La Sensibilidad

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La Sensibilidad Barcelona, 13 de septiembre de 1975

Quisiera remarcar lo que siempre he dicho al empezar nuestras conversaciones esotéricas y es, que todo cuanto se diga aquí deben aceptarlo sólo y únicamente como una hipótesis mental, dentro del extenso trabajo mental de la mente.

Aceptando solamente aquello que su razón les asegure que es realmente asequible a ustedes y pueden aceptarlo libremente, o bien, entrar en la suspensión de una duda inteligente y, en el bien entendido caso, de que estamos inmersos dentro de un océano de luz, de vibración y de energía, del cual solamente tenemos pequeñas nociones.

Por tanto, todo cuanto se vaya diciendo, ya que esto es como un preámbulo que se va a terminar, que sea solamente un culto a la verdad y un culto al buen juicio.

El tema que he elegido hoy para discutir con ustedes o para conversar con ustedes es: Sensibilidad.

Sensibilidad, es un término vago que se presta a muchas interpretaciones, por cuanto todo ser humano es sensible y, extremando todavía más la idea, toda la naturaleza es sensible.

Solamente es el grado de sensibilidad a la vida lo que caracteriza al hombre superior del hombre corriente.

Así que todo el aspecto fundamental o estructural, de la idea implícita en el término sensibilidad, es sensibilidad a la vida.

Y me pregunto: ¿Qué es lo que ustedes piensan de sí mismos en el aspecto sensibilidad?, lo cual implica el reconocimiento de que ustedes son sensibles predominantemente en un definido nivel de conciencia.

Una idea que puede extenderse desde el nivel de las meras sensaciones hasta las más elevadas cualidades de integridad y de belleza.

¿Quién puede decir el grado de sensibilidad que tiene cada uno de ustedes?

Solamente ustedes pueden interpretarse a sí mismos, solamente ustedes pueden saber donde está ubicada su sensibilidad y, saber, de una manera real, concreta y definida, si son sensibles a las cosas, si son sensibles a las personas o, si son sensibles a Dios, entendiendo por Dios el aspecto superior de cada uno de ustedes.

Ésta es la pregunta fundamental que debe presidir todo el tiempo que dure esta conversación.

En el buen entendido, que si apreciamos con justicia y claridad el nivel en donde desarrollamos nuestras actividades sensibles, estaremos de hecho autorreconociéndonos y profundamente poniéndonos en contacto con la verdad que en nuestro corazón tiene su morada.

Así que, si la persona deduce que es sensible a las cosas, automáticamente quiere significar que ha educido un aspecto intelectual de la vida y, que toda su programática o informática interior, va dirigido a una acumulación de cosas, a una acumulación de conocimientos, lo cual puede ser contrario al establecimiento de la verdad.

Puede ser también, siempre dentro de este proceso de autorreconocimiento en sensibilidad, que ustedes son sensibles a las personas, lo cual significa que están desarrollando dentro de su corazón aquello que definimos como magnetismo atractivo o, bien, un aspecto más concreto, el aspecto amor, que es el máximo aspecto de sensibilidad a la vida.

Puede ser también, que habiendo trascendido, en parte, el aspecto formal que nos presta el conocimiento de las cosas o que hayamos trascendido los afectos sensibles que crean los apegos y que crean las situaciones conflictivas en el plano emocional, que hayamos dirigido la mente hacia los aspectos superiores de nosotros mismos, lo cual puede significar que estén en contacto con la verdad, hasta allí donde ustedes puedan concebirla y actualizarla; porque concebir y actualizar son términos que deben ser sinónimos, no se puede mover una pieza de un tablero inmenso de la vida sin mover por simpatía todas las demás piezas.

Por lo tanto, si somos sensibles en los niveles superiores, si vemos la vida desde esta atalaya inmensa, este antakarana eterno desde el cual la vida aparece de una manera total y sintética como la obra de la Divinidad y, reconociéndonos y, ubicándonos por este reconocimiento, dentro de un definido estrato social y, desde allí empecemos a trabajar en bien de las mejoras sociales, en bien de los demás, seguramente que habremos cumplido con la misión que tiene el hombre en la existencia en el aspecto de sensibilidad.

Ser sensibles a los hombres inspirados por el espíritu, digamos, de síntesis, o espíritu de Dios en nosotros.

Significa que no podremos descender a las cosas con el mismo espíritu de antaño, sino que deberemos triunfar de las cosas por la infusión de ese espíritu en cada uno de nuestros pensamientos, de nuestras emociones y de nuestros actos.

Esto lleva ahora a considerar los dos aspectos de sensibilidad más conocidos actualmente, que son la sensibilidad a las cosas que crean sensaciones y la sensibilidad hacia el mundo psíquico, hacia el mundo de los poderes supra normales, que son desconocidos para la mayoría pero que constituyen una parte considerable de la humanidad de nuestros días.

Esto lo vemos por doquier, que la problemática humana, o sea, la sensibilidad hacia el arquetipo superior, que es, en definitiva, el que debe crear las situaciones kármicas en nuestra vida, y ya no el apego por las cosas circundantes o el apego por las personas, vemos que la sensibilidad pasa del mundo psíquico automáticamente al mundo mental superior, en donde las cosas aparecen bajo una dimensión completamente distinta a la habitual o, a la que corrientemente utilizamos.

Quiere significar que a la sensibilidad debe llegarse y que debemos programar toda nuestra vida bajo otras direcciones, solamente quiero significar que, a medida, que avancemos por la vida cosechando la experiencia de todos los actos, de todas las emociones y de todos los pensamientos, nos encontraremos un día delante de una puerta inmensa a la cual deberemos llamar para ver qué es lo que hay en el interior.

Llegados a este punto, vemos que muchas de las cosas que hasta aquí hemos considerado interesantes fallan por su base por no constituir una parte integrante de nuestra personalidad superior, habida cuenta de que es la personalidad superior la que tenemos que desarrollar y actualizar en el mundo de relaciones humanas.

