El Proceso de Transmutación de la Substancia

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1975-04-12 Barcelona, 12 de abril de 1975 El Proceso de Transmutación de la Substancia


Quisiera ante todo hacer un pequeño extracto, una pequeña síntesis de lo que hablamos el mes anterior, porque el tema Conversaciones Esotéricas es tan vasto y al mismo tiempo tan complicado, que ni en una, ni en dos, ni en treinta, ni en cien sesiones, podemos dilucidar sus implicaciones más profundas.

Vamos siempre a atenernos a lo inmediato, reconociendo un hecho fundamental, y es que el esoterismo es la ciencia que estudia la evolución del individuo desde las razas más primitivas hasta la realización de los más soberbios arquetipos de la naturaleza.

Es la primera definición con que iniciamos conversaciones esotéricas, diciendo que el esoterismo es asimismo la ciencia que busca las causas que promueven las energías y al propio tiempo el estudio de las fuerzas condicionadas por estas energías que, convenientemente controladas, rigen el proceso de la evolución humana hasta realizar justamente esos arquetipos.

Hablamos, así, brevemente, sobre el espacio multidimensional, reconociendo que el vacío que existe entre una persona y otra, entre cualquier cuerpo opaco en el espacio —incluidos los astros y las más lejanas galaxias—, está lleno de una substancia de vinculación que se reconoce técnicamente como éter, siendo el éter la substancia que dinamiza precisamente el espacio, que lo llena y que permite que las ideas, las emociones y cualquier pensamiento vaya directamente al objetivo a través de este vehículo inconsútil, el éter.

Hablamos también que, fundamentalmente, y relacionada con la evolución del éter, existe una substancia que es la que rige el proceso estructural del universo: Prana.

Prana es la substancia que, convenientemente asimilada, permite la continuidad del proceso de la vida, relacionado también con el éter y con esta substancia, a medida que el hombre —la mujer, el ser humano— evoluciona, va desarrollando un aspecto psicológico particular, más sutil, más en consonancia con su proceso evolutivo.

Entonces vamos introduciéndonos ya en el campo de las facultades, de otras dimensiones, el imperio sobre lo físico, sobre el tipo emocional, sobre el aspecto mental, hasta hacer contacto con algo que está más allá y por encima de estos vehículos.

Este yo trascendente del cual se ocupa la psicología trascendente, y que constituye y ha constituido siempre la meta de los verdaderos investigadores.

Hablamos también de dos aspectos muy definidos dentro del individuo, por un lado le definimos un aspecto, digamos, que tiende hacia la materialidad, hacia el aspecto más grosero de sí mismo y que esotéricamente toma el nombre de El Guardián del Umbral; por otra parte, reconocimos coexistente con esta entidad creada a través de las generaciones, otra entidad consciente denominada esotéricamente El Ángel de la Presencia.

Es decir, que el hombre, el ser humano, está desenvolviendo sus actividades constantemente entre dos polos, un polo positivo y un polo negativo, por un lado el Guardián del Umbral, que también toma el nombre de demonio, y por otro lado el Ángel de la Presencia, que también toma el nombre de ángel, y naturalmente todo este proceso es el campo de atracción y de repulsión, la contracción solar del corazón del Sol, su sístoles y su diástoles, que con su impulso permite la respiración de todos los seres creados, hasta coincidir en la gran respiración cósmica, que, manifestada a través de nosotros, permite dinamizar nuestro proceso hasta alturas indescriptibles.

Hablamos también de la ilusión mental, cómo la persona cuando le falta este mínimo de atención o de observación hacia todo el contexto que le rodea, viene a caer precisamente en una serie de ilusiones, y si precisamente estamos introduciéndonos, vía esotérica, hacia este mundo desconocido del éter, de la cuarta, de la quinta y de otras dimensiones del espacio todavía no controladas, ni establecido contacto con el hombre, es porque estamos en una época en la cual el proceso de la vida tiende hacia síntesis, hacia un dinamismo vital que tiene por objeto ser consciente de lo que científicamente podía ser denominado: los espacios intermedios, aquello que existe entre ustedes y yo, o entre ustedes entre sí.

Cuando sepamos exactamente qué es lo que existe entre un ser y otro ser, qué es lo que lo galvaniza, qué es la energía que se mueve en este nivel inconsútil que es el éter, empezaremos a desarrollar conscientemente otros vehículos, además del físico, el emocional y el mental concreto.

Entraremos en una dimensión abstracta, y entonces podremos contemplar la vida desde lo alto de la montaña y no desde el valle, donde existe la ilusión, y donde existe siempre la fantasmagoría más tremenda y el imperio de la duda, del temor, la desesperanza y todo cuanto lleva el hombre a maya, el proceso kármico, el proceso de vinculación con las cosas pasajeras y la pérdida completa del espíritu de eternidad que está en todos los seres humanos.

Entonces —ya para terminar—, hablamos de una técnica para purificar el individuo, para transformar lo que se llama el Guardián del Umbral en el Ángel de la Presencia, y hablamos brevemente y científicamente de la ciencia del exorcismo —que ahora esta de moda—, que es una técnica que se ha empleado desde luengas edades para facilitar el equilibrio de las razones antagónicas que existen en el individuo, y que a través de la tradición ha venido propagándose hacia nosotros en forma de un figura espantable, una figura horrible con la denominación de demonio, los asuras digamos del hinduismo, del brahmanismo, y los ángeles o los devas también del brahmanismo, pues estos están en todas las religiones.

Tienen por objeto llegar a establecer un día un equilibrio perfecto, a fin y a efecto que el individuo pueda encontrar entonces su propia y única realidad, esta realidad que es el Yo, que es aquello que está por encima de la limitación de los sentidos, de la atracción de las emociones y de los sentimientos, y que está en alturas trascendentes de equilibrio y razonamiento estable.

Llegados a este punto ya podemos empezar a comentar un proceso que se está realizando actualmente a través precisamente de la ciencia, que es: El Proceso de la Transmutación de la Substancia.

