Los 7 Rayos y el Ser Humano.

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Los Siete Rayos y el Ser Humano.


Vamos a insistir sobre la temática de los 7 Rayos. Para aquellas personas que no estuvieron aquí con nosotros en las dos primeras conversaciones acerca de este tema tan interesante [Introducción al misterio de los Siete Rayos | Analogía de los Siete Rayos]– quizá tenga que decirles que estamos enfocando conjuntamente una de las ideas que constituyen, por así decirlo, la base del universo manifestado, y también la base de la constitución del hombre.

Pero, ante todo, tengo interés en remarcar, lo que siempre digo, que para enfocar esotéricamente cualquier asunto humano hay que seguir la regla hermética de la analogía, que va de lo universal o, cósmico, hasta el ser humano, a diferencia del método místico que va del corazón humano hacia el cosmos. Así que, primero, si analizan las raíces cósmicas del proceso de expresión de los rayos para converger finalmente en la psicología humana, por cuanto el hombre es un cosmos en miniatura, y todo cuanto sepamos acerca del cosmos según la línea esotérica nos dará la noción exacta de lo que es el corazón humano con todos sus defectos, virtudes, cualidades, y nos permitirá tener un conocimiento exacto de lo que este hombre puede desarrollar dentro de una sociedad cada vez más interesada en descubrir el secreto de la propia vida.

Ahora bien, tengo interés también en remarcar, quizás una pregunta que habrá pasado por la mente de todos ustedes, como pudiera ser, por ejemplo, y es que el estudio de los 7 rayos tendrá la virtud de abrir para nuestra mente y para nuestro corazón las tres grandes vertientes que conducen al proceso iniciático, este proceso que va del cuarto reino de la Naturaleza –el reino humano- hacia este reino del cual tan poco sabemos de las almas iluminadas.

Las tres vertientes son que el estudio tiene que:

  1. Favorecer nuestra capacitación intelectual, permitiendo ahondar dentro del misterio de nuestra propia mente;
  2. Debe permitir también estabilizar nuestro vehículo emocional;
  3. Tiene que coincidir en un control perfecto del cuerpo físico.

Cuando este hecho se produce, tenemos al ser humano en un proceso de integración, la integración de la mente, de la sensibilidad psíquica y de la función orgánica, y este aglutinamiento de energías, esta integración, conduce al contacto con algo que está más allá de las posibilidades del hombre corriente, que es el contacto con el yo trascendente, con el alma espiritual, con el ego superior o el ángel solar, puesto que es con todos estos nombres que se está expresando o definiendo esta realidad causal o espiritual.

Entonces, si el estudio de los 7 rayos favorece la proyección en nuestra vida de esta triple vertiente que conduce a la integración y, finalmente, a la unión con el ser superior, podemos decir que vamos a establecer las bases de una nueva psicología, una psicología que debe conducirnos a ser conscientes de nuestra realidad más alta.

Así, vemos que todo el proceso de estudio en nuestras conversaciones tiene que coincidir con el deseo innato en todo corazón de establecer contacto y, finalmente, unión, con aquella causa de la cual dimana, siendo la primera oportunidad cíclica de la naturaleza para establecer contacto con esta entidad superior que llamamos Dios, o Logos solar, o Logos planetario; el contacto con nuestra propia alma. Al establecer este contacto, sabemos por anticipado cuál es nuestro propio destino, es decir, de hecho estamos interpretando correctamente y comprendiendo el alcance de aquella triple y punzante pregunta que se ha hecho todo ser humano realmente establecido dentro de la vida espiritual, que es:

  • ¿quién soy?
  • ¿de dónde procedo?
  • ¿a dónde voy?

Entonces, el misterio implícito en cada rayo debe ser descubierto, puesto que somos, por así decirlo, una expresión de los rayos que se manifiestan en la naturaleza, entendiendo como rayo una cualidad distintiva de la divinidad, y la divinidad tiene siete cualidades que se manifiestan en forma de energía.

Dijimos, en el proceso de nuestra conversación anterior investigando la identidad de nuestro Sistema Solar, que el hecho de que nuestro universo sea septenario, se debe precisamente a la genealogía del propio universo, y estudiando los anales ocultos vemos que nuestro universo es el resultado de una conjunción magnética entre el Logos creador de la constelación de la Osa Mayor, del primer rayo, carácter positivo, masculino en términos psicológicos humanos, con el Logos solar de la constelación de las Pléyades, de naturaleza femenina, de naturaleza receptora y canalizadora de las energías positivas.

El resultado de esta conjunción produjo una invocación desconocida de origen cósmico procedente de la gran estrella Sirio de la constelación del Can. Este Ego creador, encarna, por así decirlo, en aquella nebulosa creada por la conjunción magnética del Logos solar con sus siete estrellas positivas, y el Logos de las Pléyades con sus siete estrellas negativas, y manifestándose ya como una Entidad del segundo rayo.

Sabemos, también, que nuestro universo con todo su contenido es solamente el plano físico-cósmico, significa esto que está en conexión con otros siete Logos solares que constituyen cada uno de ellos el cuerpo cósmico de una Entidad que está más allá de nuestro entendimiento. Ahora bien, esto es el sistema esotérico, buscar las causas originales y después ir descendiendo en forma detallada, tratando de dar expresión concreta a eso que llamamos vida de la naturaleza, la vida de un reino, o la vida de un plano, o la vida de una dimensión.

Entonces, aunque parezca que estamos repitiendo, lo que realmente estamos haciendo es remarcando un hecho esencial, un hecho esencial que estoy seguro que será muy difícil de comprender para la persona de temperamento místico, porque el temperamento místico procura primero sentir a Dios en su interior y después proyectarlo al cosmos, pero el sistema esotérico u ocultista, tiene que ver con la proyección directa ya de la mente hacia el quinto plano cósmico y desde allí descender, a la manera en que lo hace Dios, encarnando en ideas cada vez más consecuentes, directas y concretas.

Ahora bien, ustedes pueden decir: “yo no puedo estar de acuerdo con algo que yo no puedo probar”, yo les digo a ustedes que yo mismo me siento incapacitado para probarles concreta y objetivamente nada de nada de lo que les estoy diciendo, tendrán que aceptarlo por intuición, no tendrán que aceptarlo por la autoridad ni tampoco por un excesivo análisis concreto. Tendrá que venir en forma natural, tal como suceden las cosas de la vida, el aire que pasa haciendo mover las hojas de un árbol, es algo natural. La lluvia, el sol que nos alumbra con sus rayos, es algo natural, no precisa de comentario ulterior para nuestra mente concreta e intelectual, lo aceptamos como un hecho natural. Debemos llegar un día a aceptar los hechos cósmicos con la misma naturalidad que aceptamos la brisa, el agua de un arroyuelo deslizándose por entre las peñas de un bosque cualquiera. Así, todo el proceso tendrá que ser –ustedes se darán cuenta– dentro de un orden muy elevado de ideas. Si debemos avanzar en el terreno psicológico en el sentido de los rayos para comprender exactamente los motivos, las causas, las direcciones y el objetivo creador de cada uno de los cuerpos de nuestra naturaleza septenaria, tendremos que estar muy atentos y apercibidos, y hacer que lo que conjuntamente estamos estableciendo, que es este contacto interior, nos sirva como elemento propulsor para lanzar nuestra mente más allá de nuestras posibilidades de comprensión.

