Concepto de Ley de Jerarquía

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Concepto de Ley de Jerarquía Barcelona, 10 de mayo de 1975 Concepto de Ley de Jerarquía

 

Como de costumbre, iniciaremos la disertación de hoy dando una breve explicación o recopilación de los últimos temas tratados.

En primer lugar, insistir sobre el hecho de que las conversaciones esotéricas tienen por objeto profundizar conjuntamente, todo cuanto nos sea posible, dentro de este arcano de sabiduría que es la evolución del hombre a través de las edades.

El punto más importante quizás, es, o reside en el hecho, de que la mayoría de personas vemos la vida a través de un prisma muy objetivo y por lo tanto sujeto al emporio de las tres dimensiones del espacio. Desde el momento en que empezamos a comprender el sentido básico de la vida y empezamos a ser conscientes de otros niveles, la vida tiende a cambiar radicalmente y entonces somos conscientes de otros elementos creadores que existen allí donde, aparentemente, solamente existe el vacío.

El vacío que existe, por ejemplo, entre ustedes y yo, debe estar forzosamente lleno de otra actividad que, no porque no sea objetiva, deja de ser una realidad.

El hecho de que mis palabras lleguen a sus oídos o de que en un estado más elevado de la mente podamos comunicarnos telepáticamente, demuestra que en el éter existe una fuerza creadora que manipula, sin que nos demos cuenta, todo este contenido causal del hombre, manifestándolo progresivamente y constituyendo lo que podríamos decir, el germen de la futura evolución y el principio de la comunicación inteligente, ya no con el nivel objetivo en donde corrientemente nos movemos sino en el nivel de las altas realidades y de los ocultos significados.

Insisto también en el hecho de que no vamos a entender por esoterismo una ciencia que enseña solamente lo que pueda existir en los planos ocultos de la Naturaleza, sino más bien a hacer que seamos cada vez más conscientes de los niveles sutiles de nuestro ser en donde todavía no tenemos creado un cuerpo organizado, como el físico o el emocional —y para algunos también el cuerpo mental— para ir así adentrándonos progresivamente por estas zonas desconocidas en donde sabemos que existe algo pero que no podemos darle una forma objetiva.

Desde el momento en que comprendemos, ya no intelectivamente sino por una serie de razonamientos lógicos que nos llevan a la intuición, de que el éter no es una sustancia que se mueve en el vacío sino que precisamente el éter llena todos los huecos posibles, incluidos los huecos que existen entre los átomos constituyentes de una célula o el espacio vacío entre dos células, para llegar progresivamente a ver que todo es vida y que la vida se transmite por el éter, vamos a tener que dar progresivamente también una atención especial a cuanto sucede en estos espacios ocultos.

Cuando hablamos, por ejemplo, de la cuarta dimensión, ¿qué es lo que queremos significar exactamente? Estamos moviéndonos en un mundo de irrealidades porque nuestra mente concreta —tal como está constituida actualmente— es incapaz de dar forma objetiva a aquellos elementos subjetivos que se mueven y que constituyen la fuerza creativa del éter.

Cuando se nos habla de meditación como un sistema de llenar en forma inteligente estos vacíos y ser conscientes y de educir ciertas capacidades, ciertas cualidades que tenemos todos en potencia, desarrollando ciertas células en el cerebro y en el corazón y en este mágico equilibrio entre el corazón y la mente para llegar a ser conscientes de esta cosa subjetiva y transmitirlo objetivamente a nuestros sentidos del cerebro, entonces empieza para nosotros un nuevo sistema de vida, empezamos a vivir ya no de utopías ni de irrealidades.

Somos conscientes de que nos movemos conscientemente en varios niveles, como dijimos conjuntamente en la disertación anterior. Todo cuanto pueda ser percibido por los cinco sentidos, catalogado por la mente, discernido con entera imparcialidad y objetividad y cuando llegamos a comprender esta verdad, automáticamente empiezan a ser creadas o desarrolladas en nuestro cerebro y en cierto compartimiento del corazón, los vínculos que nos ponen en contacto con el mundo oculto; y esto puede ser medido ya no solamente en términos de intelectualidad sino en términos de sensibilidad.

Es la sensibilidad que nada tiene que ver con el intelecto lo que debe hacernos conscientes de los mundos invisibles, es decir, de aquello que está aparentemente más allá de nuestras concepciones del momento.

Hemos hablado también de estas criaturas desconocidas que viven en el éter y que técnicamente son llamados ángeles, también se denominan devas. Todo este conglomerado que está cohabitando en el éter con otras sustancias desconocidas que pertenecen a otras dimensiones superiores a la cuarta, como, por ejemplo, la mente abstracta y el cuerpo búdico.

