La Obra Creativa Hombre-Deva

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La Obra Creativa Hombre-Deva Barcelona, 2 de diciembre de 1975

En nuestra actividad de servicio, la obra de los devas, de los agentes creadores en los mundos invisibles, actúa por doquier.

Bastaría decir que constituyen no sólo el alma en la vida de los cuatro elementos de la naturaleza, por medio de los cuales se estructura toda forma objetiva de no importa qué plano o nivel dentro del Universo, sino que además y, esencialmente, son la fuerza viva que anima el éter, esta sustancia sutil en la cual vivimos sumergidos y de la cual extraemos el propio principio de vida en todas sus posibles densidades y cualidades.

A medida que la evolución avance y el hombre vaya siendo consciente de los niveles subjetivos del plano etérico, del plano emocional y del plano mental, la obra de los devas será reconocida como el aspecto complementario de la vida de los seres humanos en la ruta gloriosa de la evolución.

En una de mis conversaciones pasadas había afirmado que la vida de los devas estaba tan entrañablemente unida a la nuestra como el sistema nervioso y el sanguíneo lo estaban dentro del organismo humano.

Ambas evoluciones —la dévica y la humana—, vienen a constituir, miradas con la visión de un gran Adepto, como el corazón y la mente del Ser planetario que rige los destinos de nuestro mundo.

En un aspecto más elevado, tienen idéntica misión las gloriosas potestades dévicas y las altamente evolucionadas humanidades de otros mundos —dentro de nuestro Sistema Solar—, en relación con el Dios del Universo.

Justificadas están pues, sobradamente, una atención especial del aspirante espiritual de nuestra época y un profundo estudio acerca de las relaciones humano-dévicas cada vez más conscientes e imperiosas a medida que nuestro planeta vaya adentrándose por la luminosa franja de los cielos donde se proyecta la energía de la Constelación de Acuario.

Evidentemente, hoy por hoy no puede hablarse de un verdadero equilibrio de la mente y el corazón de un ser humano, sin el cual no puede hablarse del verdadero tipo de inteligencia para la cual está programado el hombre desde las alturas, a menos que haya realizado éste un definido contacto con el mundo dévico en uno u otro nivel de su constitución psicológica, a menos que este se haya configurado de una manera que constituye la clave del contacto dévico y es de esperar que la moderna psicología dirija sus atenciones hacia el mundo invisible que rodea constantemente al ser humano y trate de descubrir allí el misterio oculto que constituye la causa de todo conflicto, problema o complejo individual y social.

No puede existir un tipo radical de solución a la crisis psicológica de la humanidad, de la índole y en el nivel que sea, sin haberse logrado como grupo una aproximación consciente al mundo de los devas.

El estudio científico de la llamada cuarta dimensión, con la constatación actual de la existencia del cuerpo etérico —el doble etérico de los ocultistas—, y que científicamente se le denomina ya el cuerpo bioplásmico, va aproximando progresivamente la humanidad al mundo etérico, y desde el centro de luz de la Jerarquía son tomadas ya eficaces medidas y resoluciones para que ese contacto sea no sólo efectivo, como un reconocimiento previo a una visión de más profundas y extensas perspectivas, sino también absolutamente práctico a fin de que la humanidad pueda solucionar algunos de los grandes problemas que siempre le han aquejado: la enfermedad física, el desequilibrio emocional y la falta de visión mental.

Vean ustedes cómo progresivamente nos hemos ido acercando al tema de base, el que constituye la materia principal de nuestro estudio acerca de los devas, o sea, el proceso de curación y redención que desde hace unos meses constituye la preocupación y el esfuerzo de muchos y leales estudiantes que desde un buen principio iniciaban los trabajos preliminares del contacto dévico a través de las sentidas invocaciones de luz, de fuerza y de energía, que provenientes de las alturas celestiales de nuestra resolución transmitimos a nuestros hermanos los devas.

Dense cuenta también, que una obra como la que conjuntamente hemos emprendido tiene una máxima justificación de acuerdo con el valor esencial del momento que estamos viviendo, no sólo porque Acuario, el gran escrutador de los cielos, nos está ya observando desde su elevado trono sino porque a ello nos inclina nuestra propia condición de seres humanos conscientes, que de una manera u otra queremos ayudar al Señor en su obra de redención universal.

Esto es lo que hicieron Buda, Cristo y todos los elevados seres de la Jerarquía, y esto es lo que realizan todas las potestades cósmicas que rigen el proceso de la evolución y el cumplimiento del karma.