Ustedes, por ejemplo, dudarán de todo cuanto digo acerca de la Osa Mayor, de las Pléyades y los Sistemas Solares en movimiento, pero ustedes no podrán negar que nuestro universo es septenario porque la luz que proviene de la propia Divinidad se descompone en siete colores básicos que son los del espectro solar. Tampoco podrán negar las formas del sonido o el remover del sonido los éteres creadores, constituyendo las siete notas del pentagrama. No podemos pasar de siete notas ni de siete colores. En la Biblia, por ejemplo, se nos habla de los siete días de la creación, y en la propia Biblia se nombra con insistencia la actividad de los Siete Espíritus ante el Trono de Dios. Siete son los días de las semanas. Siete es el proceso creador. Esto está al alcance de cualquier mente intelectual por alejada que esté esta mente de esta proyección cósmica que tratamos de dar a nuestras conversaciones.

Así, se trata de un proceso, insisto, en que Uds. y yo tendremos que colaborar estrechamente tratando de romper el círculo que nos envuelve, el círculo de la propia incapacidad de descorrer el Velo de Isis, siendo capaces de quebrantar todo el peso de una tradición que te ata a un concepto, o bien, destruyendo las fronteras que separan el yo inmanente del yo trascendente.

El mundo tiene una deuda de gratitud con los psicólogos del siglo XX que han hablado de parte del misterio del hombre, el misterio del subconsciente y el misterio de la conciencia que trata de expresarse constantemente, investigando por doquier. Desde Freud a Jung, pasando por Adler o Dumas, por ejemplo, se ha tratado de descubrir el secreto del hombre, son deudores de nuestra gratitud, o se hacen acreedores de nuestra gratitud, les debemos esta investigación dentro del corazón humano que, en cierta manera y hasta un cierto punto, ha abierto las bases de la psicología moderna. Pero, ahora, el nuevo paso es el descubrimiento del yo trascendente, del yo superior, de aquella entidad que, al parecer, desde dimensiones allende la razón y el entendimiento normal, está dirigiendo el destino de nuestra vida, y estamos ahí por esto.

Esta atención manifiesta, esta expresión de un deseo unánime de descubrir este secreto, sabiendo que todo ser, toda cosa, todo reino, todo átomo, tiene que realizar tres cosas fundamentales que son: revelar un secreto, mantener un propósito, y realizar un objetivo, y cada uno de los 7 rayos de la naturaleza tiene un propósito, tiene un destino y un secreto a revelar.

Desde el momento en que el hombre ya no puede pasar más allá del mundo mental, del mundo intelectual, extendiéndose ya solamente en análisis y discriminaciones, no puede comprender el alcance de aquello que en términos místicos llamamos el sendero. Sendero, buscando su acepción esotérica, es aquel punto de luz que arranca del corazón humano, pasa por la mente investigadora y establece contacto con el rayo que es vida de su propia vida, y cada uno de nosotros estamos siguiendo este hilito de luz, este hilito de luz que se convierte en aquello que técnica y esotéricamente llamamos el antakarana. El antakarana es el hilo de luz que partiendo del corazón del hombre lo enlaza, vía el proceso iniciático, con un Logos planetario, Señor de un planeta sagrado, que tiene como misión el establecer en la naturaleza alguna de las cualidades de la Divinidad. Ustedes saben que son siete estas cualidades, y seguidamente las vamos a enumerar y cada cual responderá a una u otra de estas solicitaciones cósmicas.

  • El primer rayo, técnicamente descrito, se puede definir como de Voluntad dinámica, de ser, de proyectarse. Es el rayo de la creación.
  • El segundo rayo es de Amor incluyente, es el amor por doquier.
  • El tercer rayo es el de Inteligencia activa.
  • El cuarto rayo es el de la Belleza y del Equilibrio.
  • El quinto rayo es el de las Formas.
  • El sexto rayo es el de la Devoción a un ideal, el propio ideal que lleva a la creación del universo.
  • El séptimo rayo es el rayo del cumplimiento universal. Es decir, se inicia el universo con el primer rayo y se cumple el objetivo del primer rayo, que es la creación del universo con su plena perfección, cuando entra en evolución el séptimo rayo. Y es curioso hablar ahora de las oportunidades del séptimo rayo, por cuanto el séptimo rayo se está introduciendo actualmente en el planeta Tierra. Hay que estar atentos a esta posibilidad. Desde el año 1625 de la era de Cristo está desvaneciéndose el rayo de la Devoción concreta a las formas idealistas, y desde el año 1675 –si ustedes aceptan como válidas estas cifras- está ya entrando, o manifestándose, el séptimo rayo de cumplimiento, de organización y de magia de cumplimiento. Es curioso observar, para las personas interesadas en el esoterismo profundo, que coincide la entrada del séptimo rayo con el nacimiento del Conde de Saint Germain, el Chohan del séptimo rayo.

Por tanto, estamos estableciendo, como digo, las bases del conocimiento basado en la intuición, pero, también, basado en la investigación serena y profunda de los hechos que vamos percibiendo por doquier. Nuestro momento, el momento que está viviendo la humanidad, es de gran trascendencia, no por lo que afecta a nuestra pequeña vida humana sino por sus repercusiones cósmicas, teniendo en cuenta que nuestro planeta está enlazado con otros planetas. Estos planetas están conectados con otros planetas de otros sistemas solares que responden a la misma impresión de rayo y que, por tanto, todo cuanto sucede de cósmico, de proyección cósmica en nuestro planeta repercute en cualquier astro del universo que responda a la línea de proyección del tercer rayo, que es el rayo al que pertenece el Logos planetario de nuestro sistema terrestre o de nuestro esquema terrestre.

Hay que tenerlo en cuenta, porque hay una conjunción de fuerzas estelares en nuestro planeta de la más alta consideración y estudio para la mente analítica y para el hombre investigador. Dense cuenta –y todas las personas interesadas en astrología lo saben- que está desapareciendo rápidamente la constelación de Piscis y que nos estamos introduciendo muy rápidamente dentro del radio de acción de la constelación de Acuario, coincidiendo con este drástico cambio de eras, que es responsable de muchas de las alteraciones sociales, políticas y geológicas de nuestra Tierra, para determinar también la fuerza que tiene la desaparición de un rayo, el sexto rayo de Devoción y de culto a un ideal, hasta un dramatismo que puede llegar a la demencia, que puede llegar al fanatismo, y que está completamente apegado a las formas que ha construido el hombre a través de las edades, en oposición o en conflicto constante con las fuerzas del séptimo rayo que están entrando en nuestro planeta, vivificando todo el contenido de este planeta y favoreciendo la evolución psicológica del hombre en niveles inconcebibles. Todo este proceso, toda esta actividad, todo cuanto estamos viviendo actualmente, es una oportunidad cíclica que hay que tratar de aprovechar.

Por eso estamos aquí, para tratar conjuntamente cómo podríamos aprovechar estas energías. De momento las estamos aprovechando por este mágico sentimiento de aproximación que se establece entre nosotros, porque el séptimo rayo y la constelación de Acuario, como objetivo de cumplimiento planetario, tienen como punto de confluencia el grupo, ya no la individualidad que fue prerrogativa de la constelación de Piscis y del sexto rayo de Devoción a ultranza. Así, que solamente abriéndonos como un gran abanico cósmico hacia las fuerzas cósmicas, seremos testigos y conscientes plenamente de esta realidad a la cual me estoy refiriendo.