Entonces, si al menos somos capaces de objetivar algo subjetivo, puede decirse que empieza la era de la sensibilidad humana. Muchos denominan a este camino el sendero místico, no es que realmente el sendero místico sea el sendero de la sensibilidad astral o de sensibilidad al mundo etérico en donde se supone que habitan los ángeles, sino simplemente que al hablar de sensibilidad nos referiremos siempre, por cuanto estamos tratando con temas esotéricos, de la sensibilidad profundamente espiritual, aquello que técnicamente constituye el sendero de retorno hacia nuestras fuentes divinas de procedencia.

Llegando a este punto todo el contexto de nuestras disertaciones tienen que cambiar fundamentalmente y hacer que toda la actividad que estamos desarrollando corrientemente a través del centro Ajna, el del intelecto, vaya sintonizándose vía el cerebro con aquel aspecto definido en la cúspide de la cabeza que está ocupada por la glándula pineal.

Si podemos establecer un puente entre el centro Ajna con el centro Sahasrara, en lo alto de la cabeza, la sensibilidad resultante será la visión objetiva de todo cuanto ocurre en la cuarta y en la quinta dimensión, y por tanto, en aquellos momentos, para aquella persona afortunada, aquella que ha realizado el esfuerzo, será consciente o, más bien dicho, autoconsciente en el plano mental superior, más arriba del intelecto, y en el plano búdico, en donde existen las jerarquías iluminadas de los devas superiores, justamente, el 4º Subplano del Plano Búdico, que está relacionado con cierto compartimiento o cierta célula del corazón, cuyo objeto es interpretar creativamente la voz de los ángeles y la voz de los aspectos invisibles de la Naturaleza.

Descartamos de momento todo cuanto no sea una relación aparte de la que tiene por objeto hacernos conscientes de la vida de los ángeles en relación con los hombres, considerando ambas evoluciones un intento del Creador de llevar el amor místico o la fraternidad universal a otros sistemas solares, a otros planetas de nuestro Sistema, a todas partes en donde existe —como existe en todas partes— ese éter misterioso, místicamente denominado la Sangre de los Dioses, que hace que todos los planetas, los satélites, lo soles, las estrellas más lejanas y las más lejanas galaxias, estén unificadas dentro de este aliento de lo absoluto universal.

Que cuando hablamos de Dios, esta substancia, esta esencia sin principio, a la cual no se puede acceder por la mente, sino que debe ser un impulso del corazón para comprenderle, estamos significando solamente un solo ser psicológico que ocupa dentro del Sol el centro de nuestro sistema planetario y que desde allí Su amor en forma de calor y de luz, está vivificando todo el contenido universal, partiendo del Sol hasta Neptuno y todos cuantos planetas puedan surgir a través del tiempo mientras se suceden las edades.

Quisiera significar también, que todo el contenido universal está regido por una ley, esta ley que ha de constituir nuestra conversación de hoy, es la Ley Absoluta de Jerarquía. La jerarquía es la ley que nos sitúa a todos y a cada uno en el lugar que se merece, que ha conquistado por su esfuerzo de adaptación a la vida.

Quiere significar por su adaptación al Creador de todas las cosas, quiere significar el esfuerzo continuado de muchas vidas de abnegación y sacrificio. Significa, en forma concreta y objetiva, esta escalera de Jacob por la cual ascienden y descienden los ángeles.

Cada cual ocupa en el hemisferio de la vida en donde se halla situado un peldaño dentro o encima de esta escalera eterna, que es la escalera de Jacob, que es la escalera simbólicamente manifestada también como el Árbol de la Vida; de ahí que jerarquía es el poder que tienen los humanos de conquistar un estado de conciencia y, desde allí adquirir el poder de adquirir poder y confianza, el poder de aquel que está en un nivel superior y, al propio tiempo ayudar, a veces con esfuerzo y abnegación y sacrificio, a aquel que le precede o le sucede en la escalera de Jacob.

Técnicamente, la jerarquía viene vinculada por la ley también absoluta en el cosmos del servicio al Creador. No se puede crecer internamente si no existe sacrificio de la personalidad, si no existe donación.

La devoción a Dios de nada sirve si, por otra parte, no existe el servicio al prójimo, son consubstanciales, no podemos separar una cosa de la otra y dentro de esta vinculación absoluta de jerarquía, que es de conciencia en evolución, pueden ser incluidas todas las potestades cósmicas, que por el hecho de poseer un cuerpo de expresión, ya sea una constelación, un sol o un conjunto de sistemas solares, o un simple planeta, están siguiendo el proceso evolutivo y están dando fe y testimonio de la Ley de Jerarquía.