Al hablarles, pues, de los devas en relación con nuestro trabajo, no voy a fundamentarles argumentos en inútiles teorías sino en verdades esencialmente prácticas que tienen su analogía en un solo y definido punto o centro de atención: colaboración consciente con la Obra de Dios.

¿Se dan cuenta ustedes de las amplias perspectivas abiertas ante nosotros en relación con nuestro trabajo, con nuestro decidido empeño de hacer y de realizar?

Se trata, como decimos, de un desafío absoluto a nuestra mente y a nuestro corazón.

El resultado de aceptar este desafío con la absoluta honradez que caracteriza al discípulo y con el inmenso sentido de responsabilidad que esta obra desentraña es simplemente voluntad, el poder resolutivo que rige toda expresión de vida en el Universo.

Así, progresivamente, y a través de las sencillas prácticas de invocación de las entidades dévicas que cooperan en nuestro trabajo y a través del cual pueden establecer contacto con nosotros, vamos adentrándonos sin darnos cuenta en zonas de vida ocupadas por la voluntad dinámica del Señor, y empezamos también a ser grandes pese a nuestra aparente pequeñez en el sentido interno.

Les hablo de servicio, de servicio como norma de vida del discípulo, con esta parte consustancial de su progreso en el sendero y como el principio y el fin de todo su noble intento de vida espiritual.

Es a través del servicio que nos hacemos grandes y empezamos a avizorar las elevadas cumbres donde moran aquellos que nos precedieron en el intento y en la búsqueda.

Pese a su aparente sencillez de procedimiento, que no exige virtudes apreciables sino simplemente buena voluntad, nuestro trabajo puede acercarnos un poco más a la meta presentida y a hacernos sensibles a la influencia superior.

Yendo al aspecto práctico de nuestro trabajo, debemos ir reconociendo progresivamente que los devas en sus distintas jerarquías pueblan los éteres, desde el subplano gaseoso-físico del planeta hasta el más elevado plano del Sistema Solar.

Su vida lo llena todo, y su acción más objetiva en relación con nuestros sentidos desarrollados de percepción se refleja en los cuatro elementos conocidos, anteriormente aludidos: el fuego, la tierra, el aire y el agua, constituyendo el cuaternario objetivo, que es la base o soporte de la estructura entera de la evolución universal.

Hay que tener en cuenta también a los devas como agentes vinculativos dentro del cuerpo social de la humanidad.

Ninguna reacción psicológica humana, desde la más leve actividad física hasta el más elevado pensamiento místico, está desligada de la actividad natural de los devas, por el motivo por todos los estudiantes de esoterismo reconocido y aceptado ya: por la comprobación científica, de que el éter es la sustancia que lo impregna todo y que sin él no existiría vinculación alguna entre Dios y su Universo.

Por lo tanto, estamos invocando funciones dévicas cada vez que realizamos un acto o evocamos un sentimiento o formulamos pensamientos, ya que toda actividad física, emocional o mental, para ser reconocida como tal debe afectar los éteres, siendo la respuesta a estas impresiones la expresión psicológica o social de los devas como una respuesta a la necesidad humana.

Debemos tener en cuenta también que el deva es, por su propia naturaleza etérica, un agente vinculativo dentro del cuerpo social de la humanidad que halla precisamente en los éteres el campo expresivo de cualquier actividad psicológica.

Y si la acción del deva no es objetivamente percibida como tal dentro de un espacio vital que según la sabiduría esotérica contiene todas las dimensiones, es debido a la limitación de nuestros sentidos, encerrados en un estrecho marco que sólo contiene tres, y que desde allí, desde este reducido espacio, intentamos glosar la obra divina en su conjunto, perdiéndonos entonces constantemente en maravillosas hipótesis y descabelladas teorías que nos apartan cada vez más y más de la verdad esencial que por su carácter de absoluta sencillez contiene la medida de lo eterno.

El ser humano, programado desde un buen principio para ser receptor y transmisor de verdades eternas, contiene en sí la semilla infinita de las más elevadas percepciones, siendo una de las más inmediatas el reconocimiento del mundo dévico.

Esotéricamente, se asegura que el ser humano vivió en un remoto pasado la gloria del contacto angélico, y que se apartó de sus hermanos, los devas, a medida que -de acuerdo a las leyes de involución que preceden siempre a las de evolución como las sombras preceden a la luz- fue densificando sus cuerpos sutiles hasta llegar al cuerpo más denso, el físico conocido, y que su misión en la ruta evolutiva es recobrar la sutilidad de percepción que haga posible en un nuevo y más elevado estado de conciencia, reconocer el mundo invisible de los devas y establecer contacto consciente con él.

