanidad, el que, a través del cual vino la Humanidad a la existencia, hablamos de su aspecto místico o esotérico que nos viene revelado por esta frase de “la armonía a través del conflicto”, es decir, que dentro del Signo de Libra correspondiente a nuestro Universo, o dentro de la medida del Signo de Libra en su corazón, tenemos siempre dos factores, cuando un factor está pesando más que el otro, está en desarmonía y existe la lucha por establecer el equilibrio.

El conflicto es evidente, pero cuando Hércules ha equilibrado por completo el corazón, el Signo de Libra en el corazón está completamente equilibrado y, entonces, es cuando se puede producir la iluminación, se puede producir la inspiración.

Entonces, la persona no debe preocuparse, lleva un incentivo superior y puede escribir, puede pensar, o puede hablar, pero aparte de la voluntad siempre egoísta de la personalidad, sino que la personalidad está siendo invadida –si me permiten esta expresión– por la fuerza de la Tríada Espiritual, y existe, entonces, una armonía de funciones y, entonces, ya no es la armonía a través del conflicto, sino simplemente armonía.

Libra descansa en paz dentro del corazón del hombre, y el Signo de Libra es el que debe regular todos los aspectos que llevan el número cuatro en su constitución.

El 4º Reino es la representación del Signo de Libra en lo que corresponde al ser humano, o a la raza humana, o a la humanidad.

El 4º Rayo es la función misma del Logos de la Constelación de Libra, dentro del misterio de los Rayos; y el 4º Plano, el Plano Búdico, que es el plano hacia el cual vamos orientados a través de Agni-yoga, es el centro del equilibrio de los planos a través de la Constelación de Libra.

Y siempre veremos –como vimos antes– la función de Libra, cuando pesa el corazón de los mortales, cuando está en manos de Osiris, el Dios Creador, la omnipotencia del Padre, o aquel que trascendió el karma de todas las épocas.

Hay tanto que decir, ¿verdad?, que nos cansaríamos de hablar, de hablar, y hablaríamos mucho del silencio, pero, el silencio haciéndolo es más elocuente que las palabras, que es lo que vamos a ver ahora.

Interlocutor. — ¿Será por esto que la Blavatsky en el librito de La Voz del Silencio, hablara de ello?

Vicente. — Sí. Blavatsky era una gran iniciada, por lo tanto, todo cuanto decía tenía su absoluta razón de ser.

Interlocutora. — Hablando de este tema del silencio hay algún punto que puede hacer retrasar a la persona, realmente o está dormida o está en el estado de este punto y es que en ese punto yo creo que no se puede experimentar nada porque sería como comprender a Dios, sería limitarlo a la conciencia humana, pero, después cuando la persona se proyecta en la conciencia normal sí que se sabe, exactamente, si ha estado ausente de sí misma o ha estado viviendo esa frecuencia, esa energía vibratoria y se sabe por una cosa sencilla, [Exacto] Entonces, tú hablabas de tus escrituras y de tus miedos, sin embargo, nadie más que tú puedes saber realmente si has estado en la seguridad, bien, pero es que realmente en materia emotiva, en materia pensante, porque lo que has hecho ha sido ser canal de esa energía, no has pensado en ti, has transmutado, has dejado fluir… [Por favor, no dialoguen entre ustedes]

Vicente. — Vamos a analizar este punto, ya para finalizar.

Ante todo, tengo que decirle que el término ausente que ha utilizado no es correcto en el caso que nos ocupa, porque hay que estar muy presente; es decir, que lo que llamamos ausencia es la presencia omnipotente de nosotros mismos, lo demás no tiene mucha importancia.

¡Estamos presentes y solamente estamos presentes cuando hay atención!

Cuando no hay atención es cuando estamos ausentes, y cuando estamos ausentes es cuando se filtran todas las impurezas del ambiente en nuestro corazón.

Si estamos atentos, estamos luchando eficazmente, sin pretenderlo y sin sensación de lucha, contra todo el contenido negativo ambiental, dense cuenta que cuando estamos atentos la mente está serena, el corazón apacible y hay un relax, una relajación completa.

Simplemente esto.

 

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