Bajo este punto de vista, podemos decir, que todos los intentos de las escuelas esotéricas de todos los tiempos, las escuelas filosóficas, las escuelas de yoga, las escuelas de meditación bajo distintas denominaciones, están empezando a trabajar con energía mental de alta sutilidad, lo cual quiere significar, también, que el mundo en su totalidad está escapando de las redes de las ilusiones del mundo mental, de los espejismos del mundo astral y, del maya de los sentidos; entonces, toda la programática o el programa del Creador para nosotros, los seres humanos, es la de adquirir el suficiente equilibrio en nuestra vida particular para poder reflejar en todos los momentos la gloria de Dios.

Ahí, en este punto, casi podemos decir que hemos llegado en un intento de colocar la sensibilidad del hombre frente a frente ante su propio arquetipo espiritual, entendiendo que lo que estamos realmente haciendo es andar hacia el arquetipo que desde el principio de los tiempos se está agitando gozoso en la Mente de Dios.

Un arquetipo para cada reino de la naturaleza, un arquetipo para cada plano de evolución, un arquetipo para cada raza humana, un arquetipo para cada subraza, un arquetipo para cada ser humano.

De ahí viene que cada persona tiene el deber kármico de reflejar en su vida, en su pensamiento, en sus emociones, en su relación con los demás, ese arquetipo que está intuyendo allá en lo profundo de su corazón.

Yo, a este contacto del hombre con su arquetipo superior lo denomino: sensibilidad.

Lo demás es un andar en pos de la sensibilidad.

Hasta aquí hemos creado conflictos por el apego, o sea, en el campo de los sentidos, en el campo del psiquismo, en el campo fluctuante constantemente de las emociones o, en los niveles intelectuales de la mente.

Al llegar a este punto, la problemática encuentra su vía completa de solución, entonces, empezamos como seres humanos a reflejar en tiempo y espacio la gloria divina.

Hasta aquí hemos llegado en el proceso de invocación constante de sensibilidad, cuando adquirimos la sensibilidad, cuando estamos en contacto con un arquetipo, el arquetipo diseñado para cada cual a través del tiempo, entonces, se produce un hecho insólito en la naturaleza del hombre, que obliga a cambiar fundamental y radicalmente para siempre, entra, como esotéricamente se dice, en la gran corriente de Vida Divina, entonces, todo cuanto ve desde esta elevada atalaya, todo cuanto puede concebir su imaginación y todo cuanto realiza en el mundo de relaciones, es correcto.

Esto nos lleva también a la pregunta que se me hizo la otra vez, sobre el papel que juega el libre albedrío del hombre en la búsqueda de su propia sensibilidad, habida cuenta que llegado el ser humano a cierto punto, cuando está invocando constantemente la gloria de Dios en su vida, está perdiendo la capacidad del libre albedrío.

Esto parece un sacrilegio, porque todos estamos habituados a trabajar, a crear a través del libre albedrío.

Pero, es que el libre albedrío, analizado fundamentalmente desde un punto de vista de verdad intuitiva, aparece como una división dentro de la mente o dentro del corazón que nos hace propicios a elegir una cosa en vez de otra o, un grupo de cosas en vez de otro grupo de cosas, que hace que elijamos nuestros amigos, que elijamos la familia, nuestro trabajo, profesión, etc., etc.,

Lo cual, en el fondo, si lo analizamos desde un punto de vista intuitivo, aparece como una negación de la vida espiritual, que es unidad, porque analizando el asunto más críticamente, sin perder el punto de vista de sensibilidad espiritual, vemos que solamente puede actualizar la verdad la mente de aquel hombre que por haber realizado un arquetipo en su vida, ha perdido la capacidad de libre albedrío, o sea, la capacidad de elegir entre una o más cosas.

Se sobreentiende que el hombre que ha alcanzado la verdad no está sujeto a opción entre la verdad y la mentira, sino que habiendo alcanzado la verdad siempre actuará en verdad, en espíritu y en vida y, por tanto, está su problemática más allá de las lindes del tiempo, más allá de los senderos ilusorios, más allá del maya de los sentidos, de los espejismos astrales y de las ilusiones del mundo mental.

También implica una grave responsabilidad para el hombre que ha entrado en la corriente y no es capaz de mantenerse allí; éste es el conflicto de los místicos, que después de haber desguarnecido su mente porque buscaban esta capacidad en el libre albedrío, se encontraron presos en un dilema porque no estaban preparados todavía para afrontar el secreto de la propia soledad, de la unidad o, síntesis interior, que ha de producir el hombre perfecto.

Entonces, se orienta todo el estímulo de la vida, que está buscando una realidad en todas las cosas, y así debe ser, porque para reconocer a otros como hermanos tiene que haber desaparecido de la mente la sensación de dualidad, la sensación de sujeto y objeto, la sensación de tú y yo o, de mío o de tuyo, para entrar en un proceso de alta selectividad que es el principio de lo que técnicamente llamamos: Iniciación.

La iniciación es una palabra que parece asustar a muchas personas, pero está dentro de un proceso de selectividad de conciencia y está en este proceso de evaporación de las tendencias inferiores y ascendiendo constantemente buscando la réplica divina al desafío humano.

Llegados a este punto, vemos que la iniciación es general, habida cuenta que cada día estamos cambiando constantemente de conciencia, cada día adquirimos un nuevo valor cualitativo y cada día nos acercamos un poco más a la cualidad de unidad o de síntesis.

Así que hay motivos, pese a la aparente disconformidad de lo que nos rodea, a pesar de las luchas, de los conflictos de las naciones, para que sepamos al menos que dentro del corazón podemos encontrar aquella razón de ser que no admite lucha ni conflicto, es la única manera de que socialmente podamos constituir un bloque de verdad que pueda por su magnetismo inspirar verdad a los demás, y hacer que esta verdad compartida se convierta en la síntesis habitual como una especie de catecismo del ciudadano, como se nos daba anteriormente en las escuelas.

Será bonito realmente, cuando en las escuelas del futuro se programen los hechos fundamentales del cristianismo o del budismo o de cualquier religión de síntesis, enseñando los misterios en vez de doctrinas y, una gran parte de los esfuerzos de los educandos serán destinados a la meditación, a encontrarse a sí mismo.