Dense cuenta, también, que la magia, que emplea el séptimo rayo, esta magia de aproximación, tiene como campo resolutivo el cumplimiento. Me pregunto cuántos de nosotros estamos en esta línea de cumplimiento y, en todo caso, si somos inconscientes de tal línea, preguntarnos qué es lo que debemos hacer para entrar más rápidamente en este campo inmenso de oportunidades.

Esto queda, como ustedes verán, a la propia solicitación interna de ustedes. Yo estoy creando a mí alrededor un círculo magnético, digamos, de aproximación, y ustedes responden porque están interesados en el mismo problema de resolución que es el contacto con el yo trascendente.

Ustedes saben, también, que cada rayo tiene una forma mágica de aproximación o de cumplimiento. Si tenemos, por ejemplo, y hemos hablado de rayos en un sentido cósmico, debemos darle automáticamente una orientación psicológica humana para que sea correctamente comprendida.

Dense cuenta, que el primer rayo de Voluntad dinámica, tiene como campo de expresión la política y el gobierno de los pueblos, observen también que la magia que produce la introducción correcta del 1er Rayo en el gobierno de las naciones es la diplomacia. La diplomacia es la magia que debe emplear una individualidad del primer rayo, siempre y cuando esta individualidad esté plenamente capacitada para hacer coincidir en su mente esta fuerza progresiva y contundente de este dinamismo creador. Se dice que no todos los gobernantes están siendo polarizados, atraídos o condicionados, por la fuerza –esa tremenda fuerza– del primer rayo, por cuanto todos los políticos pueden utilizar el primer rayo por el cargo… [Corte de sonido] precisamente a la expresión plena de este rayo.

Entonces, si vamos a estudiar, siquiera someramente, porque tal como dice Cervantes en El Quijote, al buen entendedor no le duelen prendas, y siendo muy concretos podemos ser también muy expresivos, diremos que el segundo rayo, cuya actividad es el Amor incluyente, un rayo poderosísimo por cuanto está en la propia línea del Dios de nuestro universo que, según se nos dice, es del segundo rayo, siendo el segundo rayo esta atracción magnética definida como Amor por nuestra mente finita, el que constituye el aglutinante que permite este movimiento centrípeto del planeta y también al propio tiempo su expresión centrífuga hacia el cosmos. Entre estos dos movimientos centrípeto y centrífugo se manifiesta el espíritu de segundo rayo. La magia del segundo rayo es la enseñanza, es la cultura de los pueblos, es el poder que extrae de la naturaleza virginal del hombre el sentimiento religioso, luego el campo religioso es el campo expresivo del segundo rayo, pero ¡cuidado!: estoy hablando de sentimiento religioso que tiene que despertar el segundo rayo, no que este rayo favorezca por su impresión la creación de una determinada estructura religiosa, hablamos en términos psicológicos, no en términos analíticos o intelectuales. Por lo tanto, es la enseñanza en todos sus niveles la que debe deparar al hombre la posibilidad de sentir el fuego de Dios en su propio corazón.

El tercer rayo que es la Inteligencia creadora, la inteligencia sin posible definición, que constituye, a través de la magia, del conocimiento investigador de la vida, un campo de expresión que es la filosofía, siendo la filosofía la ciencia que investiga la vida. Tiene un origen plenamente abstracto, nos habla del quinto plano cósmico donde la mente está en su propio nivel, allí donde Prometeo, se nos dice, adquirió la luz y el fuego llevándolo a nuestro planeta y creando con su intromisión el fuego de kundalini, este fuego central del planeta que le da vida y, al propio tiempo, le da la rotación. Un astro que no tenga rotación, como la luna, es un astro muerto, le falta el fuego de Prometeo.

El cuarto rayo, el rayo de la Belleza y del Equilibrio tiene su expresión en la naturaleza tratando de reproducir aquello que está en la mente arquetípica de la divinidad, siendo la magia correspondiente a este cuarto rayo el arte creador. El arte es la ciencia, fíjense bien, que ha de producir belleza, y si un artista no puede crear belleza es que no pertenece al cuarto rayo. Hay artistas en todos los rayos, pero solamente un cuarto rayo bien estructurado y bien establecido en el centro de este Logos planetario del cuarto rayo, puede proceder de una manera automática a crear las formas arquetípicas que están en la mente de la divinidad, y a través siempre de un sentimiento creador, entendiendo por belleza no solamente la belleza plástica sino los inmensos horizontes de la música, de la poesía, de la literatura. La belleza es algo que está por doquier, así que no por el hecho de ser un cuarto rayo tenga que ser un pintor o un escultor, el poeta y el músico son expresiones del cuarto rayo.

El quinto rayo, el rayo de la Ciencia, el rayo cuya magia es la investigación concreta de las formas, es la creación objetiva de aquello que en el quinto plano cósmico es abstracto. El quinto rayo avanza comprobando y experimentando, investigando constantemente, no puede por su propia naturaleza intelectual creer en algo que se dijo o en algo que puede ser, se basa en hechos concretos ya establecidos, si falla la base concreta no es ciencia, la ciencia es esto y el campo de proyección científica es el que está en estos momentos estelares de nuestra vida haciendo converger sobre el planeta muchas de las energías del séptimo rayo.

Porque el séptimo rayo está muy coordinado con el quinto y con el primero, y aún con el tercero en su aspecto psicológico superior, están tratando de crear una síntesis, una síntesis que, de realizarse, será una maravilla para los ojos y para el entendimiento, y si aceptamos que estamos siendo –permítanme esta expresión- invadidos por la fuerza cósmica del séptimo rayo, podríamos decir también, que si tiene éxito, y el éxito de un rayo no pertenece única y exclusivamente a la fuerza poderosa del rayo sino a cómo responde la humanidad a este rayo, o cómo responde el planeta como un todo a las energías de este rayo, asistiremos a cosas que a nuestro entender son verdaderos milagros. Una de las potencialidades que posee el séptimo rayo, un rayo de cumplimiento, es dar solución completa y acabada a todos los problemas de la vida psicológica del hombre.

Los científicos mediante la fuerza del séptimo rayo pueden comprender la causa de la electricidad. Ustedes saben que la electricidad es una sustancia desconocida, y solamente la investigación en los primeros éteres de nuestro sistema físico dimensional podremos encontrar algunos de los indicios que nos permitirán llegar a tener una noción intelectual y objetiva de las causas de la electricidad. Las fuerzas ocultas del ambiente, la entrada en una cuarta y en una quinta dimensión, la actividad de nuevos sonidos y nuevos colores en la naturaleza, y la potencialidad psicológica del hombre que llegue a establecer en su cerebro un anclaje para estas energías, tiene que producir algo de rara y profunda belleza, algo que solamente con el corazón podemos concebir porque la mente carece de elementos de juicio. Por ejemplo, las causas de la electricidad, las causas de la luz, a pesar de que el hombre científicamente a través del quinto rayo está actuando definidamente para enseñar lo que es la electricidad, y utilizando sus efectos para producir maravillas como una computadora electrónica o un aparato de televisión en color, tiene que ser algo del dominio público, un misterio que ahora solamente es un misterio, pero es que el hombre en sí es un misterio y solamente por la ruta del misterio puede ser descubierto el misterio del corazón del hombre.

Qué me dirán ustedes si la ciencia llega a investigar tanto la cuarta dimensión, tal como hay una programación en este sentido, y pueda detectar objetivamente esas fuerzas que producen la luz, que producen los rayos del sol, que producen el agua a pesar de los elementos químicos o, por así decirlo, y para ser más concretos, aquella fuerza que está detrás de los elementos químicos, aquellas fuerzas etéricas a las cuales el hombre todavía no han logrado dar un nombre y, sin embargo, en religión se les llama ángeles, se les llama devas.