Tenemos, por tanto, jerarquías cósmicas, solares, planetarias, jerarquías en los reinos de la naturaleza, jerarquías en los planos del sistema solar, jerarquías dentro de la humanidad, jerarquías angélicas, jerarquías creadoras, que son aquellas regidas por los grandes arcángeles, o sea, los Señores Rajás de un plano, tal como se nos enseña en la literatura brahmánica, para llegar a la conclusión de que si a la Ley de la Jerarquía se accede solamente por el amor y por el sacrificio, cada uno viéndose lo más objetivamente que sea posible, se dará cuenta exactamente del lugar que ocupa y cuál es su misión y su responsabilidad.

Porque también hay que insistir mucho en el hecho de que el contenido intelectual sobre esoterismo no libera, la liberación no está en el conocimiento, está simplemente en el ejercicio de la propia responsabilidad, cumpliendo cada cual, según es la Ley, una función social.

el contenido intelectual sobre esoterismo no libera, la liberación no está en el conocimiento, está simplemente en el ejercicio de la propia responsabilidad

De aquí podemos pasar rápidamente a la consideración del mundo social dentro del cual estamos inmersos y reconocer que si bien existen jerarquías en función, no quiere significar que se estén realizando funciones jerárquicas.

Quisiera aclarar un poco esta idea: la persona que por su situación, no por sus merecimientos, está ocupando un cargo social preponderante, está en el ejercicio de una función jerárquica, lo cual significa que no siempre está al alcance o a la altura de su misión, en tanto que la función jerárquica, esotéricamente comprendida, es aquella, aunque sea humilde, y que responde a la responsabilidad adquirida y al poder que tiene de controlarse dentro del contexto personal en bien de los demás, entonces existe, también, la problemática de lo que significa el Sendero.

El Sendero está en todas las religiones y, de la misma manera que existe el culto a los ángeles o a los devas en todas las religiones importantes y principales del mundo, también existe la jerarquía como una sublimación del poder que tiene al hombre de estar más allá y por encima de sus circunstancias personales, es decir, que el sentido de las palabras conocidas de “el hombre y sus circunstancias”, no están impuestas precisamente por las circunstancias, habida cuenta que es el hombre cuando está en un proceso creativo, cuando está adquiriendo el poder de controlar las circunstancias, convirtiéndose automáticamente en un agitador —perdonen la expresión— de los éteres planetarios, vinculando su vida —a través del éter— con la vida de los demás y mostrándose, ya, como una personalidad —empleando un término científico— plenamente radioactiva.

Cuando hablamos de carisma, y el carisma está en todos los planos, estamos significando que una persona está ejerciendo cierto don jerárquico, está actuando creativamente en el éter, y los demás, sea en el nivel que sea, están comprendiendo esta Ley de Jerarquía, y sin darse cuenta se están subordinando, lo cual también puede ser algo peligroso, habida cuenta que todos los seres humanos poseemos en latencia y en potencia idénticas facultades e idénticas oportunidades.

Por tanto, el paso que va desde una jerarquía en función a lo que, yo entiendo, por función jerárquica, puede existir un abismo, puede ser que este abismo sea la propia evolución de la persona, puede ser que nos encontremos inmersos dentro de un proceso histórico y que en nosotros esté depositada la responsabilidad de alterar con nuestra acción parte del contexto social.

Quisiera que se dieran cuenta de lo que implica la idea “jerarquía”, pues si se dan cuenta de que jerarquía no es querer abarcar sin posibilidades una meta muy lejana, sino que seamos capaces de interpretar conscientemente, y conscientemente actuar, dentro de los límites de la meta más inmediata, seguramente que nuestro ser psicológico cambiará fundamentalmente para convertirse en un elemento creador, en un punto de contacto con las grandes potencias psicológicas del universo.

Por tanto, fíjense bien lo que implica una función jerárquica, no se trata de querer abarcar en nuestro radio de acción la potencialidad espiritual de la Jerarquía Blanca del planeta o la Fraternidad mística o, en términos cristianos, Cristo y su Iglesia.

Estamos tratando de ser conscientes estrictamente, dentro del “círculo- no- se- pasa” de nuestras posibilidades actuales, pasar de ahí es correr el riesgo —y nunca insistiré demasiado en esta verdad— de caer en manos de la ilusión, la ilusión que puede abrir líneas de acceso en nuestra mente y en nuestro corazón, para los cuales todavía no estamos preparados.