Es decir, vayamos al principio de todo, a la sensibilidad, a educar la sensibilidad a la vida, ya no a la sensibilidad a las cosas, a la sensibilidad a las personas, sino que todo será una sensibilidad hacia adentro, que es una manera —habida cuenta que el hombre es una representación exacta de la divinidad— de que Dios se manifieste a través él de una manera realmente fraternal.

La palabra fraternidad ha perdido calidad al correr de los tiempos, lo mismo pasa con la palabra amor o con la palabra solidaridad, porque han quedado reducidos a simples términos descriptivos, porque han perdido la lozanía, la sutilidad de la verdadera sensibilidad.

Yo creo que todas las personas que asisten a estas conversaciones, por el silencio que se desprende de su aura, por la atención con que están escuchando las cosas de sensibilidad, están creando un ambiente radio-magnético —si me permiten esta expresión— a su alrededor, que es lo que Cristo denominó la Sal de la Tierra.

Cada uno de nosotros puede representar esta sal; igual que la levadura, que con un poquito de levadura se hace montar una gran masa de harina.

Cada uno de nosotros, los que asistimos aquí, cada vez que nos reunimos, cada vez que nos ponemos en contacto, educamos un nuevo tipo de sensibilidad, aparentemente la mente no registra el hecho, pero sí lo registra el corazón, que es la matriz de lo eterno.

Muchas veces se me dice: “Usted dice cosas que yo no comprendo, no acabo de comprender”, yo le pregunto: “¿Usted ha estado atenta?” Si estaba completamente atenta, entonces, yo le respondo: “Usted ha comprendido bien”.

Porque cuando la persona está atenta a un principio de sensibilidad, es porque la sensibilidad está en su corazón y, entonces, registra vía el corazón el conocimiento que no puede captar con la mente, y esto surge en cualquier momento del tiempo como una promesa de nuevas cosas, estas cosas mejores a las cuales nos vamos aproximando.

Y, cuando se educa el ánimo en el silencio, cuando la mente empieza a perder su resalte, sus relieves, sus ornamentos, podríamos decir, todo cuanto la caracteriza como intelectual, encuentra que hay un hilo sutilísimo de luz que va conectando el cerebro con el corazón y, entonces, a la sensibilidad que ya hemos adquirido por derecho propio, por el esfuerzo de las edades, de la experiencia y, del sufrimiento, se une la conciencia.

Cuando la sensibilidad y la conciencia se dan la mano, entonces, surge un nuevo tipo de hombre dentro de la sociedad.

Es la persona que controla la sensibilidad en todos sus niveles, ha aprendido a hacer como los buenos artífices, ha dorado el ornamento de tal manera, lo ha transfigurado tan sublimemente, que la gloria del Verbo se puede revelar a través de esta estructura magnífica

Esta estructura que en lo que respecta al aspecto meramente físico está tratando de revelar belleza, un equilibrio de funciones, una radiación magnética de tipo natural y, puesto que en el mundo de las emociones, a medida que la sensibilidad se va desapegando de las cosas, está adquiriendo carta de naturaleza en el mundo espiritual, entonces vemos que tiende por su propia gravedad hacia la educación del sentimiento inefable de bondad en el aspecto superior de la mente.

Cuando han sido trascendidos los pensamientos y las imágenes y la persona puede comunicarse con los demás con intenciones, telepáticamente, podíamos decir que es un buen síntoma porque esta mente está albergando la verdad.

Teniendo, entonces, que lo que falta solamente en este proceso es añadirle la cualidad de síntesis.

Tenemos un cuerpo físico sensible a… (corte de sonido)… que no esté tratando siempre constantemente a la búsqueda de su propia sensibilidad y, cuando se produce la ruptura de las paredes de un átomo por la efusión de energía superior, se produce el misterio de la redención.

Entonces, el átomo que hasta aquí era una cosa, se convierte en radioactivo por un proceso de transmutación, y el mineral más denso se convierte en radiactividad, y esto parece un poco vago y nebuloso, pero les ruego que continúen ustedes indagando en ese sentido y verán que la sensibilidad correspondiente al reino mineral es la radioactividad, precisamente.

En el mundo vegetal ya es propiamente sensibilidad o, transformación de energía que arranca del proceso de selectividad radioactiva del mundo mineral para llevar el germen al mundo vegetal, el cual adquiere caracteres ya de sensibilidad definida, como puede ser demostrado por la cámara Kirlian, estos grandes científicos de la Unión Soviética.

Es decir, que el proceso de estructuración de los cálices para cada reino de la naturaleza se verifica siguiendo el mismo orden que sigue el ser humano cuando trata de incorporar dentro de sus vehículos físico, emocional o mental, la gloria del arquetipo para el cual fue programado. Y estamos tratando de programar un arquetipo que la mayor parte del tiempo desconocemos, pero, que es una realidad por cuanto nos impulsa a ascender constantemente, con dolor en el corazón a veces y, dejando jirones de la personalidad en cada recodo del camino, vamos acercándonos a esta Divinidad.

Entonces, queda hasta cierto punto claro que cada ser humano, lo mismo que cada reino de la naturaleza o que cada planeta dentro del universo, está siguiendo un proceso de sensibilidad tratando de revelar un secreto determinado y persiguiendo un arquetipo definido, que es precisamente el arquetipo manifestado a través de sus estructurados y bien definidos cálices, teniendo en cuenta que cada uno de nosotros es el cáliz que tiene que albergar el Verbo.

Yo creo que, más o menos, el aspecto sensibilidad, tal como aparece ante mi visión, ha sido hasta cierto punto comprendido, y no quisiera atraer más la atención sobre este punto porque estoy seguro de que ustedes con sus preguntas ahora, me permitirán ahondar algo más sobre la sensibilidad.

Quisiera que fuesen ustedes ahora los que preguntasen algo sobre esto que acabamos de decir o, si alguna idea se les ha sugerido a través de esta conversación o de este argumento.

 

Pregunta. — En referencia a la sensibilidad. Esta sensibilidad que se siente a cierto nivel, hay un proceso que uno quisiera llegar a descubrir dentro, a recibir y, entonces, me pregunto: ¿puedo yo por asalto, como a veces se dice, o es un momento astrológico. o de qué depende, porque uno se esfuerza en esta sensibilidad para descubrir el secreto o el recuerdo?