Yo me pregunto a veces el porqué de estas fuerzas que invoca la Iglesia durante una ceremonia, cuando está tratando de adorar a la divinidad según el misterio establecido por la propia religión y por medio de la magia y del culto, el porqué de las campanas y el porqué del incienso. Todo el mundo va a las iglesias, nadie se pregunta el porqué…, el incienso, las campanas, el canto gregoriano… Se trata de invocaciones de devas, de energías que producen la unificación del corazón de los fieles. Así como una campana en lo alto del campanario no está puesta allí al azar, sino porque tiene un poder vibratorio en los éteres que produce un silencio que puede ser llenado por la fuerza misteriosa de los devas, que es lo que hace un mago.

Un mago, y siempre me refiero a un mago blanco, a la persona que quiere controlar las energías en forma positiva para la humanidad, lo primero que ha de hacer es crear un silencio por medio de ciertas formas mantrámicas, por medio de ciertos sonidos creadores, lo mismo que se hace con el amén cristiano, este amén cristiano está relacionado con el sexto rayo, y produce una condensación dentro de los éteres que permite la concreción, la fuerza, la participación activa de estas energías que llamamos ángeles o devas. Pero es que el perfume, el color que utiliza el sacerdote, el sonido de las campanas, son idénticos en todas las religiones, ya sea en una pagoda china o en cualquier templo hindú, se utiliza el perfume, el sonido y el color.

¿Qué dijimos al principio de nuestras conversaciones? Que nuestro Sistema solar y nuestro Sistema planetario son expresiones de un sonido, de un color correspondiente a este sonido, y que coincide en una figura geométrica, tal es el proceso científico de cada uno de los rayos. Cada rayo tiene su propio sonido, su propio color y su propia forma geométrica. Y el mago que sabe cuál es su rayo y puede producir a voluntad este prodigio, creará formas, lo mismo que hace Dios, el Creador, porque un iniciado, un Adepto, o un ser que ha traspasado, por así decirlo, las fronteras del cuarto reino y entra en el quinto reino de la naturaleza, domina la quinta dimensión, hablando científicamente.

Por lo tanto, esta quinta dimensión le da un poder sobre los éteres extraordinario, por cuanto puede dominar todo el contenido etérico correspondiente a estos devas, a estas fuerzas creadoras. Todo cuanto vemos, desde el más pequeño elemento químico hasta un universo, está regido por tres formas de expresión: una, la forma típica del sonido que da una orientación definida de los éteres, que está creando un campo magnético apropiado; después, este campo magnético se tiñe de un color que corresponde a esta nota; y, finalmente, el mago produce con una serie más o menos numerosa de elementos químicos creados a voluntad, sin pasar por ningún laboratorio químico, añade cada uno de los átomos y moléculas que necesita para crear una situación determinada, y a esto se le puede llamar magia.

Por favor, habitúense ustedes al término magia en su aspecto científico, no es su aspecto tradicional o místico que nos conduce a edades regresivas por más que fueran sublimes en su tiempo. Estamos enfrentando el problema de la humanidad en las postrimerías del siglo XX, cuando se está extinguiendo un rayo que caracterizó la vida psicológica de un gran número de seres humanos y está introduciéndose dentro de la humanidad un séptimo rayo que debe proceder a reconstruir todo cuanto fue estructurado en el pasado porque destruirá todo cuanto tenga que ser destruido.

Si se introduce normalmente, y yo digo que el punto de paso del séptimo rayo tiene que ser por medio de la humanidad hasta coincidir en el reino mineral, porque el reino humano es el reino de paso de las energías subhumanas, de los tres reinos inferiores, el mineral, el vegetal y el animal, con los tres reinos superiores a los cuales solamente se puede acceder mediante el proceso de la iniciación. Todo está en el misterio de este número cuatro.

Por lo tanto, cuando hablamos de la humanidad como cuarta raza tendremos que meditar también las implicaciones que tiene esta cuarta raza, o este cuarto reino, en el sentido de que es el punto expresivo más completo del cuarto rayo. Si el esoterista entrenado va avizorando el misterio de los éteres verá también que nuestro planeta es el cuarto de una serie de planetas en número de siete que están evolucionando en otro pequeño Esquema terrestre. Si añadimos a esto que nuestro planeta es el cuarto planeta, que está en su cuarta ronda, y está vivificado por la fuerza del cuarto rayo, y que este rayo de belleza, la belleza y el equilibrio es la meta de la humanidad. Tenemos, por lo tanto, una alta frecuencia de rayos vivificando nuestra atmósfera etérica.

El séptimo rayo que está penetrando rápidamente, un sexto rayo que se va lentamente creando fricciones, desde el apego a los valores tradicionales que no quieren ser trascendidos, que hay un 4º Rayo de belleza operando sobre la humanidad, pero que por no poder obtener todavía el canon arquetípico de la belleza, tal como se corresponde con el arquetipo divino, se manifiesta como armonía pero a través del conflicto, este conflicto por el que está atravesando la humanidad.

Y, no obstante, hay que tratar de vivir cada cual el misterio de su propio rayo, teniendo en cuenta que cada persona pertenece a cinco rayos, porque la persona tiene varios niveles de actividad:  tiene un nivel más allá de nuestra razón, que es el espíritu, lo más cercano del hombre a la divinidad, tiene un rayo fundamental.

Existe en el tercer subplano del plano causal o, del plano mental, –manas– una entidad psicológica que en esoterismo llamamos el ego o yo superior, y que en los tratados iniciáticos se denomina el Ángel Solar, que esta entidad es nuestro verdadero Ser, el Yo trascendente al cual se refería Jung, el arquetipo al cuál se refería Platón, son nombres diferentes para la misma realidad, pero, sabemos también, que existe una planificación, un vehículo que es la trinidad humana, constituida por una mente que funciona a cierto ritmo intelectual, un corazón que siente y un cuerpo físico. El espíritu pertenece a un rayo. Se dice que solamente el espíritu tiene tres rayos de actividad, los tres rayos mayores: el de la Voluntad dinámica, el del Amor incluyente y el de la Inteligencia activa; los demás son subrayos por así decirlo, o proyecciones de los rayos principales. Existe también un rayo particular para el ego causal o Ángel Solar, ya tenemos dos rayos; pero, que, la mente del hombre posee también un rayo determinado, el vehículo emocional otro rayo, y el cuerpo físico está siendo orientado bajo la expresión de otro rayo.

Cinco rayos funcionando, está en relación que el hombre solamente puede contener en sí esta potencialidad de rayos, y raras veces conoce su propia identidad. Por eso la frase: “el hombre debe conocerse a sí mismo” o, más afirmativamente como estaba escrito en el templo de Delfos: “hombre, conócete a ti mismo”, tiene una proyección tan grandiosa que vale la pena empezar a andar en este sentido, teniendo en cuenta que el descubrimiento de esto –siéntanse ustedes optimistas, a pesar de todo– que tiene que empezar por ser consecuente de sus reacciones psicológicas con relación al cuerpo físico, con respecto al vehículo emocional o sensibilidad psíquica, que tiene que saber reaccionar inteligentemente al rayo de su mente y, cuando todo esto esté integrado, tiene que establecer contacto con el rayo causal, y cuando el proceso iniciático… –el proceso iniciático es el camino que va del cuarto reino al quinto, del reino humano al reino de las almas liberadas o al reino de los cielos, como decía Cristo– entonces, tendremos que tener una expresión constante de misterios, que deben hacer que podamos complementar este misterio por la gracia iniciática.