La mayoría de personas que están tratando con el yoga, que están vivificando sus centros en un intento casi diríamos desesperado de hacer que progrese, que ascienda el Fuego de Kundalini, está manipulando una fuerza que está desconociendo desde un buen principio, porque no se desarrolla Kundalini por el desarrollo del propio Kundalini sino cuando por el servicio creador dentro de lo inmediato estamos creando estos centros, estos chacras, que al estar desarrollados es cuando invitan a Kundalini.

No puede ascender Kundalini, el fuego de la naturaleza, sin que esté preparado el receptáculo, es como si, místicamente, quisiéramos invocar el Verbo sin haber purificado el Cáliz.

Es algo incongruente, ilógico, y precisamente nuestra era, esta era de oportunidades dentro de las cuales estamos inmersos y que constituyen pese a sus tremendas dificultades la gloria de la evolución presente, de este tipo de civilización, estamos tratando de vincularnos precisamente dentro de un nuevo ejercicio de hechos, dentro de nuestro círculo- no- se- pasa de posibilidades, de hacer que el fuego vaya ascendiendo por su libre curso sin invocarle, solamente preparar el camino: ahí está el verdadero sentido de la evolución psicológica del ser humano.

Y cuando se transgrede la ley, cuando esta fuerza potentísima de la naturaleza que está ardiendo en las entrañas del planeta asciende sin la debida preparación —lo cual se está intentando bastante, es un peligro de la juventud a través de la droga—, estamos haciendo algo como está haciendo el aprendiz de brujo, que sin comprender el alcance de la potencia invocativa del Maestro, quiere hacer como él invocando las potestades que están más allá del círculo- no- se- pasa de sus posibilidades, y entonces viene la muerte, y es el mejor de los casos.

Pero se está tratando ya no sólo con la muerte física sino con la muerte moral para muchas encarnaciones; se está tratando también con la locura, con la obsesión por estas fuerzas incontroladas del éter a las cuales nos hemos referido anteriormente.

Llega un momento para el esoterista, que se da cuenta de cual ha de ser su actitud y, es tan sencilla que casi no se atreve a llevarla a cabo, cuando el discípulo le pregunta al Maestro: “¿Qué debo hacer para llegar a ti?”, él cree de buena fe que el Maestro le dará un sistema de yoga complicado para que se vaya acercando internamente hacia Él, y el Maestro le da unas palmaditas al hombro y le dice: “Sé un buen ciudadano, sé un buen padre de familia, sé un perfecto servidor de los demás y no pases de aquí, que cuando el momento sea llegado la fuerza del espíritu descenderá a ti de la misma manera que Cristo descendió sobre el Maestro Jesús”.

Y así se va llenando la vida de una dimensión de lógica, siendo la lógica el más directo y, al mismo tiempo, el menos erróneo de los caminos, o el sendero de máxima integridad para llegar al Corazón del Maestro, entendiendo por Maestro no solamente el contacto al cual nos han habituado los tratados esotéricos, el Maestro de un elemento, de un miembro de la Jerarquía planetaria o un Discípulo de Cristo, sino simplemente el Maestro Interior, el Yo, este Yo psicológico que a pesar de cuanto se ha escrito —y ha sido mucho— sobre él, todavía no ha destilado ni una quinta parte de sus posibilidades de acción actual, de acción inmediata.

Fíjense, el trabajo para un discípulo, no un discípulo introvertido viviendo de sueños y de espejismos sino un discípulo que sabe que tiene una espada y que con esta espada debe arremeter con lo inmediato.

Se trata simplemente de ser consciente de sus fuerzas, el primer elemento de la lógica psicológica, después, cuando ha adquirido la certeza de sus posibilidades, empieza la acción, no buscando este centro sino tratando en forma discernitiva, y con muchas preguntas e interrogantes, de cuál es realmente el paso inmediato, porque tenemos el intelecto lleno de formas de pensamiento legadas por el estudio de cuanto hemos aprendido a través de los tratados místicos o del esoterismo clásico.

Naturalmente, siempre hay que pensar en la meta más lejana para poder progresar sucesivamente desde este “punto no se pasa” hacia allí. Eso significa que, si tenemos la mente orientada hacia lo superior y al propio tiempo somos conscientes de las posibilidades, puede ser que el “círculo- no- se- pasa” se llegara a romper. Se va ensanchando.