Vicente. — Yo diría que depende del esfuerzo, porque usted sabe que esotéricamente y astrológicamente se dice que los astros inclinan hacia determinadas situaciones conflictivas o no conflictivas, pero, que en definitiva es el hombre el que determina su actuación.

También tenemos, y esto lo hemos definido algunas veces, como Pablo de Tarso había dicho ya, que el Reino de los Cielos puede ser arrebatado por la violencia, lo cual significa que dos personas de la misma calidad espiritual en un momento dado, avanzarán más o menos, individualmente, dependiendo del propósito fuerte, estructurado, profundo, que hayan logrado adquirir; naturalmente, que el propósito de ser y de realizar es el que crea las grandes avenidas hacia los arquetipos superiores.

Así que no podemos hablar del aspirante espiritual, del discípulo en probación o el discípulo aceptado o el iniciado o el Maestro de Compasión y Sabiduría o hablar de Cristo, el Maestro de Ángeles y de hombres, sin ver el tremendo esfuerzo que la naturaleza ha producido dentro de estos seres para poder llegar a esta estatura espiritual.

Vemos personas que caen en la indiferencia en todas las cosas, que hay que sacudirlas para que comprendan el valor de un argumento o el dolor conflictivo de una situación social, entonces, ¿qué es lo que debe hacer la persona que comprende?: tratar de sacudir.

Naturalmente, no vamos a hacer sufrir físicamente a una persona, pero sí podemos ser radioactivos y, entonces, con el esfuerzo que estemos constantemente desarrollando en pro del arquetipo, estamos creando las condiciones propicias para que se desarrolle y progrese el arquetipo dormido en aquellas personas que intentamos sacudir, esto se define técnicamente también como el cumplimiento de una función social.

Yo me pregunto, hasta qué punto nos damos cuenta de cuál es nuestra función social, aquella función que podemos desarrollar de inmediato partiendo del presente y empezando ya, porque estamos dentro de un proceso conflictivo dentro de la humanidad, con unas situaciones sociales que no están de acuerdo con la era técnica que estamos viviendo, que el tremendo avance científico de los últimos tiempos no está a la altura del valor moral o que el valor moral no está a la altura de la sensibilidad exquisita de la ciencia; entonces, tienen que surgir, lógicamente, por parte de la naturaleza, que es sabia en todas sus cosas, nuevas expresiones sensibles para que la gente que está dormitando se dé cuenta de que existe algo más que lo inmediato.

Aquí vemos el caso de la parapsicología, el caso de los poderes psíquicos, el caso de aquello que está más allá de la ilusión de los sentidos, pero que quizá yace dentro de las emociones del mundo emocional, pero, al menos se da cuenta de que existen fuerzas en la naturaleza que nos dan noción de otras dimensiones, que es lo que hemos discutido muchas veces, la eterna pregunta que debemos formularnos de ¿qué es lo que hay entre ustedes y yo, o entre ustedes y ustedes?.

¿Qué es lo que llena este vacío inmenso que va de un hombre a otro hombre, o del hombre a Dios, o de un planeta a otro planeta dentro del Cosmos absoluto?

Esto es lo que hay que preguntarse: ¿Qué es lo que hay allí?

Naturalmente, como que la humanidad se está preguntando constantemente estas cosas y, el hombre está siguiendo fielmente el dictado esotérico de:

Llamad y se os abrirá, pedid y se os dará

entonces, tiene que haber una réplica por parte de Dios, digamos así y, entonces, vienen hombres con poderes para que la gente se dé cuenta de que existen otras fuerzas en la naturaleza que las simples formas de vida que conocemos habitualmente.

¿Es que quiere significar esto que debemos apegarnos a las nuevas formas o dimensiones o energías que están surgiendo?

Yo digo que esto es el sacudir divino a los hombres que están todavía en somnolencia.

Me acuerdo que Ramakrishna había dicho en cierta ocasión, cuando un discípulo estaba alabando a otro ser de su ashrama, que estaba admirado porque había visto que un peregrino andaba por las aguas del Ganges, porque no tenía dinero para pagar la barca que valía dos o tres rupias, y no tenía dinero, entonces, el hombre estaba desesperado, pero se pone en oración y se siente revestido del poder y va a afirmarse por encima de las aguas y llega a la otra orilla antes aún que la barca que conducía a los viandantes y, cuando Ramakrishna le pregunta: ¿qué es lo que más te admiró de todos tus viajes, de todas tus experiencias?, y es que “he visto un hombre andando por encima de las aguas, no le habían dado lugar en la barca, entonces, él había andado gracias a la gloria divina” y, entonces, Ramakrishna le preguntó cuánto valía el pasaje de la barca, dice: “Dos rupias Maestro mío”. “Pues entonces este milagro vale exactamente dos rupias”.

 

 

¿Se dan cuenta que los Maestros no dan importancia a los poderes, sino que dan importancia a lo esencial? Además, ¿qué es lo que había dicho Cristo? “Vosotros haréis cosas más grandes que las que yo he realizado” y, Él, había andado por encima de las aguas, según se nos dice, había curado los leprosos, había curado ciegos, había repartido con sólo dos panes y dos peces a toda la multitud, pero esto son cosas que el yoghi entrenado lo puede realizar hoy día, por esto dijo Cristo: “¿Poderes? Vosotros tendréis más poderes que yo”, porque Él está en el Monte Tabor de la Revelación y, por lo tanto, esas cosas para Él son… porque nosotros vemos jugar a los chiquillos, pero, me refiero a esto, en el sentido de que es necesario que cíclicamente la humanidad se sienta sacudida y, si no se sacude por las buenas, vienen los elementos geológicos que crean los terremotos, que crean los volcanes, que crean todas esas cosas, que en un momento están asolando la faz de la Tierra, o si extremamos esto, puede ocurrir una bomba atómica, que entra quizás en los planes del arquetipo de la naturaleza. ¿Qué sabemos nosotros? Pero, desde un punto de vista de sensibilidad es horrible, profundamente horrible, porque demuestra todavía violencia en el corazón del hombre.