Esta afirmación contiene un tremendo desafío para el aspirante espiritual de nuestros días, a quien la evolución técnica de la vida ha privado de una considerable parte de sus dotes sutiles de observación y percepción.

La evolución mental del hombre moderno debe tender forzosamente hacia nuevas áreas de luz o de entendimiento superior y reconocer que la evolución técnica es únicamente el soporte, o quizás sería mejor decir, el vehículo, de las verdades abstractas o arquetípicas que se agitan en el mundo superior de los significados y de las causas.

La sutilización de la mente, el paso progresivo de lo concreto a lo abstracto, de lo intelectual a lo intuitivo, debe procurarle al hombre la sutilidad requerida para ver, oír y comprender en todos los planos posibles de su compleja constitución psicológica y espiritual, y a medida que ello se vaya realizando será consciente del mundo de los devas y adquirirá el poder de invocarlos para ultimar, de acuerdo con el gran programa cósmico, el proceso de evolución planetaria que conduce a la Fraternidad Universal.

No estoy formulando, pues, nuevas hipótesis que puedan servir de soporte para la fe de los creyentes o la fervorosa devoción de los místicos sino que estoy presentando el cuadro actual de una realidad presentida por todos los verdaderos videntes e intuitivos de la Raza.

 

Me preguntarán ustedes por qué no fue dada en el pasado, durante el proceso de entrenamiento de los discípulos, una mayor información acerca de los devas, puedo decirles que siempre hubo información sobre los mismos y que hubo siempre discípulos más sensibilizados que los demás que contactaron aquel soberbio e indescriptible mundo y que dieron fe del mismo en sus obras poéticas o místicas, musicales o artísticas.

Ahora bien, la presión o exigencia de los tiempos modernos, rigurosamente técnicos, debe presentar el mundo dévico dentro de los cánones estrictos exigidos por la ciencia, con lo cual, si bien se pierden algunos de los elementos místicos tan queridos y apreciados por los aspirantes de tipo devocional, se gana fuerza, solidez y objetividad realmente científica, es decir, el mundo angélico puede ser presentado ante la investigación rigurosa como un hecho que sucede aquí y ahora.

Nadie se asombra evidentemente hoy día de esos descubrimientos científicos tan realmente prodigiosos como la desintegración del átomo, los aviones supersónicos, las computadoras electrónicas o la televisión en color, citando solamente algunos dentro de la gran profusión de los existentes, sin embargo, nos asombraríamos y hasta quizás dudaríamos, si se nos presentara a consideración la intervención de ciertos elevados devas que presiden la actividad oculta causa de tales descubrimientos.

Afortunadamente, y siguiendo el proceso de la evolución, cuando la mente humana haya alcanzado cierto nivel de percepción superior, comprenderá la razón que guía la expresión del proceso técnico de la vida moderna y percibirá la actividad oculta que lo motiva.

Los devas manipulan siempre la energía oculta que los hombres convierten en fuerza y movimiento a través de las actividades normales y corrientes de la vida cotidiana.

Esta verdad, la primera y la última, sometida al profundo análisis esotérico, preside eternamente el drama de la evolución -desde la enunciación de la voz sagrada, el AUM, por parte de cualquier Logos creador, y cuyos ecos retumbando en el gran vacío cósmico ponen en actividad a las grandes jerarquías dévicas para crear las estructuras de los mundos, hasta la voz de liberación, el OM, que el Logos pronuncia al final del proceso objetivo del Universo, cuando retorna al indescriptible silencio del gran Pralaya- , es la que debe regir constantemente la razón de los verdaderos discípulos espirituales, pues esta verdad contiene en su esencia —cuando es debidamente interpretada—, la Gloria de la Iniciación.

Avizorando ya el ángulo esotérico pero absolutamente práctico de nuestro estudio, vemos que la objetividad de nuestro trabajo y la absoluta clave de su éxito reside en nuestro fervoroso sentimiento de buena voluntad y deseo de bien.

A través del mismo invocamos tres tipos definidos de devas que cooperan en nuestra actividad de servicio:

  • primero, ciertos poderosos devas del plano mental especialmente vinculados con la actividad de los Ángeles Solares;
  • segundo, unos devas del plano emocional o astral, fuertemente polarizados con la energía de un glorioso deva planetario de 2º Rayo, cuya misión es reestablecer el equilibrio psicológico de los seres humanos y crear armonía en la naturaleza;
  • tercero, hay finalmente la actividad de aquellos devas cuya sustancia constituye la energía etérica del plano físico y están dotados del poder de producir en los mismos ciertas radicales transformaciones.