Antiguamente los alquimistas, que fueron los precursores de la química, estaban buscando el oro a través de la dignificación de los metales viles como el hierro y el plomo para convertirlos en oro, y el trabajo aparente era de buscar una transmutación meramente física, pero el verdadero alquimista, el verdadero Maestro en esoterismo, está buscando una transmutación que nada tiene que ver con la conversión del hierro o del plomo en oro sino que tiene por objeto restar energía al Guardián del Umbral y convertirlo en el oro del Ángel de la Presencia.

Todo el proceso de la evolución desde el principio de los tiempos está en separarse del campo magnético o gravitatorio del demonio, esta entidad que nos ha venido facilitada a través de las generaciones por la tradición y quizá a veces por la superstición.

Pero, ¡cuidado!, tengan ustedes en cuenta, que realmente existen cosas en el universo donde nos movemos, donde vivimos y donde tenemos el ser, que todavía no han encontrado explicación científica, en tanto que la filosofía esotérica desde hace siglos y siglos está ya intuyendo lo que hay más allá y por encima de los sentidos, de las emociones y aún del pensamiento más profundo e indescriptible.

Por lo tanto, si vamos a crear una nueva sociedad, una Nueva Era, dentro de la cual el proceso de la vida debe dignificarse hasta el extremo de que el hombre se convierta en un ángel, deberemos pasar por un proceso de transmutación, una transmutación física que lleva a la integración del cuerpo físico, una transmutación de lo físico hacia lo emocional, para convertir en radioactivas todas las células del mundo emocional, y llegando aquí, transmutando constantemente el proceso, debemos llegar a purificar la mente de todo peso objetivo, de toda realidad pasajera, para que se comprenda cuál es la génesis que está vibrando más allá y por encima del yo actual, del campo actual de nuestras percepciones.

Y entonces ya nos estamos introduciendo en esta cuarta dimensión, de la cual no sólo tenemos que ser conscientes sino plenamente autoconscientes, es decir, capaces no de ser una pequeña parte oscilante dentro de la historia genética también del plano emocional, porque también tiene sus genes, sino de ser conscientes de nosotros en relación con la panorámica de lo que estamos observando, y que empieza, en algunos casos, en el fenómeno del sueño.

Porque en el sueño a veces nos damos cuenta de que estamos soñando, ya es un principio de autoconciencia astral, pero plenamente astral significa que el campo de las emociones debe ser tan exquisitamente llano y tan cuidadosamente trillado, que ninguna emoción grosera sea capaz de apoderarse de su dominio; es decir, que cuando hablamos del Guardián del Umbral, estamos refiriéndonos concretamente a un hecho social, y aunque parezca algo inaudito es la realidad.

Porque… ¿qué conocemos de nuestro ambiente? ¿qué sabemos de las corrientes de pensamiento o de emoción? ¿qué sabemos de estos sentimientos de integridad y de belleza, que se introducen por no sabemos qué misteriosa alquimia dentro del cuerpo emocional o dentro de la mente?

Pues precisamente el estudio de esos problemas debe constituir el punto de partida para el hombre social de la Nueva Era, porque si no comprendemos exactamente el sentido del Templo de Delfos “Conócete a ti mismo”, con todas las dimensionalidades del ser, no solamente reconocerse como el “yo” sino como señor de los sentidos, señor de las emociones, señor de los pensamientos, señor de todo el campo de aquello que nace y muere.

Porque Él está por encima de la vida y de la muerte, está por encima de la Rueda de Samsâra que lleva a la muerte y al nacimiento; y por tanto, todas estas cosas que vamos a decir, y que no deben ser aceptadas porque lo diga una persona en la cual se confía, sino que sea el producto de un razonamiento, de una lógica, de un proceso de estructuración de este gran monumento que es el pensamiento humano, para llegar a la conclusión finalmente de que realmente sabemos muy poco.

Reconocer esta humilde aceptación es el principio de la búsqueda, porque a medida que vayan avanzando dentro de las dimensiones del espacio serán conscientes de unas perspectivas, yo diría, bordadas por crepúsculos de ensueño, donde la mente es capaz de paralizarse y no puede hacerlo porque debe continuar su búsqueda constantemente.

No hay nada peor para el individuo que crearse una meta, o crear una estructura.

Cuando creamos una meta ya estamos limitando la visión, ya estamos limitando la longitud eterna del pensamiento, estamos auto-ofreciéndonos en holocaustos de falsos valores, pero si continuamos la búsqueda del proceso, si continuamos observando, si queremos ser seres realmente sociales, debemos empezar a reconocer que el misterio que aguarda al hombre en esta Nueva Era es adueñarse de la cuarta y de la quinta dimensión, reconociendo un hecho innegable, y es que en cada dimensión, en cada plano oculto de la naturaleza y en cada rincón del cosmos, hay un secreto para el hombre.

Y que el hombre debe esforzarse constantemente para recoger esta ofrenda de los dioses, este fuego, este sol de Prometeo y llevarlo con toda su riqueza dentro del corazón, si no es así no podrá reconocer nunca los valores del espíritu y jamás tendrá un entendimiento capaz de revelar aquel “yo” esotérico, aquel arquetipo para el cual ha sido programado.

Bien, existe un proceso de magia, y siendo magia el poder de dirigir a conciencia, a voluntad, dentro de un espíritu de bien, a todas estas fuerzas, estas criaturas conscientes e invisibles que pueblan los éteres, todas las dimensiones del espacio, y todos los elementos de la naturaleza, para constituirse en Señor de todo el proceso estructural del universo, para convertirse en un creador universal.

Porque todas las religiones, sin distinción alguna, reconocen que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, por tanto, es la semilla eterna de una realidad inconsútil, de una realidad que todo el mundo, por profano que sea, algún día tendrá que reconocer como un hecho vital en su vida.

Y este proceso es el que les ha llevado a ustedes hoy aquí, y si ustedes analizan el misterio que se agita en el silencio, el que se está provocando, ya tendrán una pequeña noción de lo que hay que entender por este aspecto dévico de la naturaleza, es decir, los ángeles.