Pregunta. — ¿Cuál es el significado de arrebatar el Reino por la violencia? El cristianismo al no predicar, eso que esotéricamente se llama la reencarnación y el karma, todos sabemos que dio un gran énfasis a hacer las cosas, o el máximo posible de cosas en esta sola vida, en el hecho de que no hay más que una vida, hay prisa, démonos prisa,… a aspirar a la santidad. Yo me pregunto, como que todo en este mundo tiene la cara y la cruz, ¿no habrá producido el cristianismo con dar énfasis a esa prisa por conquistar el Reino del Cielo con los dientes y las uñas mucha gente distorsionada, muchas personalidades grotescas, porque les ha inducido… a crecer, cuando todavía no estaban preparados obviamente para crecer? Yo confieso que mi método particular, personal, personalísimo, de ir creciendo espiritualmente es, pasito a paso, yo me considero que no soy lo suficientemente héroe para quemar etapas, no me siento capaz de quemar etapas, y a esta naturaleza inferior que se me revela cuando quiero hacer un esfuerzo demasiado prolongado o demasiado fuerte, señores les confieso con toda franqueza y tristeza, que le doy un caramelito para apaciguarla, y luego… otra experiencia Por lo tanto, yo pregunto: ¿no es posible que con toda la buena fe se obligue, se fuerce el crecimiento de personas que no están lo suficientemente evolucionadas, en las clausuras, en los monasterios, en los monacatos, etc., etc.?, ¿no se creen gentes como sometidas en un lecho, que para obligarlas a crecer, el uno estira las piernas y el otro le estira la cabeza con una cadena a ver si pierde un sentimiento más?

Vicente. — Bueno, eso depende mucho de la situación espiritual de la persona, porque también en los Evangelios, en la Biblia, tenemos el ejemplo de la escalera de Jacob, parece ser que la escalera de Jacob va desde lo más ignoto del mundo mineral hasta los mundos celestiales y, dice, por él suben y bajan los ángeles.

Pero, en definitiva ¿qué es el hombre sino un ángel en esencia?

En su pura esencia es un ángel, por lo tanto, cada cual se define por el lugar exacto que ocupa dentro de esa escalera inmortal de la vida.

No puede pasar de un nivel determinado, pero, lo que sí que puede hacer es esforzarse en aquel nivel, lo cual no hacemos, porque tenemos un círculo infranqueable que nos separa de un nivel al cual no podemos acceder, porque nos falta la fuerza y nos falta la estabilidad y nos falta equilibrio.

Por lo tanto, las palabras de Pablo, el Apóstol, pueden ser significativas para la persona que, en cierta manera y hasta cierto punto, esté cercano ya a las fronteras de este círculo infranqueable de su propia conciencia y, cuando pasa este círculo es que ha entrado realmente en la corriente, entonces, ya no puede paralizarse.

El esfuerzo siempre se realiza en los primeros peldaños donde la materia es más densa y donde el ánimo está más embargado por la influencia de las cosas, de las personas y, aún, de la idea de sí mismo No hay peligro, solamente el peligro a mi entender existe, cuando habiendo alcanzado ciertas etapas dentro de la sensibilidad de sí mismo, aspira a algo que no le corresponde, entonces sí que hay peligro, es como la persona que quiere educar ciertos aspectos, digamos, psíquicos en sí mismo, sin tener una mente ampliamente cualificada, ampliamente dinámica, revulsiva en el sentido espiritual, que pueda provocar una verdadera catarsis dentro de sí mismo, pues, entonces, toda aquella energía va contra él, porque le faltan fuerzas, argumentos o armas, para luchar contra aquella avalancha de fuerza.

Un caso del aprendiz de brujo, que ha sido relatado místicamente como ejemplo, que quiere monopolizar los poderes del Maestro sin ser todavía un discípulo, entonces, el poder ígneo, la fuerza, el Fohat del Maestro, puede realmente destruirle.

 Naturalmente, no hablaba Pablo, el Apóstol, para ese tipo de personas, hablaba para un tipo de personas que, como él y, como otros muchos místicos, veían la meta y eran conscientes al mismo tiempo de sus propias limitaciones.

Cuando la persona ve la meta definida firme allá en lontananza, puede orientar sus actitudes hacia allí, puede esforzarse, pero, si no tenemos ninguna meta ante nosotros ¿por dónde vamos avanzar como ciegos, a tientas y, cayendo a cada paso?

Entonces, yo creo, que la regla para situarse en el sendero, para situarse en el camino de la propia sensibilidad, es estar muy atentos al fluir de la vida y de los acontecimientos, porque si estamos atentos fuera de nosotros, si dejamos de pensar en demasía en la propia estructura personal que nos condiciona, es posible que nos situemos en la sensibilidad y veamos la meta, aunque sea lejana, porque, entonces, en aquella noche oscura, viendo una luz allá a lo lejos, sabemos que podemos marchar, porque allá está el hogar del Padre, allá está el arquetipo que nos está atrayendo, allí está la fuerza y allí está la síntesis de nuestra vida.

Pregunta. — ¿Cuando un hombre desarrolla la radioactividad es cuando el átomo físico permanente vibra para ponerse en contacto con el éter espiritual?

Vicente. — Sí, cuando físicamente la persona se ha vuelto radioactiva, es magnética, tiene un carisma que no es simplemente físico, sino que el físico permite que la vida de Dios se manifieste a través de cada uno de los átomos de su ser, pero esto viene porque el átomo permanente físico, que alberga la sabiduría, la experiencia física no sólo de sí mismo sino de la raza como un todo, con todas las experiencias raciales de todos los tiempos, al ponerse en vibración, al hacerse radioactivo, al hacerse sagrado, comunica a toda la estructura física aquella esencia de inmortalidad y, entonces, parece incluso que la persona irradia de sí mismo como proyección de la Divinidad y, se pone en incandescencia, está moviendo a los demás, a los que están a su inmediato alrededor, de aquellos que de una u otra manera se ponen en contacto con su aura magnética.