De los devas del plano mental poco puedo decirles, salvo que su sustancia es de origen solar y están directamente relacionados con la evolución espiritual del hombre, incluida la actividad del fuego serpentino o de Kundalini.

Trabajar con este grupo de devas exige una gran solidez de principios espirituales, una mente muy clara, sencilla y altamente flexible, el firme propósito de servicio y la indomable determinación de cooperar inteligentemente con el Plan de Dios que caracteriza la vida del discípulo, estos aspectos constituyen un punto de atención y de invocación con respecto a estos elevados devas.

La misión de los mismos es esclarecer el camino, comunicar visión y evocar comprensión amorosa en la mente y corazón de aquellos que consiguen invocarles.

Son, sin embargo, un peligro más grande de lo que la gran mayoría de aspirantes espirituales se figuran, si son invocados sin la debida preparación y sin una gran base de meditación o de experiencia espiritual.

Siguiendo las líneas seguras del correcto sentido humano que desarrolla el verdadero discípulo, tales devas constituyen, con la sustancia de luz que irradian de su propia vida, el luminoso puente o Antakarana que va de la mente inferior, intelectual, o concreta del discípulo, hasta el más elevado nivel mental.

El Yo Superior de cada ser humano, su Ángel Solar, que constituye el alma del proceso de la evolución humana, se halla en el centro mismo de esta actividad de los devas solares y del crecimiento espiritual de las almas en el sendero, y dirige conscientemente desde su alto lugar de observación el proceso conjunto de la voluntad del discípulo y de la actividad dévica.

Es, pues, muy importante para aquellos que se sientan llamados o capacitados para trabajar en un nivel mental superior, o que estén debidamente entrenados en el proceso técnico de la meditación esotérica, tener muy en cuenta la participación de los devas solares en todos y cada uno de sus intentos de realización espiritual.

Paulatinamente se irá apreciando que la acción de los devas en sus múltiples cualidades y funciones forman parte consustancial de nuestra vida, cosa que hasta aquí no había entrado en el aspecto práctico de la investigación esotérica.

Deberemos descender, sin duda, del elevado pedestal en que nuestros conocimientos esotéricos nos habían situado y empezar a reconocer humildemente la participación del mundo dévico y de la evolución angélica en cada uno de los hechos familiares, sociales y espirituales que ocurren en nuestro mundo y constituyen nuestro karma.

Este reconocimiento humilde y agradecido a la actividad de los devas debe constituir para el esoterista, para el verdadero discípulo, la línea de acción principal para el futuro, ya sea en relación con el propio progreso individual como con todas y cada una de sus actividades en servicio de la humanidad de cuyo organismo vital debe sentirse cada vez más una pequeña aunque bien definida y organizada pieza.

Comprenderán ustedes también que el conocimiento y la decisión que imparten los devas solares no puede ser adquirido a través de los libros y manuales esotéricos en uso, eso equivaldría a admitir que a cualquier irresponsable curioso dotado de una poderosa mente intelectual le es posible acceder al poder y al conocimiento implícitos en la Mente de Dios, cuya expresión es el fuego creador del cual todos los seres y todas las cosas poseen su pequeña parte.

Afortunadamente, las reglas que rigen el conocimiento divino son sabias, y absolutamente drásticas, analícese si no, a través de la historia, el peligro de aquellos que como verdaderos aprendices de brujo quisieron emplear el fuego del conocimiento y el poder de Dios sin estar debidamente preparados.

Sodoma y Gomorra, Nínive y Babilonia, el drama de la Atlántida, etc., son ejemplos vivos o dramatización psicológica y social de aquel gran peligro al que todos estamos propensos.

Los colaboradores que decidan trabajar en el plano mental para contribuir con su ayuda a la iluminación espiritual del planeta, se hallarán bajo la directa protección del Señor Buda y dentro del área de luz de los devas solares.

Me pregunto cuántos de ellos serán capaces, no obstante, de resistir la terrible presión de las energías ígneas que producen el aliento vivo de todo verdadero conocimiento y de toda profunda determinación, su apertura mental deberá ser en todo caso muy amplia así como muy exquisita y profunda su capacidad de silencio.

En última instancia habrá de reconocerse que el valor efectivo del conocimiento no se mide por la capacidad intelectual de retener muchos y muy variados temas esotéricos sino que radica fundamentalmente en la limpidez, claridad y tersura de la mente.

Considero pues muy interesante que dichos colaboradores dejen de preocuparse en demasía por el estudio esotérico, no digo que dejen de leer o de meditar, y empiecen a trabajar creativamente en sus mentes para producir en ellas aquella actividad natural de distensión que produce intuición y es la luminosa avenida por medio de la cual y, a manera de escalera de Jacob —he ahí otro símbolo altamente esotérico—, ascienden y descienden los devas solares.