Hay elementos externos, pero dentro de la propia naturaleza, valga la paradoja, que hacen que el hombre que busca a Dios primero se busca a sí mismo, después se proyecta a las alturas tal como hacemos nosotros, finalmente, viene una respuesta de la divinidad, y esta respuesta de la divinidad se le llama el proceso iniciático. Y todos cuantos estamos aquí nos estamos preparando para este misterio iniciático. No se trata de un sueño ni tampoco de una utopía, se trata de una realidad que todos debemos afrontar si queremos evitar el sufrir tan intensamente como lo estamos haciendo ahora.

Se trata de vivir ardientemente esta realidad, en la justa medida que esta realidad se hace evidente en nosotros iremos cumplimentando en nuestra mente o en nuestro corazón el misterio de los rayos. Ustedes con el tiempo se darán cuenta de que el rayo físico es el que altera el funcionamiento de las glándulas endocrinas en número de siete.

Si una persona está siendo condicionada por un rayo cuya convergencia son la tiroides, podríamos decir sin riesgo a equivocarnos de que está sufriendo la expresión de un tercer rayo, el rayo que procede de Saturno. Hay que saber astrología, hay que saber medicina, hay que estar en contacto con la ciencia y con la filosofía, hay que estar abiertos por los cuatro costados, si ustedes me permiten esta expresión, para poder un día cumplimentar en nosotros todo cuanto el Creador hizo por nosotros: darnos la posibilidad de acercarnos a Él por un rayo de luz, este rayo de luz es el rayo que condiciona nuestra vida espiritual, y para llegar a este rayo espiritual hay los demás rayos, de lo menor a lo mayor, como son el equilibrio físico, la estabilidad emocional, la capacidad intelectual, y después el contacto a través de la meditación y el yoga con el Yo superior.

Y, hablando de yogas y de meditaciones, cada uno de los yogas está regido por un rayo. Por ejemplo,

  • el sexto rayo es el que da vida al Bakti yoga;
  • el séptimo rayo da vida a Hatha yoga, es un rayo de cumplimiento, son los cimientos;
  • el tercer rayo de vida al Raja yoga;
  • el cuarto rayo está relacionado con el Devi yoga, dense cuenta, el cuarto rayo es el que debe abrir las compuertas a la belleza a través de las cohortes dévicas;
  • el quinto rayo es algo que está más allá de nuestras posibilidades actuales, siendo Agni yoga el yoga que corresponde al séptimo rayo también y que es el que debe dar al hombre la oportunidad de conectarse con el segundo que es el de la Divinidad, y establecerá así un vínculo de unión con las doce constelaciones del Zodíaco, (un ser humano) será astrólogo por intuición y no por estudio.

Les hablo a ustedes de la séptima subraza de la séptima raza, hay un trecho de muchos millones de años para llegar allí, pero, la potencialidad del hombre es tan grande que ahora mismo podemos empezar, y quien empiece ahora llegará antes. Solamente hay dentro del espíritu humano un propósito, un secreto y un objetivo, el propósito de ser, el secreto que revela…

Interlocutor. — Usted nos ha dicho el tercer rayo, del Logos planetario, pero no nos ha dicho el del Ego, o sea, el del Ángel Solar y, entonces, me ha venido a la mente de que en el proceso iniciático, si ya en su síntesis humana conecta con el rayo del Ego planetario, es la tercera iniciación, y así sucesivamente quiero decir.

Vicente. — Pero, es que hay que darse cuenta de una cosa. Yo he dicho que el tercer rayo es el rayo de nuestro Logos planetario, pero usted sabe que la encarnación física del Logos planetario es aquel Ser que en los tratados esotéricos llamamos el Señor del Mundo o Sanat Kumara.

Interlocutor. — ¿Es el mismo Sanat Kumara que el Logos planetario?

Vicente. — No, es que tampoco lo había dicho. El Logos planetario pertenece al primer rayo, es el Logos de nuestro Esquema terrestre. Cada siete rondas o cada ronda hay siete encarnaciones físicas. La encarnación física de la cuarta ronda es Sanat Kumara, es como su cuerpo físico y es su Ego, pertenece a la línea de actividad del primer rayo, por eso se le llama el Gran Iniciador, porque solamente puede iniciar en ciertas iniciaciones una individualidad psicológica del primer rayo, que trae el dinamismo del primer rayo, que es la potencialidad creadora del cosmos. En las primeras iniciaciones, cuando solamente hay el candidato que se introduce en los misterios, es el Bodhisatva o el Cristo para los cristianos, o Maitreya para los Hindúes, es la misma individualidad, porque el Cristo siempre es cósmico; por lo tanto opera siempre en la primera y en la segunda iniciación. Pero, en la tercera, debe ponerse en contacto el discípulo-candidato con la fuerza eléctrica del Señor del Mundo, que es quien opera. Claro, ustedes dirán que esto es un poco complicado, pero, ya les he dicho que tendrán que estar muy atentos, con los oídos internos más que externos, a lo que se dice. También les he dicho, y lo diré siempre, que nunca les podré probar nada de cuanto les digo, ni aun de lo que yo estoy experimentando. Siempre les queda a ustedes un margen creador para dudar. La persona que acepta por autoridad está errando y la persona que niega sistemáticamente está en otro error, entonces, tiene que existir un campo de alta frecuencia que es la duda, y esta duda es la que tiene que decidir sobre la verdad o falsedad de cualquier argumento sometido a la propia consideración. Cuando hablamos de iniciaciones y cuando hablamos de estos seres, para ciertas personas es como si hablásemos de un vecino o de un ser querido, simplemente. Una de las cosas que hay que hacer para ser un buen esoterista es empezar a familiarizarse con la entidades planetarias cósmicas como si fuesen parte de la propia familia, con esta exquisita naturalidad. Es lo que caracteriza al esoterista, ve a Dios una participación consciente y activa en la propia naturaleza, no puede sentirse alejado de la divinidad, tiene un proceso intuitivo en marcha que hace que pueda conectar con los altos lugares. Si no se llega aquí, admitan al menos la posibilidad de la evolución. Se la mire por donde se la mire siempre es la progresión constante y ascendente de cualquier forma de energía en la naturaleza, ya sea la que converge en el reino mineral, en el vegetal o en animal; y cuando llegue al hombre tiene que haber otro punto de llegada, otra meta o conquista, como ustedes quieran decirlo, de la evolución. Entonces, será el quinto reino, y el quinto abrirá las puertas, las fronteras del sexto, y cuando se llegue al séptimo se cumplirá un ciclo, un manvántara, unos cuantos millones de años, no estaremos aquí para contarlo pero continuaremos viviendo, quizás no con esta forma, habremos avanzado en el camino, pero la evolución, el espíritu es vida, no podemos morir, es imposible. Ningún elemento de juicio que tenga algo de lógico puede admitir la muerte de la vida, puede admitir única y exclusivamente la extinción de una forma particular, nada más. La vida continúa, ¿en qué nivel? Lo dejamos para otro día, pero continúa ascendiendo.

Interlocutor. — Ha dicho que la energía es producida por una sustancia. [No] ¿No? Lo he entendido así.

Vicente. — No. La sustancia viene de una energía. Usted es una sustancia que proviene de una energía, y cualquier cosa que usted pueda ver aquí es sustancia proveniente de una energía cristalizada a través de ciertos ciclos.