Pero, esto no sólo en el mundo físico, porque tenemos el átomo permanente emocional, tenemos el átomo permanente mental, el búdico, el átmico y el monádico; por lo tanto, la sensibilidad física viene porque ha habido previamente una sensibilidad emocional y no se puede ser sensible en lo emocional si el átomo permanente del mundo mental no se ha hecho expansivo, radioactivo y, sagrado, que es lo que ocurre a escala macro cósmica cuando un planeta se vuelve sagrado, ¿por qué?, porque desde la misma manera que el hombre tiene siete centros o chacras, en el interior del cuerpo bioplásmico o del cuerpo etérico, en el Universo sucede lo mismo, que nosotros estamos evolucionando porque aquel Ser en el cual vivimos, nos movemos y tenemos el ser, está sujeto también a un proceso de karma y, por lo tanto, de evolución o, de encarnación; y que un planeta muere como muere un individuo cuando ha terminado su ciclo de vida kármica, entonces, esto lo podemos llevar, según el principio de analogía hermética, al Cosmos absoluto, porque todo cuanto sucede en el corazón del hombre sucede en el corazón de la Divinidad y, viceversa.

Todo cuanto sucede en la Divinidad se manifiesta en el hombre, porque el hombre está sujeto a crisis y dificultades, parecerá una herejía, porque Dios está luchando también en su propio nivel, porque desde el momento en que un ser necesita un universo o, un cuerpo para manifestarse, es que todavía no ha realizado el arquetipo de perfección señalado allá en las alturas inconmensurables de lo cósmico.

Hay que ver en todo la analogía, por lo tanto, hablamos de reencarnación, hablamos de karma, como un ajuste estrictamente del mundo individual, sin saber que el karma, la reencarnación, el arquetipo, síntesis y todo cuanto puedan ustedes añadir correspondiente al ser humano, se realiza en no importa qué nivel de la naturaleza, en no importa qué reino o dimensión del espacio, en no importa qué ignorado rincón del Cosmos; es lo mismo, está reproduciéndose incesantemente este fluir y, después este abrir y cerrar los ojos, la entidad cósmica que llamamos Dios.

Por lo tanto, todo es lo mismo, varía solamente la capacidad, la medida, la sutilidad, la sensibilidad, pero, en esencia, el hombre tiene la misión de crear y, cuando el hombre esté integrado en todas sus funciones, sabrá lo que es crear y creará por el poder divino porque no hará la resistencia a toda la programática divina, entonces, habrá, no seres humanos, habrá en manifestación, si usted me lo permiten, ángeles y arquetipos, dándose las manos y restableciendo en la Tierra el reinado de la justicia, que nos viene legado seguramente del principio de los tiempos.

Interlocutor. — ¿En realidad el ser el Alma eterna comporta en sí el aspecto reencarnación o no hay necesidad de este aspecto, solamente eternidad?

Vicente. — No, es que el Alma… suponiendo nosotros que siendo una chispa divina, siendo una emanación de la propia Divinidad, parece un contrasentido que como almas estemos sujetos al yugo del Karma o al movimiento de lo que se llama Reencarnación, entonces esto produce una cierta confusión, porque si tenemos la misión de reflejar un arquetipo y la mínima fracción de tiempo que nos brinda una sola vida humana es imposible realizar este arquetipo, esta perfección innata como almas.

Entonces, tenemos que alargar este proceso en el tiempo para que las cualidades vayan registrándose a través de los vehículos que utilizamos y adquiramos grados de sensibilidad cada vez más profunda y sutil.

Esto es lo más correcto; pero, el hecho de que se programe al individuo para una sola vida también puede significar que haya sido una tergiversación de las escrituras o una traducción inexacta de que los primeros que iniciaron los libros sagrados habían puesto como normas de vida y como metas de evolución, porque también se nos dice que el Universo se creó en siete días, o el mundo, pero en el momento que decimos que cada día, singularmente un día de Brahma que equivale a millones de años, entonces sí que es posible que asignemos a cada día un estado de evolución, o un Manvántara o un Pralaya dentro del cual suceden muchos Yugas, o muchas edades del tiempo. Entonces, sí, técnicamente hay una razón, pero como pasa con todas las cosas de la vida, no se puede hablar al hombre como se habla al niño, porque también, refiriéndome a San Pablo, al hombre se alimenta con carne y al niño se le da leche solamente porque no puede admitir más que aquello.

Entonces, quizá, en el principio de los tiempos hubo una pequeña tergiversación para evitar dar demasiados misterios al ser humano que todavía no era capaz de contenerlos.

Esto pasa en el mundo esotérico que las verdades se comunican de la boca del Maestro al oído del discípulo, y se le dice “no tienes que decir nada porque esto pertenece solamente a ti porque estás en este punto de la Escalera de Jacob, y no puedes pasar de aquí y no puedes comunicarlo a otro porque le haría más daño que bien”.

Yo creo que puede ser motivado en parte el que se asigne a la existencia del hombre a un solo estadio de vida terrestre que puede ser muy limitado, pues aunque sea cien años, y ya es un plazo muy largo, el hombre no tiene tiempo de darse cuenta, luego está sumergido dentro de un mundo de ilusiones, dentro de un mundo de sensaciones y dentro de un mundo de espejismos e ilusiones mentales, ¿y cómo puede en una sola vida quitarse de encima todo aquel peso?

Solamente los ángeles pueden volar, en el hombre en este caso es un hombre, un compendio de espíritu, de un cuerpo físico atado a la materia más un Alma que es la que debe llevar adelante el proceso de la vida, que es el karma de reencarnación y de todas las cosas que sabemos, sea por la Biblia, por el Bhagavad Gita o por el esoterismo, lo sabemos esto constantemente.

Pro, digo, que hay un lenguaje para los niños y hay un lenguaje para los hombres, entonces, ahí está la dificultad.

Cuando el hombre analiza lo que se dice a los niños, dice “es un error”, pero es que el niño no está capacitado para saber lo que se dice a los hombres.

Es una cosa natural. Por lo tanto, suspendo el juicio en este particular y siempre digo: puede haber una tergiversación de los primitivos significados, porque todos los que estamos aquí estamos seguros de que para realizar un arquetipo no basta una sola vida, por larga que esta vida sea, porque si hay una igualdad de principios, si todos tal como técnicamente se dice nacemos desnudos, es lógico que en un principio de los tiempos todos seremos iguales,

¿y por qué hay estas diferencias ahora?, porque unos se han esforzado más seguramente que otros.