Nos referiremos brevemente, también, ya que el objeto principal es resaltar las vinculaciones dévicas con nuestro trabajo, a los devas del plano astral.

Hallamos los devas del plano astral en cada uno de los siete subplanos que constituyen este plano, y naturalmente, estas huestes dévicas constituyen distintas gradaciones o jerarquías que se extienden desde el mundo del deseo más material al sentimiento de integración más elevado.

Se comprenderá también que su vinculación con nuestra obra de servicio dependerá mayormente de la calidad de nuestras intenciones y de la buena voluntad depositada en el trabajo.

La mayoría de los devas del plano astral responden al aspecto devocional y debo hacer resaltar de nuevo el hecho de que actualmente toda la jerarquía dévica del plano emocional se halla regida por un poderoso deva del 2º Rayo cuya misión apreciable, según la ordenación jerárquica del Plan para la Nueva Era, es sublimizar y dignificar el deseo humano y enaltecer hasta las más elevadas cúspides espirituales el aspecto sentimiento de la humanidad.

Su participación como impulsor de las leyes que regulan la evolución planetaria en la naturaleza se hace sentir también en el reino vegetal, el reino más avanzado en nuestro planeta, con el cual está estrechamente vinculado el mundo emocional de los hombres.

Hago estas referencias, que serán ampliadas más adelante, para estímulo de todos aquellos trabajadores que por predisposición natural hayan decidido trabajar específicamente en el mundo psíquico e instaurar en el mismo la armonía y el equilibrio psicológico de los seres humanos.

Los devas del plano astral trabajan por medio de sonidos inaudibles y de colores invisibles, una aparente paradoja para nosotros que forzosamente debemos atenernos todavía a reglas concretas de objetividad, pero en estas frases se halla un nuevo desafío para el inteligente investigador espiritual, quien deberá sutilizar constantemente sus sentidos perceptivos para poder captar las sutilísimas vibraciones provenientes de ciertos subplanos del plano astral.

He dicho en alguna parte de mis escritos, y voy a repetirlo ahora, que existen ciertos devas, conocidos esotéricamente bajo el nombre de “ángeles del silencio”, que acuden solícitos allí donde un ser humano da evidentes pruebas de sutilización de los vehículos a través de los cuales su alma se expresa, así tendrán explicado de nuevo el hecho de la participación dévica en todo intento del ser humano de purificación y perfección.

En lo sucesivo, y ya como una enseñanza esotérica para la Nueva Era, habrá que contar con el mundo dévico en todos y cada uno de nuestros intentos de llegar a Dios.

Los devas del plano astral, a partir del cuarto subplano, tienen la misión de contrabalancear las actitudes humanas con los móviles divinos.

Se les llama pues, los ángeles del equilibrio, y son precisamente ese tipo de devas los que invocamos en nuestra actividad de servicio en el plano astral.

Cuando el equilibrio es perfecto y hay una perfecta armonía entre la actitud humana y el móvil o plan divino, surge como expresión natural la música.

La música es la más elevada expresión del equilibrio cósmico; pero, para el esoterista, o para el discípulo, no existe otro tipo de música que la que proviene de ciertos discípulos exaltados, tales como: Mozart, Wagner, Beethoven, Bach, etc.

No se considera música el ruido discordante de la llamada música moderna, que en su mayor parte es una regresión histórica a la vida primitiva y no constituye mensaje dévico alguno para la humanidad.

Pasando por alto estas consideraciones, hay que afirmar el hecho de que sutilidad es una palabra clave que para nosotros deberá tener cada vez más un valor de síntesis.

No podemos invocar a los devas del equilibrio sin haber sutilizado hasta cierto punto nuestro sentido devocional y sin estar henchidos de grandes ideales en favor de la humanidad.

El hecho de que parte de ustedes se haya adherido con buena voluntad a esa tarea de equilibrar psicológicamente a las personas que tienen dificultades en el aspecto astral o psíquico, es una garantía de que ya están en cierta medida conectados o han atraído ya la atención de los devas del equilibrio, el efecto subsiguiente ha de ser paz e integridad.

No hay mejor yoga, evidentemente, que el espíritu de servicio y hay que reconocer y afirmar que practicar el yoga, de la clase que sea, pensando sólo en la propia perfección o liberación, es separarse del camino espiritual cuya sutilidad y transparencia se basan en

  1. La integridad de principios
  2. En la solidez del propósito
  3. En el más absoluto desinterés

Estas tres reglas constituyen el sendero de servicio y en su luminoso recorrido nos acompañarán siempre nuestros hermanos los devas.