Interlocutor. — ¿Así?, ¿la sustancia no es antes que la energía producida por la mente?

Vicente. — No, no. Primero es la mente, después la energía y después la sustancia, en estos términos. Primero el sonido, después el color y luego la forma geométrica, creo que lo he dicho claro. Desde hace dos conversaciones estamos repitiendo esto, por eso quizás no dé más detalles. Pero, dense cuenta de que todo cuanto existe aquí es energía condensada y todos son átomos, iones y electrones en movimiento, cuando llega a un punto de concreción se forma un elemento químico y en eso estamos de acuerdo todos. De la misma manera que el científico ha logrado descubrir la energía dentro de un campo, digamos, sustancial, es que existe una energía superior. El quebrantamiento de un átomo produce una liberación de energía, pero antes estaba la energía produciendo la vida del átomo. Y ahora sigan la conversación; les digo que hay que seguir muy atentamente esta conversación porque tiene un sentido y un significado, y a veces será muy difícil de comprender si no estamos muy atentos, yo trato de estarlo y pido cooperación.

Interlocutor. — Yo a través de los vegetales voy analizando, cómo a través de la clorofila, veo cómo las semillas se van formando como una sustancia plástica y, entonces, la clorofila es la que va produciendo, primeramente es una sustancia líquida que luego se va condensando, entonces llega a una condensación del sistema, que es cuando la semilla está en su formación total. Es esa energía a través de esa sustancia que se va condensando, por eso cuando la semilla ya está en su madurez no se ve sustancia ninguna, está condensada como esta madera, entonces cuando viene la época de procrear empieza esa semilla condensada…

Vicente. — No se aparte del tema por favor. Les pido una pregunta, no una disertación. Usted sabe que es difícil llevar una conversación así. Tengo que decir que cuanto ha dicho es correcto, una energía se condensa siempre constituyendo una sustancia material. Todo cuanto existe en el universo es sustancia proveniente de una energía que ha sufrido un proceso de condensación, la prueba es que existe un proceso de condensación que es el que procede de los altos sonidos creadores, que existe después una creación o formación dentro de la sustancia, esta sustancia que se ha ido manifestando y que finalmente existe un campo magnético que produce concreción. Y es lo mismo que decíamos antes, lo más sutil tiene que condensarse para ser objetivo. El alma es el aspecto, la energía más sutil que conocemos, no sabemos cómo es, tal como la electricidad, pero podemos establecer contacto con esta energía, y quizás esto es lo principal del argumento psicológico del hombre. Hemos dicho también que nuestras conversaciones no tienen por objeto llevar a las personas a un nivel en el cual no se sientan seguras, que no puedan afirmarse intelectualmente. Desde el momento en que una idea rebasa la frontera de lo intelectual existe un desconcierto, este desconcierto, repito, debe ser paliado, suprimido por medio de la atención. También he dicho, y repito de nuevo, que las personas se dividen o clasifican en dos amplias vertientes: una eminentemente mental y otra eminentemente emocional, que la persona mental seguirá toda la conversación desde un ángulo de vista plenamente o profundamente analítico, y que la persona de tipo emocional tiene que seguir el proceso desde su propio corazón, pero ambos, el mental, el intelectual y el místico deben estar atentos, porque la atención producirá en el intelectual la capacidad de ver aquello que estamos considerando, y por otro lado la persona de tipo místico sentirá dentro del corazón aquello que estamos diciendo, será otra forma de corroborar esto que estamos diciendo.

Interlocutor. — Yo, hermano Beltrán, supongo que no digo ningún disparate con decir hermano Beltrán [No, no, por favor], soy un iniciado por completo, siempre me han gustado estos temas, pero he visto una cosa que me deja muy en duda. Aquí ha dicho que nuestra meta es belleza y equilibrio, y yo creo que nuestra meta es el amor, y yo veo que sus principios con los que no estoy en contra ni muchísimo menos, pero no se toca el amor para nada, y al menos yo quería hacer esta pregunta.

Vicente. — Yo le haré a usted una pregunta. ¿Es que puede existir belleza sin amor? ¿Pueden existir la belleza y el equilibrio sin amor? ¿Usted puede concebir belleza donde existe desequilibrio? ¿Usted puede concebir belleza donde sólo hay un campo antagónico de fuerzas? Donde existe belleza es que existe el amor, además, usted es la primera vez que viene aquí, luego está usted hablando en un terreno místico y, naturalmente, se encuentra un poco desconcertado. Usted ha hecho lo que yo digo, ha dudado, continúe dudando y comprenderá, pero, si yo le contesto a usted vamos a alargar la conversación hasta el infinito, primero, porque he dicho que nuestro universo está realizado por un impulso del segundo rayo de Amor, por lo tanto, usted no ha estado atento. Todo el rato estoy hablando del amor del segundo rayo, y el segundo rayo de Amor está englobando a todos los demás de los que hemos hablado. No puede existir dinamismo sin el amor.

Interlocutor. — Puede ser que yo no he haya explicado bien, que lo haya interpretado mal, en fin es una cosa que se puede explicar, pero yo lo que veo es que aquí todo son conocimientos, y me gustaría que usted me dijera si es verdad lo que yo estaba pensando o no. Yo creo que el conocimiento te lleva, pero yo sin conocimiento, con el amor puedo llegar a una superior dimensión. ¿Es cierto esto?

Vicente. — Sí, hombre, estamos de acuerdo.

Interlocutor. — Yo quería ver si yo no estaba en contra de lo que decía.

Vicente. — No, no, yo nunca lo he pensado, solamente que aquí estamos tratando, no sé hasta qué punto lo conseguimos, de monopolizar concretamente ideas que están más allá de la mente, de ahí la dificultad de poder expresar ideas cósmicas desde el momento en que la pequeña mente y el pequeño cerebro se están moviendo en tres dimensiones. Y, naturalmente, habrá ciertos vacíos de comprensión, no debido a la idea en sí sino a la dificultad del lenguaje. Pero, yo digo, y estoy de acuerdo con usted, que si falta Amor se derrumba automáticamente el universo. ¿Le basta esta afirmación?

Interlocutor. — Me ha gustado mucho y me ha dejado muy convencido, le doy las gracias.

Vicente. — A ti.

Interlocutor. — No hago la pregunta en un sentido regionalista, pero ya que hablamos de los siete rayos, y sé que se conocen los rayos que rigen España, ¿podría usted decirnos algo sobre si se sabe algo de Cataluña?