No hay ninguna religión en el mundo que no rinda culto a los ángeles, bajo nombres distintos, serán devas, ángeles, arcángeles, asuras, serafines u otros nombres o Agniswhattas según el brahmanismo hindú, pero en el fondo todo esto es un proceso de unificación de la psicología del hombre con la psicología de otra evolución de la cual poco sabemos, y sin embargo, de la cual cada vez tenemos que estudiar más su significado.

Es decir, que el hecho de que ustedes me oigan, el hecho de que estén atentos al proceso que está desarrollándose, es una demostración de que este éter no está vacío, que existe una substancia inteligente que guía los pensamientos, que atrae la atención, que crea nubes si conviene, o luces o colores, porque las palabras vistas en una cuarta dimensión se convierten en colores, y este color será tanto o más bonito y agradable cuanto mejor sea el pensamiento que la emite o la palabra que se pronuncia.

Entonces, todo el proceso de la atención ya debe empezar cifrándose en el valor cualitativo de la palabra, siendo la palabra el principio emanado del Verbo o sea el principio de la creación, pues todas las religiones sin distinción, dicen: El Universo es el resultado de la Palabra del Creador.

Dios dijo: “Hágase la Luz”, el AUM, la Luz se hizo. Pero cualquier religión oriental dice lo mismo, cuando el Señor inició su canto surgieron los soles, las estrellas y surgieron los planetas, entonces no es sin razón que la palabra tiene una motivación oculta y que esta motivación oculta es lo que debe emplear el pensador para interpretar correctamente las emanaciones arquetípicas del yo trascendente, para servir de vehículo de comunicación con los demás seres, y no como hasta ahora que la palabra constituye todavía un germen de separatividad.

No olviden ustedes unas palabras del evangelio, de Cristo: “El día del juicio -todo es simbólico naturalmente- os serán tenidas en cuenta incluso vuestras palabras inútiles”.

Ya no-solo las palabras insanas, la murmuración, la crítica o la maledicencia, sino las palabras lanzadas sin ton ni son, y que constituyen como un bumerán, un arma que vuelve contra aquel que las ha emitido, constituyendo el principio del karma.

Y si van ustedes, en el proceso estructural del universo, ya, buscando la aceptación mística de lo que ocurre en los elementos de la naturaleza, la tierra, el fuego, el aire y el agua, e interpretan esto desde un punto de vista esotérico, como que estos elementos tienen vida, y que esta vida es consciente, y que dentro de los elementos existen entidades que lo componen, que lo constituyen, y que se llaman elementos de la naturaleza, y que estos están actuando en y sobre el individuo constantemente, tendrán materia para pensar en grandes proporciones.

Ya se estarán introduciendo en el campo magnético de lo que será el hombre del futuro, el hombre que interpretará la voz de los ángeles y al propio tiempo será capaz de cumplir con su cometido, de dominar las fuerzas elementales de la naturaleza a través los cuatro elementos conocidos, la tierra, el aire, el fuego y el agua, porque dentro de estos elementos está la vitalidad de Dios y esta vitalidad es la que crea la estructura del universo, y que el éter es el transmisor de la verdad de la divinidad, y en los cantos antiguos se dice que el éter es la sangre de los dioses, luego significa, que realmente estamos inmersos en la sangre del propio Dios.

Y cuando esotéricamente se dice: En Él vivimos, en Él nos movemos y en Él tenemos el ser, estamos diciendo que estamos dentro de la sangre del propio Dios, y que dentro de esta sangre los cuatro elementos tienen que depararnos el motivo de futuras creaciones.

Ustedes, y todos en general, de pequeños se nos ha enseñado que existen elementos invisibles, las hadas de los bosques, de las flores, los enanitos de la tierra, las ondinas del agua, los silfos del aire, las salamandras del fuego, pero ha quedado como un cuento infantil, como algo solamente para las mentes infantiles, y no obstante, lleva la tradición de lo real, de lo que sucede en el éter, de aquello que está más allá y por encima del entendimiento actual.

Estamos programados para tener a nuestra disposición las fuerzas condensadas y las energías pletóricas de la vida de Dios, que es el éter, la multidimensionalidad del espacio, el poder que promueve toda posible evolución, y aquel poder que crea el principio y el fin de todas las cosas, que es la serpiente mordiéndose la cola del Brahmanismo, el día y la noche es la misma cosa, es la oposición del mismo proceso, los crepúsculos y las auroras, los días y las noches.

Todo está conjuntamente, y el día que la persona aprenda a reconocer esto dentro de otra dimensionalidad sabrá cuál es el proceso que debe seguir para tener a su control aquellas pequeñas vidas que se agitan en el éter, ya sea en el agua, en el aire, en el fuego o en la tierra, para convertirse en un proceso místico de integración, en un perfecto Hijo de Dios aquí en la Tierra.

Esto es fundamentalmente el objetivo de estas conversaciones esotéricas, y si alguna cosa parezca extraña ruego solamente que se medite, que se piense en aquello que hemos aprendido, en los sueños de cuando éramos niños.

Qué pasaba en nosotros cuando éramos puros todavía, cuando la mente todavía no estaba contaminada por el pensamiento, cuando no sentíamos el agobio del deseo, cuando estábamos inmersos todavía en aquella mística cuarta dimensión de la cual proveníamos, para saber que estamos ahora reproduciendo un proceso que debe seguir contrariamente las agujas del reloj de la vida actual, debemos dar un giro completo de 360º grados, volver al principio de lo que fuimos, para reconocer en cada vuelta del nuevo camino cuál es la espiral que debemos coger y cuál ha de ser nuestro verdadero camino.

Porque estamos hablando de integración, en yoga se habla de integración de los vehículos de la personalidad, se nos habla de respiraciones, se nos habla de posturas, pero… ¿se ha meditado bien profundamente el significado de las asanas, por ejemplo, de las respiraciones, de todo el significado de la concentración y que cuando se nos habla de integración espiritual o material en cualquier vehículo, se nos está dando una idea de que en nosotros está ardiendo este fuego promotor de lo creado, y que debemos utilizar este fuego para producir cosas mejores, tal como dijo Cristo?