A eso se llama oleadas de vida divina que se van manifestando a través de las razas de los tiempos y de las civilizaciones, pero, en definitiva, nos están hablando de un poder que se está desarrollando constantemente en el hombre, y que penetra en dimensiones del espacio que ya no son las del cuerpo meramente físico; entonces ha venido la ciencia parapsicológica, ha venido la ciencia de la sensibilidad psíquica, han venido las reglas ocultas iniciáticas y el esoterismo que nos hablan de verdades más allá de lo que se dice a los niños, y entonces habrá que decir: “soy niño”, “soy hombre” y qué es lo que voy a decidir, o utilizando la metáfora del principio, puedo admitir la verdad más allá del libre albedrío que puede inducirme a error.

Ahí está, somos capaces de decidir correctamente, esta corrección de vida o esta libre y correcta elección es la que debe definirnos como seres realmente integrados.

Interlocutor. — Hablando de la resurrección de la carne, por un lado niega la reencarnación y por otro tiene una frase que es completamente horrorosa…

Vicente. — Bueno, pero es que ahora no estamos discutiendo lo que dice una religión determinada, pero yo digo que la reencarnación de la carne no es más que la reencarnación del espíritu porque todavía parece ser que se trafica con masa y no se trafica con valores humanos, por lo tanto, será resurrección del espíritu.

¿De dónde resurrecciona el espíritu? Del interior de la materia que condiciona su vida.

Ahí sí, que al traducir, para unos será resurrección de la carne porque están en ese nivel; pero, para otros será resurrección de la vida o del espíritu, y para estos está la Gloria del Cielo. Solamente es esto.

Es un cambio de actividad, un cambio de nivel, una situación mental, quizá los albores de la fe nos lleve a situaciones conflictivas en ese mundo, pero evidentemente, lo que estamos traficando actualmente son valores sociales, valores humanos, y siempre he dicho, y repetiré siempre, que lo que define al santo del hombre ignorante, o del hombre común o corriente, es la capacidad de sacrificio en bien de los demás.

Entonces aquí se define ya el camino que conduce directamente al corazón de la Divinidad, empezando por un proceso selectivo de valores interiores y terminando con el proceso de redención de todo su contenido físico, emocional y mental, porque todos tenemos este deber de redimirnos sin intermediarios, porque si Dios está en nosotros, en nosotros está el germen de todos los misterios y de todos los sacramentos, y de todas las liturgias, siendo la liturgia el acto cotidiano de la relación y el amor a los demás, dándonos cuenta que somos sacerdotes en todo momento.

No hay que estar ordenados sacerdotes para practicar el amor de Dios, hay que sentirlo simplemente.

El que nos ordene un obispo no nos da santidad, solamente la vida activa a favor de los demás, una conciencia social y un espíritu de síntesis puede darnos esta oportunidad de ser sacerdotes, de ser hermanos de los demás, cumpliendo los sacrificios y desarrollando los misterios y proclamando los sacramentos.

Interlocutor. — A veces se llega a un nivel de sensibilidad en el que…

Vicente. — Decir que cuando hemos sido sensibles viene un momento en el cual parece ser que dejamos de serlo, yo diría que es una buena cosa, y lo explicaré, porque entre la sensibilidad a una cosa y la sensibilidad a otra cosa superior hay lo que se llama la Noche del Alma, en el cual el Alma se hace insensible a todo pero virtualmente está despierta, está buscando aquello superior, entonces ingresa, si no entra en zona conflictiva y si no argumenta demasiado sobre su estado, en zonas de superior armonía.

Todas aquellas personas sensibles en el mundo emocional, en el mundo psíquico, en el mundo invisible, y que a través del esfuerzo meditativo, a través de su comprensión natural de las cosas están entrando en zonas de alta selectividad mental, automáticamente pierden los poderes, pierden la sensibilidad astral, y es que han perdido su hegemonía espiritual, no están ganándola.

Dense cuenta que muchos de los poderes psíquicos que tanto habla el vulgo, los estamos compartiendo con los animalitos, que los animales son psíquicos, que ven, oyen y programan el mundo astral, y son ciertamente conscientes de aquel momento.

Y no vamos a decir que somos menos sensibles que los animales porque hemos perdido esta sensibilidad, hemos ganado otro tipo de sensibilidad que en sus primeras fases se manifiesta como insensibilidad, entramos en un punto digamos de síntesis y lo que antes era agradable y nos causaba gozo y alegría, se convierte en una muralla de bronce, y entonces ¿qué vamos a hacer?

Yo diría que todas las personas que se hayan en ese estado estén contentas, porque es una prueba de que están adquiriendo otro tipo de sensibilidad superior, están saliendo del ritmo de lo psíquico o emocional o astral, o como ustedes quieran llamarlo y están entrando en zonas de alta selectividad espiritual.

Lo mismo sucede cuando el Alma entra en el momento de la crucifixión, cuando pasa del estado de superior armonía en el Monte de la Transfiguración, cuando parece ser que ha ganado a todo el mundo y que todo está a sus pies, desde el Monte Tabor de la Conciencia, e inopinadamente queda frío, insensible, cuando entra en la etapa de la crucifixión y, entonces, parece ser que todo te ha abandonado, y a este estado extremo de misticismo superior, a la cual se sometió Cristo, se llama la Noche Oscura del Alma, en el cual no existe sensibilidad alguna, la ley se muestra sin peso, no existe nada que pueda inclinar la balanza hacia Dios ni hacia los hombres, no hay nada, hay un sufrimiento horrendo y, ese sufrimiento solamente es Dios, ¿quién puede resolverlo?…

En tus manos encomiendo mi Espíritu

su herencia, aquella fe pequeñita en el corazón que aún subsiste, es la que da la clave del último tramo del sendero y el hombre asciende entonces en la cruz a los cielos.