Como ustedes se habrán apercibido, mis referencias sobre el mundo dévico en relación con nuestro trabajo son de orden universal, y no es necesario penetrar en el mundo particular o del detalle para que sea comprensible cuál ha de ser nuestra actitud invocativa.

Lo que se intenta mayormente es el estímulo que estas referencias puedan aportar en el ánimo de los colaboradores, como predisposición del alma hacia el equilibrio natural de la naturaleza dévica.

Hay que practicar la distensión y el silencio.

De ambas actividades, que constituyen una base de armonía, se eleva un sutilísimo clamor que llega a los atentos oídos de los devas del equilibrio, ellos responden inmediatamente al mismo con generosa adhesión y exquisita simpatía.

El color preponderante que surge del alma en silencio es el verde pálido, brillante, y los devas del equilibrio responden al mismo con su vibración de armonía de color amarillo intensísimo y claro, con un tono que no tiene ninguna medida, no tiene ningún apoyo ni ninguna comparación con los colores que nosotros conocemos en el mundo físico, pero en la base de ese color, junto con el verde que se eleva del alma silenciosa, existe la garantía absoluta de la curación psíquica de la raza.

 

Vamos a hablar de los devas del plano etérico-físico.

Ellos constituyen en su totalidad aquello que esotéricamente llamamos Prana, se mueven en éteres físicos de distintas densidades y su vida constituye, tal como dije anteriormente, la expresión de los cuatro elementos conocidos: el fuego, el agua, la tierra y el aire, tal como podemos percibirlos físicamente a través de nuestros cinco sentidos corrientes hay que decir que cada plano del Sistema Solar está constituido también por esos cuatro elementos, aunque en unas expresiones de increíble sutilidad, que es más pura conforme se va ascendiendo o profundizando, de subplano en subplano desde el plano físico al monádico.

Las características de los devas del plano físico en sus distintas densidades o evoluciones son innombrables, pero responden invariablemente a las leyes de actividad con la naturaleza física; tenemos así a los devas de la tierra, del agua, del aire y del fuego, y en una síntesis de actividad tenemos a los devas más sutiles del subplano atómico, cuya belleza es realmente indescriptible, así como indescriptiblemente poderosa es su participación en la vida oculta de la naturaleza y en la vida espiritual del hombre.

Como no es mi objetivo extenderme mucho sobre estas existencias dévicas por cuanto el interés principal radica en el estímulo creador y no en las curiosas descripciones dévicas que serán tratadas más adelante, nos referiremos aquí a nuestro inteligente contacto con los devas que pueden más fácilmente ayudarnos en nuestra actividad de servicio de curación física.

En cierta ocasión, el Maestro nos dijo que la curación física de las enfermedades es un asunto puramente mental y está relacionado con un empleo inteligente de los éteres.

Esto quiere significar que nuestras invocaciones de los devas que constituyen los éteres sutiles del plano físico, la más potente expresión de prana, tienen una importancia trascendente en nuestros trabajos de curación física.

No podemos acercarnos, esotéricamente hablando, al problema de la curación partiendo de los viejos principios o de las atávicas tradiciones que utilizaban pócimas, ungüentos o medicinas, aunque todavía tengan su validez.

La curación podría ser directa a través del éter sutil o prana, operando directamente sobre la causa de la enfermedad que siempre puede ser localizada en el cuerpo etérico de los seres humanos.

La comprensión de este hecho nos inducirá seguramente a trabajar con renovada fuerza en pro de la redención física de la humanidad, cuyas viejas enfermedades provenientes como fatal herencia de las primitivas razas, nos mueven a compasión y son el acicate al más noble de nuestros empeños.

He hablado de compasión, es el más grande de los elementos invocativos para la curación física, es el poder máximo de la humanidad en el aspecto servicio y la más elevada muestra de fraternidad humana.

La más elevada forma de virtud. Hay que tratar de sentir compasión si queremos atraer a los agentes dévicos, señores de la curación universal, no podemos invocar su fuerza si nuestro corazón está reseco y son áridas las avenidas de nuestros sentimientos en favor de los demás.

Recuerden ustedes que Cristo no curaba con pócimas ni medicamentos sino simplemente con la imposición de manos y con el más elevado sentimiento de compasión universal.

Tratemos de imitarle en ese sentido si de veras queremos curar, los elevados devas que acudían a su pura invocación también acudirán a nosotros, nosotros debemos realizar aquellas cosas más grandes a las que Él se refirió: vamos a tratar de curar con prana puro, utilizando la esencia de los devas que habitan en las más elevadas regiones.