Entonces, el proceso es de un estudio constante de todo aquello que ahora se presenta ante nosotros como una interrogante, hay que llamar a la puerta de los misterios para que los misterios respondan, hay que llamar para que nos abran la puerta de esos misterios, hay que pedir constantemente, porque pidiendo e interrogando al futuro es cuando seremos libres en el presente.

Y esto es precisamente lo que debemos hacer constantemente, ser conscientes en el presente de todas las dimensiones para saber lo que es el gozo de la integración.

La integración solamente del cuerpo físico exige años y años de lenta y estructurada práctica.

Existe una concentración constante de estos límites y fronteras que nos hemos autoimpuesto, debemos estar constantemente pendientes de la influencia del tiempo que está pasando y no dejar pasar ni un solo minuto sin tener una responsabilidad respecto a este minuto, que es cómo se libera uno del karma, es decir, del destino nefasto que aparentemente viene transmitido por las estrellas. No es así.

Las estrellas nunca pueden obligar al hombre a realizar algo que está fuera de sí, las estrellas solamente nos inclinan, indican un camino, tú debes decidir si has de seguirlo, y esto es precisamente la base del esoterismo: que sintiendo la influencia de las estrellas puede dominar su influencia a través del estudio concentrado de esta obligación autoimpuesta, de esta regulación incesante de la vida, de este poder inmenso sobre los elementos y sobre los éteres, para llegar a un punto de concentración en cada uno de los cuerpos y vehículos capaces de producir por esta fuerza impulsiva de invocación una gran integración de principios.

Y entonces podremos ver, reconocer y saturarnos del principio del reconocimiento divino, veremos que realmente cuanto nos dijeron los sabios del pasado, los grandes filósofos, lo que vivieron los místicos y lo que nos ha legado a nosotros la tradición, tiene su punto de aceptación real, pero no hay que reconocerlo mentalmente como un nuevo conocimiento, que es lo que ocurre desgraciadamente con el esoterismo, se está reconociendo integralmente el esoterismo.

Se está simplemente estudiando, reconociendo, el esoterismo, pero ¿existen realmente vidas esotéricas?, ¿existen discípulos en el mundo?

Esto naturalmente es un desafío impuesto a nuestra condición de pensadores, de observadores de este proceso que está a nuestro alrededor constantemente.

Por tanto, si somos capaces de aceptar el desafío de los hechos, si somos capaces de reconocer que sabemos muy poco en relación con lo mucho que hay que aprender, y que aun lo poco que sabemos es solamente de tipo intelectual, no nos extrañemos que la sociedad esté en crisis.

Que los valores fundamentales del espíritu estén relegados a un segundo, tercero, cuarto o quinto término, y que solamente exista un principio de separatividad y de egoísmo, y que existan guerras y conflictos por doquier, porque todo este proceso está llevado por este poder del hombre que tiene sobre los elementos.

Porque, naturalmente, se nos dice en táctica militar, por ejemplo, la guerra es el principio que nace de dos voluntades opuestas, no es más que reconocer que constantemente existe en la sociedad —porque existe en el individuo— una oposición constante contra sí mismo o contra los demás, y que solamente cuando el hombre tiene paz es cuando se siente unido a los demás.

Cuando exista un proceso estructural armonioso y equilibrado en marcha y la sociedad puede (podrá) convertirse entonces en un arquetipo de lo que debe ser la verdadera sociedad.

Estamos andando quizá por caminos no trillados, pero no duden ustedes que…

en el fondo del corazón, existe una verdad eterna que dice “sí” a todo aquello que es verdadero y que automáticamente dice “no” a aquello que es falso, es la voz del corazón.

Es la voz que nace cuando hay una integración perfecta de principios, cuando la inteligencia funciona adecuadamente, cuando la voluntad está libre de la imposición de los elementos, ¿por qué?, porque está dominando sencillamente los elementos, está creando un campo magnético —si ustedes me permiten esta expresión— en el éter, creando un misterio que debe ser revelado a los demás, y a ello se le llama inspiración, y se expresa por medio del verbo, la palabra, y todos podemos expresar esta palabra después de hacer un vacío en el seno del éter donde estamos inmersos.

Así que tenemos una gran responsabilidad por el solo hecho de aceptar —aquellos que lo acepten como cosa real y natural— el principio de que estamos inmersos en un éter y que este éter está ocupado por una multitud de vidas que desconocemos, y que estas vidas son las que traen a nosotros un control o un descontrol, un equilibrio o un desequilibrio, una paz o una guerra, un principio de unidad o un principio de separatividad, ya estamos nuevamente hurgando en el misterio del Ángel del Umbral y del Ángel de la Presencia, porque están dentro de nosotros.

Cuando la mente está actuando positivamente en el éter, está atrayendo unas substancias inteligentes, un campo magnético que crean esas substancias a nuestro alrededor que nos aísla de todo complejo de mal, y cuando estamos inmersos en los grandes problemas sociales o individuales o personales o familiares, estamos al mismo tiempo atrayendo una considerable cantidad de elementos y energías que constituyen un campo gravitatorio que es el germen donde se apoya, crece y se desarrolla el Guardián del Umbral.

¿De quién depende entonces el proceso estructural de la vida? Todo lo tenemos a nuestro alrededor, solamente debemos desarrollar la capacidad de recibir lo mejor y de rechazar lo peor, lo bueno y lo malo, las tinieblas y la luz están constantemente dentro del corazón humano, en este vaivén del principio de analogía hermética de polaridad.

Cuando nos quedemos centrados en un punto estable, cuando el mecanismo de recepción de las energías, cuando el poder de la mente tenga abiertos los cauces de la intuición, cuando el corazón sea casto, cuando el sentimiento haya logrado penetrar dentro de la radioactividad divina, cuando pueda expresar un sentimiento realmente creador, entonces podremos decir que estamos en contacto con estas fuerzas angélicas de la naturaleza, y que ellas colaboran con nosotros para que nosotros como seres humanos realicemos aquel arquetipo para el cual hemos sido programados.