Vicente. — No lo sé. Es decir, yo creo que lo que es dado al ser humano es tratar de comprender sus propios rayos. En el momento en que comprenda todos mis rayos comprenderé el rayo de lo que me rodea. Lo que pasa es que las personas tenemos la pretensión –perdonen ustedes porque me lo aplico a mí mismo– de comprender a otra persona y tratar de ayudarla y protegerla partiendo de un deficiente conocimiento de nosotros mismos, y con nuestro pequeño equipo queremos medir por ejemplo el alcance de una región, de un país o de un continente. Solamente sabemos lo que dice la astrología, es que Cataluña pertenece al signo de Escorpio, si Escorpio está regido por Neptuno quizá por deducción podamos decir que tenga un primer y un sexto rayo, lo que hará que sea muy dinámica la proyección del primer rayo, más este fanatismo, a veces exagerado del catalán. El regionalismo catalán es esto, un primero pero ya por vía deductiva. Si ustedes ven un cuadro que hay allí pueden hacerse una idea de situación sin decirles ni afirmar que aquello sea la única y exclusiva verdad, porque la mente, por su propia dimensionalidad, no puede quedar parada en un punto determinado. Yo puedo escribir un poema, un libro, y cuanto queda allí queda cristalizado, se ha paralizado en el tiempo, pero mi mente continúa investigando, mañana leeré este libro y no me llenará, he pasado otra etapa, pues cada uno de nosotros estamos atravesando etapas. Dentro de un millón de años Cataluña será, quizá, otro rayo y será otra cosa, si existe, supongo que existirá. Fíjense ustedes, la proyección, digamos, planetaria, donde por ejemplo existe ahora Siberia se han encontrado animales que antes pertenecieron a una flora y una fauna ecuatorial, por lo tanto, fíjense si da movimientos la vida en el planeta. No hay que ser demasiado discriminativo ni tampoco demasiado afirmativo en valores que prácticamente desconocemos. Si parece que doy a mis palabras un aire de autoridad es porque así lo siento, no crean que quiero imponer una idea, la siento y simplemente la expongo. Esta afirmación muy humilde de mi parte, hará que ustedes acojan de lo que diga lo más comprensivo para ustedes, lo que esté más dentro de su corazón y de su mente, y tal como decía el joven, dudar mucho, porque cuanto yo diga puede ser una equivocación, ¿quién lo sabrá sino ustedes? Yo puedo explicar muchas cosas aquí, puede tratarse de una explicación intelectual que yo haya entresacado de cualquier libro, puede ser que sea una experiencia vívida dentro de mi corazón, pero, ¿quién les informará directamente a ustedes? Sólo ustedes pueden darse la respuesta, y siempre tengo que decir: “no acojan las palabras –tal como decía Buda– como a una autoridad porque vengan de una entidad superior”, aunque sea el propio Maestro, o porque es la expresión de algún libro santo, y que este libro haya sido, digamos así, manifestado por la propia divinidad, como por ejemplo las Tablas de la Ley. Tampoco podemos aceptar cualquier cosa, por bella que sea, por el sólo hecho de que nos hayan dicho que ha sido creado por un ángel, solamente nos queda un recurso como seres humanos, psicológicamente establecidos dentro de una mente que funciona a un ritmo de actividad correcta, de dudar, dudar y dudar. Pero, hay algo innegable, y es que este silencio precursor de verdades es el que preside constantemente nuestras conversaciones. Todo cuanto he dicho puede ser falso, pero el hecho de que estemos unidos es verdadero, y si logramos esto solamente, vale la pena establecer este contacto, no solamente yo, cualquier persona aquí que sea capaz de establecer ese contacto, lo demás no tiene importancia, son ideas que pueden ser aceptadas o rechazadas. Lo que interesa es estar en una comunión constante los que estamos aquí, y que este contacto permanezca estable cuando establezcamos relación con otras personas. ¿Es pedir mucho? Es tratar de ser correcto, lo que decía anteriormente y siempre digo, ser un ciudadano correcto, cumpliendo los compromisos sociales de la mejor manera posible, nada más.

Interlocutor. — Nosotros, que estamos en el camino de la espiritualidad, captamos mejor el séptimo rayo porque, claro, entonces nos da un orden y una justicia, y podemos actualizar poco a poco el primero, el de la voluntad, esta voluntad que primero será un accidente y después podremos captar la intuición, la voluntad que nos puede dar la intuición.

Vicente. — Sí, sí, tiene razón. El hecho de que estemos investigando correctamente, profundamente, algo que para nosotros es un misterio, de hecho, estamos utilizando la fuerza del primer rayo, es que todos los rayos están en nosotros, pero hay unos que funcionan más activamente. Yo adquiriré el ritmo iniciático a través de mi rayo que es el segundo, por ejemplo, pero un científico adquirirá la fuerza de voluntad, o la voluntad dinámica del Señor del Universo, mediante el ejercicio del quinto rayo de su propia naturaleza. Lo que interesa es que busquemos el equilibrio estable de la propia personalidad. Desde el momento en que nos esforzamos para hallar este equilibrio, automáticamente entramos en una línea, digamos, de comunión con el cosmos, y somos más o menos conscientes, pero conscientes de los rayos que condicionan nuestra vida. Solamente cuando se adquiere el poder dévico de un rayo ascendiendo y trascendiendo iniciaciones y traspasando el quinto reino somos, conscientes del rayo de la Mónada o Espíritu humano. Cuando adquirimos la tercera iniciación sabemos el rayo del Alma, y cuando tenemos las dos primeras iniciaciones somos conscientes del rayo de la mente, del cuerpo y del mundo emocional. Pero, ya digo, son palabras.

Interlocutor. — Vemos cómo la semilla para dar lo que tiene en su interior al exterior, cuando llega el momento vibra y se manifiesta, se transmuta y se transforma, pero, ¿por qué entonces los seres humanos que nos consideramos más evolucionados, y que tantos siglos nos llevan enseñando y aún no despertó eso que llevamos en el interior para transmutarnos y transformarnos?, ¿por qué esa diferencia que yo veo cómo los vegetales vibran sin Maestro, sin libros, y nosotros a través de tantas enseñanzas que se nos dice que somos tan importantes, por qué no vibramos como los vegetales directamente?

Vicente. — Ya le he comprendido. Usted dice que los reinos minerales, vegetales, aparte del reino humano, no tienen sus enseñanzas…

Interlocutor. — Bueno, eso es lo que cree la humanidad, yo sí que sé tiene que tienen espíritu y alma

Vicente. — Pues entonces si usted lo sabe por qué lo pregunta. Tenemos que hacer preguntas concretas. Estamos tratando el método científico, esotérico, que es concretar lo mejor posibles las cosas. Cada reino de la naturaleza tiene su propia alma, su propio propósito, su propio secreto, y su propia meta u objetivo, lo que pasa es que es en orden menor al reino humano, pero hay una circunstancia, y usted me la ha recordado, y es que el reino más evolucionado, salvando las distancias, dentro del planeta, es el reino vegetal, y no por una casualidad, sino por una causalidad muy importante, y es que el reino vegetal reacciona al rayo propio del Dios del universo, que es el rayo de Amor, por ello ustedes en la naturaleza hallarán la paz que no encontrarán seguramente en otros lugares. La naturaleza es, por así decirlo, una expresión más grande, guardando siempre las distancias, dentro del orden evolutivo de la naturaleza. Se nos dice también que existe una relación subjetiva muy profunda del reino vegetal con la sensibilidad de los hombres, el amor a la belleza, el vegetal es el reino más bello de la naturaleza, el que tiene más amor, pero la gracia de esto es que está también relacionado con el planeta Venus. Ahora ustedes verán cómo se va alargando el proceso. Viene la proyección del segundo rayo, que es el del Amor Universal, que es el que cualifica la vida del Señor de nuestro universo y que a través de un planeta de belleza y equilibrio convergen la sensibilidad emocional, la capacidad de amar de los hombres y culmina en el reino vegetal, se ha establecido aquí una línea. Si podemos llegar también a imaginar la importancia del planeta Júpiter como elemento del segundo rayo coincidiendo también con el reino vegetal, tendrán explicado el porqué la maravilla de una flor agitándose al viento y perfumando el ambiente. Bueno, no hay necesidad de hacer un elogio del reino vegetal, ustedes lo conocen, pero es interesante, -ahora vamos a ir un poco hacia adentro- afirmar que hay una relación muy directa que cualifica al reino vegetal. Estamos siguiendo un orden que va desde el reino vegetal a su alma colectiva, de la cual hablaremos en su justo día cuando examinemos la fuerza del segundo rayo ya en forma particularizada, y veremos el porqué el reino vegetal ayuda tanto al ser humano en el aspecto, digamos, descriptivo de su vida sentimental. Mirad los poetas, la música, esto es una relación del cuarto rayo, que es de belleza y equilibrio, más el segundo rayo que da amor incluyente, más la capacidad emocional de alta sensibilidad creadora del artista, el músico, y en general de todo cuanto implique un amor por la belleza, como decía el joven. El amor lo llena todo, y la palabra que surge de cualquier boca humana está llevando la impronta del segundo rayo, solamente hay que afinar el oído para poder sacar de esta melodía su nota más cálida y más penetrante.