Y esto nos pasa cada día, cada día tenemos un nacimiento cuando nos levantamos, tenemos un bautismo en cada uno de los actos del día, nos transfiguramos en cada nueva idea que surge en la mente, o en cada acto en bondad en sacrificio de los demás, nos crucifica la prueba diaria porque estamos sufriendo cada día por algo, especialmente al acostarnos será bueno que nos demos cuenta que podemos ascender hacia él, donde está reposando siempre nuestra integridad espiritual.

Sra. — Me permite una pregunta que quiero que me aclare. A través de… cuando entres en la corriente de los iniciados, el cuerpo ha trascendido este nivel de la cantera, y ha de surgir del retorno… pero se borran tras ella las huellas de… ¿Es correcto así?

Vicente. — La persona que entra místicamente en lo que se llama corriente espiritual, ya no puede volver hacia atrás; esto es como la persona que empieza a cavar un túnel y, empieza a andar y va tirando tierra atrás, al llegar a cierto punto puede volver porque aún puede desandar, pero cuando llega a cierto punto hay más tierra que la que necesita para avanzar y, entonces, la vida le obliga a avanzar.

Pero, es raro el caso de la persona que en estos puntos álgidos del sendero quiera retroceder, porque tiene la experiencia de las edades de su corazón, no puede retornar, se le abre el camino sin retorno para entrar en la gran corriente iniciática en la cual el individuo realiza el arquetipo, se convierte en un Ángel, ahí está.

Por lo tanto, es correcto lo que usted dice del…, no se puede volver atrás, afortunadamente.

El esfuerzo siempre va hacia adelante, siempre la vista hacia la meta, no hagamos como la mujer de Lot que volvió la vista hacia atrás, cuando Sodoma y Gomorra, que es simbólico naturalmente, “No volváis la vista atrás”, pero, las mujeres curiosas miraron hacia atrás y quedaron convertidas en estatuas de sal.

Eso es simbólico, tendrá su aspecto también científico, pero, es bonito recordar que cuando se ha entrado en el camino espiritual no se debe volver la vista hacia atrás, porque también se dice que el gran iniciado asciende a las alturas apoyándose en los cadáveres de sus yos muertos, muere cada momento del día y atraviesa o pisa su cadáver y asciende así sobre sus cadáveres, sus yos vencidos en la etapa de cada día, para llegar un día en que ve la vista más lejana y escucha el grito lejano, a lo cual se refiere Mabel Collins en “Luz en el Sendero”.

Es decir, que todo cuanto estamos diciendo no es más que repetir de otra forma todo cuanto ustedes saben.

 

Quizá algunos digan que… todavía, pero yo no soy quien va a sacudir, cada cual debe saber dónde hay que hay que sacudir del árbol para que caiga la fruta madura.

Pregunta. — De todas formas, en la curiosidad de la pregunta de la señora, es necesario, es un catalizador para elevarse un poco más, para acceder a otros horizontes, lo que se ha vivido en la televisión de hoy es muy significativo, porque como no hay fraternidad de pareceres, que es lo que debería de haber, entonces, claro, siempre tienen razón. Pero si hubiese esa curiosidad, que es menester, catalizaría la conciencia colectiva, y se elevaría un poco más, como ha sido catalizador también ese famoso chico de veintiséis años que yo he tenido el gusto de hablar anteayer, es un gran catalizador, porque los tibios sobre las energías cósmicas, las energías siderales, pues, han visto otra cosa, que había otra cosa, se han entusiasmado, y de ahí viene el pensar, el escudriñar y el estudio, y todo esto es problema de cultura de… del hombre ¿no te parece?

Vicente. — Sí, estoy de acuerdo, completamente, ya he dicho antes que cuando la persona necesita ser sacudida, tiene los elementos aparte de la misma, que le obligan a avizorar nuevas perspectivas, eso es muy natural, pero, dense cuenta, y esto lo remarco mucho, que cuando estamos hablando de un sentido crítico en lo que respecta al aspecto social, religioso, político o, como sea, que hay que escudriñar muy profundamente al corazón, para ver en qué medida estamos contribuyendo a la gran ilusión social.

Ahí está no sólo el tipo de curiosidad que tiene que darnos, como decía el amigo Solá, nuevas perspectivas de visión, sino que la curiosidad debe traspasar las barreras de lo simplemente circunstancial, lo que nos rodea, para buscar las causas más profundas.

¿Cuál es la causa que motiva un estado social determinado o, político o, religioso?

¿Qué podemos hacer cuando en un país la persona no se decide a escudriñarse, ni siente curiosidad, ni interés alguno por nada que no sea lo inmediato?

Naturalmente, es lógico, pero, cuando se llega a un poder establecido que debe estar conduciendo aquel tipo de individuos en un momento histórico determinado, que tenga en cuenta el gran porcentaje de personas aparte de nosotros que nos están ciertamente escuchando o hablando sobre algo trascendental, algo espiritual, que se refiere a sensibilidad humana, sino que está divirtiéndose sin pensar más que lo inmediato, sin pensar en soluciones radicales al problema social, económico, político o religioso.

Se piensa en sí mismo demasiado para poder transformar un país.

Naturalmente, yo digo siempre, las personas que vienen aquí están transformando el país, hasta cierta manera y, hasta cierto punto también, todos somos catalizadores y estamos creando una nueva ósmosis en el cuerpo de la sociedad, esta catarsis inmensa que estamos produciendo estoy seguro que producirá sus efectos, que para ser revolucionario no hay que coger un arma, sino que tener un aura pura y radiante, porque es esto, esta aura pura y radiante la que destruye el germen de la destrucción, el germen de la ignorancia y el germen de todo cuanto está establecido de incorrecto en el mundo que nos rodea.

Así que seamos autocríticos, y si vemos algo que no nos gusta, debemos pensar inmediatamente que debemos continuar luchando, con una sonrisa a flor de labio como siempre y, pensando en la gran masa a la cual tenemos el deber de ayudar, desde aquí, desde la actividad cotidiana, a esto se llama revolución, es la revolución que nace del corazón y se transforma en frutos de bondad, en los dones del Espíritu Santo.

Y si hacemos esto me parece que habremos conseguido una obra inmensa y habremos logrado los frutos de una acción correcta y, quizás algún día, como dice el verso, podremos llamarnos hombres con toda la extensión de la palabra.

 

 

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