Me pregunto si se darán cuenta de la oportunidad cíclica a nuestro alcance, al incidir sobre todos los éteres planetarios la augusta potencia del Señor de Acuario: es más fácil, dada está divina situación, que podamos sentir compasión y fraternidad, cosa que resultaba realmente difícil, casi inaccesible, en los tiempos de Jesús de Nazaret.

Tenemos a nuestro alcance la promesa de Cristo y en nuestras manos un tremendo poder que podemos utilizar conscientemente, el de los devas.

Seamos pues consecuentes y tratemos de aprovechar hasta máximo el privilegio a nuestra oportunidad cíclica.

Nuestra tarea en orden al trabajo de curación física de enfermedades es puramente radioactiva, empleando aquí la conocida expresión científica que define nuestros tiempos, y en la medida que podamos rasgar los éteres con nuestros luminosos intentos de curación, nos será posible constatar éxitos apreciables en orden a nuestro trabajo.

Aconsejé visualizar el color dorado, símbolo del sol, al tratar a los enfermos, porque este color en distintos y muy variados matices es el color etérico del prana, y pueden a través de éste color ser invocados los devas que en ellos viven y realizan su evolución.

El éxito final para el buen practicante es así seguro, pero no depende como ustedes comprenderán, del tiempo y del resultado inmediato sino de la persistencia en una actitud que unida a muchas otras puede preparar eficazmente el campo, el cuerpo físico de los seres humanos, para convertirlos en verdaderos tabernáculos del Espíritu Santo.

Como habrán podido apreciar, he seguido en la conversación de hoy una técnica precisa y premeditadamente estructurada de estímulo y de cordialidad de relaciones humanas, y he hablado así de los devas de tres planos definidos:

  • del plano mental que deben producir comprensión espiritual;
  • del astral que infundirán armonía y equilibrio psíquico;
  • del físico, cuya sutilización creciente determinará la curación de todas las enfermedades físicas de la raza humana.

Comprendan ustedes que no se trata de forzar a nadie a seguir determinada regla de conducta tendiente a la noble expresión de los fines expuestos, mi aportación al trabajo de invocación de energías es sencilla y humilde, tal como pueden serlo las actitudes de cada uno de ustedes, pero estoy seguro de que la suma de nuestros esfuerzos y voluntades puede crear algo realmente grande para un próximo futuro, tal es al menos mi pleno convencimiento y el renovado estímulo de mi oración constante.

 

La Liberación del Ángel Solar

La liberación constituye la más grande aportación humana al misterio de perpetuación de la vida, cuya expresión esencial es el movimiento incesante de renovación que está en la base de la evolución de la propia vida de Dios en todas y cada una de las formas creadas con la sustancia de los cuatro elementos.

Queda un hecho principal a dilucidar con respecto a la vida del Ángel Solar, una vez el fuego de la liberación ha destruido el cuerpo causal que fue a través de las edades su morada transitoria.

Siguiendo la luz purísima de las estrellas que cantan al unísono la gloria de la Divinidad, se hace referencia aquí a un ciclo especial de fuego regido por aspectos estelares desconocidos todavía por la ciencia astrológica actual.

Ve nuevamente el ángel el camino que conduce a su verdadera morada, oye nuevamente la palabra paterna y lleno de amor indescriptible retorna al Nirvana.

El Nirvana tiene un significado total de unión con Dios y es el estado típico de liberación.

El Adepto, la Mónada y el Ángel Solar se hallan fundidos en este mar de fuego de liberación del cual no puede hablarse por carecer el lenguaje humano de formas posibles de transcripción.

Podríamos decir, sin embargo, que se trata del Corazón de Dios, de donde brotan las corrientes de amor que dan vida al Universo.

Es precisamente del Corazón de Dios, del Nirvana divino, de donde proceden los Ángeles Solares, es también el Nirvana el estado de conciencia de los Adeptos, cuya Mónada o esencia espiritual tiene allí permanentemente su morada.

La actividad de los Ángeles Solares, de aquellos que edad tras edad se sacrifican en bien de todas las humanidades, y no solamente de la humanidad terrestre, constituye desde siempre el más apasionante y descriptivo testimonio de gracia de la Divinidad, que jamás deja huérfanos de ayuda a aquellos que suspiran por la liberación, por su retorno al hogar paterno una vez finalizada su misión de intermediarios entre los seres humanos y su vida espiritual más elevada; es decir, entre el pequeño punto de conciencia que es el alma en encarnación física que da vida a la personalidad en los tres mundos, y la Mónada espiritual, que es el nexo de la unión con Dios.