 Leonor. — Un inciso solamente, el aspecto amor, el aspecto justicia, ¿con qué rayo se corresponde? [Al primero] ¿Se puede hablar de justicia sin amor?

Vicente. — No, no. Vamos a concretar un poco. El amor es incluyente, pero los seres humanos no responden con amor, responden con una disminución de ese amor que llamamos deseo. Cuando el deseo se sublima llega a adquirir el carácter emotivo de los seres humanos, no nos amamos por amor sino que es una participación emotiva de unos y otros seres. ¿Por qué, si hablamos de amor, debemos necesariamente amar más a los nuestros dentro del ambiente familiar que a los demás? Debe existir, por tanto, una justicia en el amor, esta justicia no está precisamente en la emoción, sino que está en el cumplimiento de un orden social cualquiera. Cuando hablamos de amor, permítanme ser redundante en este aspecto, quizás nuestra mente o nuestro corazón solamente esté implicando esta emoción que sentimos los unos con respecto a otros. Si un amor no es de tipo universal, y este amor universal sólo puede ser despertado cuando amamos intensamente a una persona, si amamos intensamente a una persona, muy intensamente hasta el sacrificio, dentro de la limitación de ese amor humano empezamos a crear la estructura del amor universal, pero, ¿existe este amor en nuestros días? Seamos consecuentes por favor. Existe reciprocidad emotiva, y cuando existe reciprocidad y yo amo más a los míos que a los demás no puedo con justicia amar con amor. Entonces, debe existir la espada de la justicia que ha de restablecer los cauces del verdadero amor, por ejemplo, el amor por la sociedad, el amor al grupo, el amor, por el amor mismo, si puedo expresarme así. Tiene que haber un complemento en el amor, pero sin justicia, sin la presencia del primer rayo en las personas, este amor puede quedar circunscrito al área de lo individual, entonces hablaremos del amor de ciertas personas hacia otro grupo de personas afines. Por ejemplo, cómo vamos a amar a una persona del 1er Rayo cuando soy del segundo, soy todo amor, si veo que el primero aplica la espada por doquier, destruyendo todo cuanto yo he creado, y forma parte del amor universal, o cómo podemos capacitar al hombre para descubrir algo científico que es la forma densa del amor de Dios, si somos devocionales y sólo miramos hacia arriba esperando que todo venga solucionado por la fuerza del misterio, pero investigamos, no hacemos nada, tendremos que tener mucho amor para que nosotros, tipos cada uno de un rayo determinado, podamos amarnos y comprendernos. Ahí está el trabajo esotérico precisamente, no en la conversación en sí. Lo que yo decía, cuando estamos atentos, dense cuenta, estamos poniendo todos los rayos en la misma dirección, estamos amando simplemente, no estamos discutiendo, no creamos una trinchera entre unos y otros, y mientras estemos en silencio activo en este dinamismo creador de amor incluyente, la mente no puede funcionar, es imposible, está más allá, es el amor verdadero, porque entonces hemos fusionado todos los rayos en un sólo rayo, y este rayo es lo que preside nuestra conversación.

Interlocutor. — He observado, desde un punto de vista científico que, físicamente, toda la materia organizada, la materia física, los elementos químicos responden a la ley del siete, se van creando uno tras otro, van aumentando sus capas electrónicas y todos se reúnen por afinidad, por grupos de siete, electro-negativamente y electro-positivamente, pero más allá del grupo séptimo existe un grupo que no reacciona con nada, es un grupo como si fuera de estabilidad, tanto que incluso así se le llama científicamente, los gases nobles no reaccionan con nada, entonces, yo me pregunto: ¿más allá del rayo séptimo existe algo que puede ser lo que he dicho ahora o, digamos, por analogía, la luz blanca, que es la estabilidad, la que lo reúne todo?

Vicente. — Sí, sí. Dense cuenta que después que el séptimo rayo llega a su consumación… no voy a pretender que hayamos llegado al cumplimiento total, porque un universo es solamente el trampolín o el punto de partida para otro universo, luego, después que llegamos a ciertos niveles donde aparentemente ya no existe nada, existe el tremendo vacío de lo que va a empezar; es decir, que dentro de esos elementos que usted cita, que al llegar al siete y después al proyectarse hacia delante, existe el misterio de empezar de nuevo en otra dimensión superior, es decir, otra dimensión en la cual se establecerá el mismo principio de siete. Es como si fuesen notas distintas dentro de una misma nota, o subtonos de un solo tono, o tonos de color dentro de un color básico. Pero, fíjense ustedes, que entre allí donde termina, por ejemplo, el violeta, existe una prolongación, una sutilidad que son los rayos ultravioleta, y allí donde empieza el rojo no es más que la prolongación de los rayos infrarrojos, y ¿qué hay más allá, y qué hay más acá? Hay vida, pero nuestra mente no puede llegar a todas partes, solamente ha de atenerse a lo que está en su proporción y medida. Lo interesante es el hecho de que de la misma manera que a un Manvántara de actividad Logoica –que son muchos millones y millones de años- sucede como al ser humano cuando se acuesta, duerme y descansa hasta la mañana, existe un periodo de pralaya, técnicamente descrito, dentro del cual el Dios duerme de su fatiga creadora. Parecerá que hablemos de los Logos como si fuesen nuestros amigos, y así es, en efecto, lo que sucede es que hay que perder el miedo, hay que perder el miedo a lanzar la mente al infinito, porque la base de que comprendamos bien los rayos que nos condicionan es lanzar nuestra mente al encuentro del Logos planetario dentro del cual estamos funcionando, y esto que hace cincuenta años hubiese parecido una herejía, como, por ejemplo, que pronunciemos el OM, que tenía carácter sagrado y que solamente se enseñaba de boca a oído, del Maestro al discípulo, está ahora al alcance de todos, la divinidad está ahora al alcance de todos. La ciencia ha descubierto algo, ha iniciado un camino de comprobación, se está introduciendo en niveles subjetivos, ya se habla del aura de los hombres, lo que antes era sólo una remota posibilidad histórica, pues entonces, la telepatía que antaño era una ilusión está dentro del campo de la ciencia, se está comprobando, y no lo hacen individuos aislados sino especialistas de todas las naciones cultas, porque ha llegado un momento en que el séptimo rayo dé luz a este conglomerado de cumplimiento que precisamos para vivir dignamente como seres humanos. Antes de terminar haremos un poco de silencio, porque este silencio para mí tiene tanta o más importancia que todo cuanto hayamos dicho, porque ahora se trata de comprobar si realmente hemos establecido un campo magnético de unión, y si reflejamos amor por todos los poros de nuestra naturaleza psicológica.

 

 

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