Este es un proceso que hay que estudiar de una manera no mecánica, sino de una manera sentida, sintiendo que el corazón… (Se produce un corte de sonido)… Dios cósmico puede ser el cuerpo emocional de no importa qué Logos Supercósmico, por el cual, está la cosa de una manera que va extendiéndose la mirada por el infinito, que hay que reconocer que el hombre no puede señalarse una meta porque es perderse y es perder de vista lo insondable de lo eterno.

¡Sí!, podemos, debemos, vivir todas las dimensiones del espacio, por eso las conversaciones esotéricas, las conversaciones que tienen que ver con la unidad, no de pensamiento sino de alma entre nosotros, debe capacitarnos para hacer un vacío dentro del éter contaminado por los pensamientos y por las emociones degradantes, y reconocer, vía el espíritu, que realmente podemos y debemos dominar estas dimensiones.

Para más aclaración, señora, la cuarta dimensión que tanto está la ciencia tratando de buscar y que todavía no ha alcanzado, es el cuerpo emocional, es el plano emocional.

Que la quinta dimensión es el plano de la mente, si somos autoconscientes mentales, no simplemente conscientes mentales, sabremos de lo qué es realmente el quinto principio cósmico a través de la mente de Dios, que es el quinto plano de la naturaleza, y que se manifiesta como mente en nosotros.

Y si vamos ascendiendo todavía más, vienen las otras dimensiones, y a través de un proceso místico, llamado iniciación, vamos penetrando estos misterios, a través del cómputo, digamos, correcto, claro y concreto de esas dimensiones, poder establecer un contacto vía cerebro y no ya vía intuición, sino que la intuición ha establecido un contacto tan perfecto con nuestra mente, y la mente la ha transmitido tan fielmente en el cerebro que podemos vivir constantemente en el estado de samadhi, en el estado puro de iluminación.

Y esto es lo que hacen los grandes Maestros de la humanidad, sean reconocidos o no, pero un Maestro de esta categoría quizá lo encontremos por la calle y no sepamos reconocerle, porque así viene la palabra santa:

Pasará el Maestro por tu lado y tú no lo vas a reconocer

porque estás en otra dimensión.

Hay que estar en la propia dimensión del Maestro para que el discípulo pueda reconocerlo, si no es así, no existen discípulos, discípulo es todo aquel ser capaz de establecer contacto consciente con el Maestro en su propia dimensión.

No tiene que esperar nunca que descienda el Maestro, debe ser el discípulo quien debe ascender por la ruta del arquetipo hasta decir: “Yo estoy aquí, Padre, hágase tu voluntad”, que es la memoria mística de todos los grandes buscadores e investigadores de las leyes del espíritu.

 

Interlocutor. — ¿Este sentido puede ser consciente o inconsciente, el contacto con el Maestro?

Vicente. — Realmente no se puede establecer contacto inconsciente con el Maestro.

Sra. — Quiero decir, en estado de vigilia o en estado de sueño.

Vicente. — En estado de sueño sí, pero eso no es inconsciente, eso es consciente, ¡eh!

Sra. — Sí, eso quería decir.

Vicente. — Se puede establecer contacto con un Maestro, y cuando esotéricamente hablamos del Maestro nos estamos refiriendo a un ser que ha trascendido la vida humana, y que por tanto está viviendo en un plano al cual solamente tiene acceso aquel que por vía mística ha logrado controlar sus cuerpos y ha establecido un vínculo, un antakarana, de relación entre su mente y la mente poderosa del Maestro.

Sra. — Quiere decir que en este estado él se acuerda, cuando no nos acordamos no ha pasado nada.

Vicente. — Sí, sí, exacto, es decir, que no hay ninguna experiencia realmente espiritual y mística que no deje sus señales en el cerebro o en el corazón. De ahí que hay que liberarse de la ilusión de haber establecido contacto con el Maestro. No hay que ser nunca extravagante en estas cosas, no podemos establecer contacto con el Maestro si no estamos en su propia dimensionalidad, hasta donde él se digne descender, y nunca será más abajo del plano mental superior. Así que todas los sistemas de yoga, todos los sistemas de entrenamiento espiritual-esotérico, y todas las escuelas esotéricas del mundo, están preparando al hombre sólo y únicamente para que pueda establecer contacto con el ser superior que llamamos el Ángel Solar o el arquetipo humano, porque una vez se establezca contacto con este vínculo de relación, con esta Alma o Yo Superior, entonces se puede afirmar sin duda alguna que desde aquí es fácil establecer contacto con el Maestro, y entonces el Maestro puede dar su mensaje a su discípulo y el discípulo a su vez lo transmite al mundo, a todos los seres humanos. Es la Ley, y siempre ha sido así y siempre será así, es la afinidad de los arquetipos celestes.

Interlocutor. — ¿Es el átomo el Verbo?

Vicente. — ¿El átomo? Bueno, yo diría que el átomo… hay muchos átomos, hay el átomo ultérrimo, hay el átomo en cada plano, hay la célula, hay el vínculo del éter de relación y hay la palabra, pero la palabra es la voluntad de Dios manifestándose en el éter. Ahora bien, cuando la Voz, el Verbo de Dios, se transmite por el éter, está creando un reguero de fuego, y entonces está creando los átomos, es decir, que todo átomo no es ni más ni menos que un resultado de la palabra de Dios descendido a varios niveles; es decir, que cuando el OM sagrado, cuando el Verbo de Dios llega a lo más bajo, se crea el mundo mineral con todos los átomos, siendo el más fuerte el plutonio. Un átomo de plutonio es el más fuerte que hay, el más pesado, y al propio tiempo el de más carga radioactiva, de ahí que cuando en el proceso de rotura del átomo se libera la energía, se está enseñando al hombre la técnica de la transmutación y de la liberación, pero el átomo, y todo cuanto nos envuelve, es átomo. Es prana en acción. Desde el átomo físico ultérrimo, el último que llega a la actividad por la actividad del Tercer Logos o el Espíritu Santo, se transmite hacia arriba a través del Hijo hasta llegar al Padre, está siguiendo un reguero de fuego, desde el fuego de Kundalini, que es el átomo radioactivo de la materia, pasando por el fuego Solar del corazón del hombre redimido, hasta llegar al fuego de Fohat del espíritu ha seguido un proceso, y todos son átomos. Pero la vitalidad de un átomo eléctrico, digamos así, de un electrón o de un protón perteneciente a la actividad del 5º subplano de la naturaleza o la mente cósmica, no somos capaces ni la ciencia, ni nadie, de poder descubrirlo por su increíble sutilidad y por su tremenda fuerza radioactiva, de ahí que cuidado los que practican el yoga, pues si no pueden controlar la fuerza de la materia que es Kundalini ¿cómo van a monopolizar la fuerza de Fohat, la fuerza del Espíritu, este fuego eléctrico que lleva precisamente la iluminación, la perfección, la liberación de todas las cosas? Así que, resumiendo, la palabra a través del éter pone incandescente el éter y crea los átomos, y crea los niveles de actividad y crea los ángeles y los hombres y crea la naturaleza entera, y místicamente dice al hombre:

”Tú debes realizar la gran proeza de redimir toda la substancia que esta aquí y devolvérmela a mí pura y redimida, tal como salió de mí”

de ahí que en el hombre está el proceso del principio y el fin de todas las cosas, y que realmente en este incesante fluctuar de un lado hacia otro, buscando constantemente el ideal —como decía la señora—, estamos realmente buscando a Dios constantemente, y al buscarle estamos redimiendo cada vez más porciones de nuestro cuerpo, de nuestro cuerpo emocional o de la mente, para llegar todo esto hacia arriba, al Yo, y de decir:

“He ahí, he redimido todo esto, éste es mi trabajo, éste es mi karma, dadme mi destino”

y entonces viene la Palabra de Dios y dice:

“Éste es mi Hijo muy amado en quien tengo puestas todas mis complacencias”

y desciende místicamente la paloma, que es el Cristo en ti esperanza de gloria, y se convierte el hombre en una entidad celeste, en una entidad divina.

Interlocutor. — Podría aclarar, cuando una persona piensa, por ejemplo, en un Maestro que no conoce, en el momento que piensa se plasma una imagen, ¿es esa imagen que viene a la mente de uno o es tu mente que va a ésta imagen?

Vicente. — Bueno, la imagen del Maestro no podemos determinarla. Vamos a ver, la mente del hombre por su propia creación es capaz de crear una imagen, y todo el mundo crea imágenes, ya sea del Maestro si tiene aspiración hacia el Maestro o porque ha visto alguna fotografía del Maestro, y situarlo como una ofrenda más al plano mental. Pero como hay muchas personas que piensan en el Maestro, vamos a poner al Maestro Jesús, por ejemplo, que es el más conocido en Occidente, una idea o una imagen del Maestro Jesús de una persona, automáticamente toma cuerpo en el plano mental, por la acción de los devas, ya estamos aquí; otra persona está creando asimismo una imagen del Maestro Jesús y también queda situada en el plano donde está situada la otra imagen porque está más o menos dentro de un plano de devoción. Cuando hay millones de personas que están pensando en una idea definida, aunque distinta del Maestro Jesús, tendremos en el plano mental una imagen del Maestro Jesús que no será el Maestro Jesús, que será una idea que tiene la humanidad del Maestro Jesús, entonces, una persona que tenga una cierta predisposición a ir al plano de la mente puede captar una idea o un significado o una imagen propio de esta forma que ha creado la humanidad del Maestro Jesús y cae en la tentación de decir: “He establecido contacto con el Maestro Jesús”, cuando lo que realmente ha hecho es ponerse en contacto con una forma de pensamiento del Maestro Jesús creada por la humanidad. Por lo tanto, lo que hay que hacer es buscar al Maestro Jesús en el corazón, y no pensar en arriba y abajo, porque cuando estamos reproduciendo la imagen del Maestro es que estamos alejados del Maestro, cuando el Maestro establece contacto con un discípulo es porque el discípulo lo tiene ya en el corazón, no como imagen sino como realidad. ¿Pueden establecer ustedes la diferencia que existe entre un contacto mental con la figura de un Maestro hasta sentir al Maestro dentro del corazón? Otro desafío para nuestra actividad de observadores, de cronometradores de la ciencia divina. Así que, lo mismo que ocurre con el Maestro Jesús puede pasar conmigo, porque cada uno de ustedes tiene una idea de mí que no será igual. Pues bien, ustedes tendrán una idea del Sr. Beltrán o de cualquiera de ustedes en el plano mental; los que están aquí esta noche pensarán algo de mí cuando recuerden la experiencia de contacto, pero ninguno tendrá la misma característica debido a los matices del entendimiento, al colorido, a la intensidad con que han sabido seguir la conversación, y si sueñan al Sr. Beltrán dirán: “El Sr. Beltrán me ha dicho esto, he estado con el Sr. Beltrán”, y han estado con la forma mental del Sr. Beltrán que han creado ustedes. Entonces, fíjense si es difícil encontrar la verdad dentro del mundo de la ilusión, teniendo en cuenta que el pensamiento humano es creador por algo, porque al pensar creamos un campo magnético, que este campo magnético según su grado de densidad está atrayendo la actividad o bien de los devas o de los asuras, o bien de los ángeles o los demonios, tal como los conocemos más. Y, naturalmente, si una persona piensa mal del Sr. Beltrán y otra piensa en bien, estarán luchando en el plano mental dos ideas superpuestas. Ahora bien, cuando en un país o en otro país, están pensando las gentes así de los gobiernos, o pensando cómo haríamos esto o cómo haríamos nosotros si estuviéramos en el poder, realmente están creando imágenes de los hombres de estado que no son reales y, ¡cuantos de nosotros no hemos soñado a Franco algunas veces! Y qué buen hombre, no sabemos que estamos con una forma de pensamiento creado por la nación, y que esta imagen y que lo que entraña para nosotros es solamente que tenemos un gran poder de proyección. Vamos a hacer una experiencia en conjunto un día u otro de pensar en un mundo real para todos, en un mundo donde no existan penas ni conflictos, ni odios ni dificultades, y vamos a plasmarlo en el plano mental, porque por ley de afinidad, por esta ley del bumerán que se lanza y vuelve a ti, llevando a ti lo bueno y lo malo que has sembrado, entonces podemos formar un mundo mejor, pero, esotéricamente, y aconsejo mucho esto, no pensemos nunca hasta que estemos seguros dentro del corazón que hemos establecido contacto con un Maestro, es decir, con un habitante del 5º Reino de la Naturaleza.