No significa el descanso absoluto en el Nirvana sino únicamente la libertad de movimiento, cuyo gozo es indescriptible, producido por la rotura de los lazos que los mantenían unidos voluntariamente a la vida mística de los hombres, del Alma en los tres mundos.

La actividad natural de los Ángeles Solares, y aun de muchos Adeptos de la cadena terrestre que alcanzaron la liberación en este universo actual, es perpetuar la gloria de Dios de ciclo en ciclo, inundando la vida oculta de la naturaleza con los radiantes estímulos y potentísimas energías que proceden del Corazón de Dios y son en nuestro universo el vehículo de liberación de todo su contenido.

Un indicio de esta verdad es evidente cuando en algunos tratados místicos o religiosos se dice que sólo por el Amor será salvado o redimido el hombre.

El Amor es el único agente de liberación en el universo en donde vivimos, nos movemos y tenemos el ser.

La actividad de todos los Rayos que evolucionan o se manifiestan cíclicamente en nuestro universo está condicionada por esta ley de Amor que constituye la esencia de nuestro Logos Solar.

Son únicamente agentes de la razón principal que motivó un día el nacimiento del Universo, el Amor, y que continuará actuando como ley en tanto que el Universo perdure como tal.

Una vez finalizado el Día de Brahma, cuando Dios sienta el sueño y penetre en el reposo a que este día de actividad le ha hecho acreedor, cuando la calma del Pralaya suma toda la creación en el silencio, en la nada, todavía en los profundos e ignorados repliegues de esta calma, de esta inactividad absoluta, el dinamismo del Amor continuará imperando, preparando todo el contenido memorial del extinguido Universo para otra obra de más elevadas y de más sutiles cualidades y proporciones que será realizada utilizando el marco siempre abierto de los espacios infinitos y el poder eternamente despierto de la voluntad creadora.

Algunas consideraciones esotéricas

El éter es la sangre de los dioses; a través del mismo y tal como puede leerse en el Libro de los Iniciados, los dioses cabalgan sobre unos rayos más rápidos que los de la luz.

La luz, otro misterio a desarrollar, vinculada con la expresión de la energía ígnea que produce la vida entre los mundos, tiene otras dimensiones y adopta características distintas de acuerdo con la evolución de la vida y conciencia de aquellas gloriosas potestades que llenan el cosmos absoluto de sistemas planetarios en movimiento.

El movimiento y la luz son inseparables.

La velocidad, regida por el tiempo, llega a unos extremos límites en lo que a capacidad perceptiva del ser humano se refiere cuando rebasa la de la luz solar, pero si nos atenemos a nuestros estudios esotéricos y consideramos que nuestro Universo, con su Sol central, sus planetas y sus distintos planos de evolución sólo es el cuerpo físico de un Logos Cósmico, podremos imaginar empleando la analogía, la naturaleza de la luz tal como podría expresarse, por ejemplo, en el plano búdico del sistema cósmico.

Los seres privilegiados que han logrado experimentar la conciencia búdica correspondiente a nuestro pequeño esquema planetario y gozan del indescriptible sentimiento de unidad con el conjunto universal, podrían hablarnos del aspecto luz dentro de una medida, un esplendor y una irradiación que escapan a todo razonamiento, ya que la grandeza de la experiencia trasciende la capacidad descriptiva de nuestra pequeña mente.

La naturaleza de la luz dentro de la conciencia búdica del cosmos, o cuerpo búdico del Logos Cósmico, que utiliza todo el conjunto universal en el que vivimos, nos movemos y tenemos el ser sólo como su cuerpo físico de expresión, ha de apelar forzosamente a la más exaltada imaginación que podamos desarrollar, y emplear luego la lógica de la analogía.

Luz, Amor y Poder, palabras claves del sistema planetario que nos sirve de morada, pueden adoptar ahora un nuevo significado.

Este significado puede abrir ante nuestra mirada inquisitiva nuevos horizontes, nuevos hemisferios ocupados por nuevas y más esplendentes verdades.

Por esta infinita panorámica, sin meta posible de culminación ni posible punto de llegada podremos un día vincularnos con el aspecto vida infundida en toda cosa creada.

Participamos, entonces, pese a nuestra infinita pequeñez, del destino kármico de los dioses, y consideramos el sacrificio por el bien del conjunto como el único sentido de aquella vida cuyo fuego arde por doquier.

En los extremos límite de tales tensiones, en las que oleadas cada vez más tumultuosas de vida penetran en nuestro ser, van sucediéndose dentro de nosotros las iniciaciones, es decir, conciencia cada vez más intensa y apercibida del movimiento de la vida.

 

 

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