Interlocutor. — Entonces no podemos ir en contacto de ningún Maestro, ¿pueden llegar a algunas personas por alguna gran meditación en contacto con los planos superiores espirituales dentro de ellos mismos?

Vicente. — Naturalmente. Es que no hay que buscar el Maestro para encontrarnos a nosotros mismos, porque el gran principio espiritual es que tú eres tu único Maestro, ya se nos dice, “estas hecho a imagen y semejanza del Creador”, y el Creador está por encima de todos los Maestros. Por lo tanto, no se trata de un compromiso con el Maestro, el Maestro existe como una realidad inmanente y trascendente, y está en nosotros en forma inmanente porque todavía no lo hemos realizado, y está trascendente en cuanto nosotros tenemos la posibilidad de actuar algún día en los niveles donde actúa el Maestro, pero la escuela máxima del yoga es la que dice bástate a ti mismo, no busques el apoyo de nadie en tu búsqueda de Dios, porque tú eres tu único Maestro. Por lo tanto, cuando decimos conócete a ti mismo, estamos tratando de llegar a unas alturas del yoga donde todavía prácticamente no se ha llegado, que es la síntesis, buscar el Maestro interno, o Cristo en ti esperanza de gloria. No se trata de un Cristo histórico, tal como acostumbramos a creer, se trata del Dios Universal que bajo la forma de Cristo o el nombre de Cristo, está en nosotros. Por lo tanto, cuando nos referimos al Maestro, es referirnos a aquellas posibilidades que tenemos nosotros de poder conquistar la altura de un Maestro. Que el Maestro tenga contacto social con nosotros es lo más lógico, porque la ciencia de la vinculación, del cual el éter es el agente, indica que los soles, los planetas, los satélites y las galaxias están unidos formando una familia, y que existen visitas periódicas de elementos celestes de unos y otros planetas, y que todo planeta tiene vida diga lo que diga la ciencia, porque la ciencia está operando con medios mecánicos y el espíritu de Dios esta más allá de esas cosas. Por lo tanto, la búsqueda del Maestro debe ser el objetivo del yoga, el Maestro Interno, y cuando realicemos el Maestro Interno veremos lo que pasa. Pero antes vamos a buscar el Maestro interior, teniendo en cuenta una cosa fundamental, y esto lo recuerda mucho Krishnamurti, que si estamos pendientes de la ayuda del Maestro perderemos la facultad, la capacidad de trabajar por nosotros mismos, de ser creadores, y entonces al perder la creación caeremos bajo el yugo de la tradición o de la teología, o bien del dogma. El yoga es la escuela del espíritu para llevar el hombre de la oscuridad a la luz, de lo irreal a lo real y de la muerte a la inmortalidad.

Interlocutor. — Tenemos o, vivimos, un poco bajo la influencia de los asuras y de los devas, según está el mundo parece que hay más cantidad de gente mala, con las guerras y todo, ¿es que los asuras tienen más fuerza que los devas sobre la mente humana?

Vicente.— Bueno, es que no se trata de que los asuras o los demonios tengan más influencia que los ángeles o los devas, sino que el hombre virtualmente por su poder invocativo, según su estado de evolución y según los humores del ánimo, atraerá, o bien asuras o devas; es real que existe por ejemplo una atracción de asuras en cantidad considerable, asuras es el nombre de estas fuerzas de la naturaleza que desconocemos pero que constituyen una de las vidas de algunos de los elementos de la naturaleza. Es decir, que cuando hablamos del ángel y del demonio dentro del hombre, estamos hablando de que existen realmente fuerzas en el éter, y que nosotros podemos monopolizarlas, y que no existe ninguna forma de pensamiento que no esté habitada por un deva o por un asura, siendo los asuras un aspecto inferior de los devas, una jerarquía de devas.

Sra. — Lo que nosotros consideramos como el bien y el mal.

Vicente. — Exacto. Es decir, que vamos bajando de gradación y encontramos los elementales de la naturaleza, ¿o es que creen ustedes que las piedras o las plantas y el agua se construyen por si solas? Son esos elementos que crean el agua, son ellos los que vitalizan la atmósfera, los que dan vitalidad al fuego, y naturalmente, la persona que es capaz de integrarse a sí misma, integra a sí y en sí a los cuatro elementos de la naturaleza, y tiene poder sobre la tierra, sobre el agua, sobre el aire y sobre el fuego. Un mago —un mago blanco y un mago negro también con poderes—, puede encender y apagar la luz a voluntad, puede andar por encima de las aguas, puede romper algo a distancia por el poder de la mente, que no es más que crear un campo magnético de asuras, que trabajan con las fuerzas elementales de la naturaleza, o puede crear el misticismo de la levitación, o puede crear también el contacto angélico en los altos niveles del sistema solar. Somos creadores siempre, pero distingamos constantemente que dentro de nosotros y en el fondo del corazón hay la posibilidad del bien y del mal, y que si vamos avanzando en el camino del bien atraeremos a nosotros los devas, los ángeles del Señor, los elementos benéficos de la naturaleza, y que si trabajamos en el aspecto negativo con los malos pensamientos, emociones indeseables y errónea conducta, estaremos repletos, rebosantes, en nuestra aura de asuras o de demonios. Pero no tengan miedo a la palabra, porque es científicamente —vamos a analizarlo en un sentido puramente científico y no desde el ángulo de la tradición—, y fíjense bien, que todas las iglesias del mundo, y no hay ceremonia alguna ritualística ya sea de la masonería o de cualquier aspecto de síntesis, que no esté trabajando con estos elementos y que no utilice el incienso, o el sándalo o las campanas, ¿por qué? Porque el ruido, el aroma, atraen, se han preguntado alguna vez por qué existe el incienso en las iglesias, o en los ritos religiosos, o en los ritos mágicos, y la espada, la cruz y la campana son símbolos mágicos para atraer estas fuerzas de la naturaleza. ¿Por qué perdura una religión a pesar de que su actuación a veces sea incorrecta?, por la fuerza del ritual, y el ritual al atraer ángeles en cada momento del ritual o de la ceremonia, está creando un campo magnético que ayuda a la totalidad de aquella creencia religiosa o iglesia. Por lo tanto, estamos llevando las cosas a un punto en que no vamos a participar en ningún acto social y humano que no contemos de antemano con la fuerza de la naturaleza, con esta fuerza que se agita en los éteres y de los cuales somos responsables, porque muchas veces son fuerzas ciegas y pueden cegarnos.

Sra. — Entonces, ¿es la persona por su propia voluntad, por su propio corazón, quien tiene que ayudar a que los devas echen a los asuras?

Vicente. — Exacto, es la única realidad existente. Supongo que estarán ustedes ya cansados (se comenta que no en el ambiente), de todas maneras son muy indulgentes, pero yo creo que podríamos centrar ya la atención para preparar la meditación. Entonces, ya casi creo que podemos finalizar, pero para centralizar el pensamiento una vez más sobre todo cuanto decíamos, y me recordaba muy bien el amigo Rodríguez, que cada persona debe aceptar de lo que aquí se diga aquello que sea capaz de interpretar inteligentemente, porque se pueden decir muchas cosas, y además asegurarlas por ser consubstancial con la propia experiencia, y no obstante convertirse en algo que ofrezca un vacío enorme según el criterio de cada uno de ustedes. En todo caso, yo siempre digo que cuando exista una duda entre la verdad o lo falso de cualquier información hay que dirigir la vista siempre al corazón, no a la mente, porque la mente está ofuscada por el principio del atavismo y del crecimiento consciente de las memorias acumuladas en el tiempo, de ahí que si cada cual cree aquello que pertenece a su libre y exclusivo criterio, que es capaz de dar un valor, por ejemplo, de realidad a una palabra aunque sea la primera vez que la oiga, o establecer contacto mental con un principio que ignoraba y que en aquel momento ha visto una luz y su corazón dictamine que es verdad, aquello puede ser aceptado como verdad, y en esto existe nuevamente este fenómeno de intercesión dévica que se va convirtiendo y se convertirá cada vez más en el futuro en un elemento social con el cual se deberá contar para constituir, formar y desarrollar la nueva sociedad del futuro, en la cual los hombres de buena fe y buena voluntad, y estas fuerzas inteligentes de la naturaleza que tratan de inspirarnos y de establecer contacto, se constituya (como) un andamiaje de relación que permita constituir dentro de la humanidad un punto de confluencia, de tendencias y principios, que pertenecen a aquella gloriosa potestad que nosotros denominamos Dios, o el Creador del Universo. Y que cada cual sepa interpretar el misterio que se agita en cada uno y en cada aspecto de la naturaleza y en las acciones del prójimo, para llegar a la conclusión que fraternidad es un término más amplio y dilatado del que hasta aquí ha tenido vigencia, y que la fraternidad no incluye solamente el hemisferio terrestre en donde se agita la raza de los hombres sino que hay que contar con todo el complejo atómico que constituye cada uno de nuestros cuerpos, y de los cuales somos responsables. Hay que contar también con la vinculación de los astros del sistema solar dentro del cual estamos inmersos y que agranda todavía más el campo de la fraternidad, y extender también la fraternidad a este campo inmenso, invisible, que no podemos palpar ni medir con manos, ni señalar con el lápiz, que es el mundo de los ángeles, que es el mundo de los elementales, para llegar a la conclusión de que si realmente podemos comprender y asimilar esta idea, y no aceptar la autoridad de la palabra de una persona con la que se tiene confianza, o en la que se confía, puede ser el punto de partida para establecer contacto con estos seres, que desde tiempos inmemoriales han establecido contacto con los hombres, con aquellos hombres que iluminados en parte por el fuego de la divinidad, o sea, por su propia evolución, o porque tienen características de sensibilidad distintas a los demás, han podido transmitirles ciertas verdades. Verdades que deben ser guardadas como un tesoro, pero no dentro del corazón para que se pudran allí como muchos secretos se pierden, sino como una ofrenda a los demás, para que los demás gocen del mensaje, y también reconocer la responsabilidad que tenemos con este punto social donde estamos inmersos, que es la vida de la sociedad en un momento dado, con la civilización que esto comporta y el tipo de creación que precisa el momento dado. Se nos dice, se nos asegura, y según el calculo astrológico es cierto, que estamos entrando ya en la zona de luz de la gran Constelación de Acuario, esta franja de los cielos que el planeta Tierra recorrerá durante 2500 años, se dice que lleva una fuerza extraordinaria, una oportunidad magnífica para los seres humanos. Si esto es verdad y nuestra mente y nuestro corazón lo aceptan así, tenemos en nuestras manos por primera vez en la historia de la humanidad una de las grandes conquistas que debe llevarnos a la relación y vinculación con los mundos ocultos, no de una manera esporádica sino concretamente, objetivamente y conscientemente, para llegar a la conclusión, de que a partir de ahí todo fenómeno en la naturaleza se va a reconocer como una intervención divina en los negocios humanos, y de esta manera ir creciendo en conciencia y en integridad, hasta llegar a un punto en que podamos abrazarnos a los ángeles, de participar de su vida y hacer que los ángeles participen de la nuestra, tal como ocurre con el fenómeno de la música o con el fenómeno de la poesía, del arte creador, en que los ángeles están introduciéndose vía corazón dentro de los seres humanos…

 

Vicente Beltrán Anglada
Barcelona, 12 de abril de 1975

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