Esta es la misión del verdadero yoga; yo diría simplemente, es la misión del ser humano, porque hablamos de jerarquía. La evolución no es ni más ni menos que un aspecto de jerarquía que está tratando de revelarse a través del hombre, de la misma manera que existen las jerarquías creadoras de los distintos planos de la naturaleza, que cada elemento, el agua, la tierra, el fuego y el aire, son sustancias vivas en el éter dirigidas por jerarquías creadoras con funciones definidas, con gobiernos estructurados y con una fuerza tremenda de expansión, con tal que el hombre se decida abrir los ojos a la realidad.

Y de la misma manera que por la ley o por el principio de analogía hermética estamos aplicando la teoría de que “igual es arriba que abajo”, y que “igual es abajo que arriba”, contemplando nuestra posición psicológica y singularmente el tremendo desafío de los hechos que crea nuestro karma, estamos al propio tiempo estructurando en nuestra mente la imagen del Creador del Universo.

Y no hacemos, como hacemos constantemente, de hacer a Dios una figura parecida a la nuestra dentro de una objetividad puramente material o simplemente que por un esfuerzo, por un ejercicio del discernimiento, intentemos llegar siempre dentro del hemisferio de las propias posibilidades hacia aquel punto en donde comprendemos algo de la naturaleza de Dios y tratemos honestamente de incorporarla en nuestro ejercicio o en nuestra responsabilidad social creando unos vórtices de energía que pueden ser aprovechadas por seres superiores que nos han precedido en el sendero.

Y al hablar del sendero, existe el sendero místico, el sendero que se revela cuando existe en nosotros realmente el deseo de conquistar aquel aspecto de nosotros mismos desconocido y que místicamente definimos: “El Cristo en ti, esperanza es de gloria”, esotéricamente, el Ego superior, el Yo superior, un Dhyân del fuego creador, o bien, el Ángel Solar.

Son nombres bajo los cuales, diversos tipos de literatura mística y esotérica, están tratando de interpretar este arquetipo causal del hombre cuya misión es —parece ser lo más inmediato— dirigir la corriente de la vida a través de los éteres en dirección del alma humana.

El alma humana, tal como es reconocida psicológicamente, es un punto causal formado por tres aglutinantes: un cuerpo físico, un cuerpo emocional y un cuerpo mental. Cuando todo esto está inmerso dentro de un sentido de valores absolutos, cuando existe realmente una progresión escalonada por esta escalera de Jacob jerárquica hacia el ser superior, hay una tendencia, una progresión, dentro de estos cuerpos aludidos, a perder científicamente peso.

El peso es una ley dentro del ejercicio de las dimensiones del espacio y cada nivel tiene su propia capacidad, su propia medida, su propia dimensión y sus posibilidades de actualización en el ser humano, por lo tanto, el hecho de que estemos trabajando como seres auténticamente sociales, no aspirando demasiado alto sino ateniéndonos al valor de lo inmediato, los vehículos que constituyen nuestra alma conocida, alma en encarnación -la personalidad con la mente, la emoción y el cuerpo físico-, lo que Pablo de Tarso denominaba el tabernáculo del Espíritu Santo, entendiendo que el Espíritu Santo con su cuerpo de luz no era otra cosa que el Yo superior o el Ángel Solar a través del cuerpo causal, llegamos a la conclusión de que realmente la pérdida de peso absoluto se realiza en el momento de la Ascensión de Cristo a los cielos.

Se progresa por la línea de la subjetividad, se dan cuenta de ello, ¿verdad? No es algo objetivo, pero si estamos de acuerdo con la analogía hermética, somos conscientes de que realmente estamos perdiendo peso en los distintos niveles de la personalidad cada vez que algo se escapa de nosotros, que algo se va a formar parte del contenido universal pero que para nosotros ya no es necesario.

Una mente sobrecargada de prejuicios, ya lo dice el término, está sobrecargada de ideas y, si analizamos el cuerpo emocional, decimos: “tiene un cuerpo emocional sobrecargado de deseos”, y la persona que tiene una vida disoluta, disipada, tiene un cuerpo cargado de toxinas que lo inclinan perpetuamente hacia abajo.

Como ven, la analogía es perfecta. Existe también una ley en el universo, en donde vivimos, nos movemos y tenemos el ser, que dice que cuando existe en un momento cumbre de la ascensión a los cielos, que incluso el cuerpo de luz ha creado un peso en la conciencia y, entonces el cuerpo causal es destruido también por el poder del fuego del espíritu, entonces quedamos siempre que al perder peso, al perder gravedad, ascendemos, y si cada día ascendemos un poco estamos preparando el camino de Kundalini.

¿Se dan cuenta de la analogía? Kundalini es la fuerza de la naturaleza que está reprimida por el peso de los tres vehículos del hombre, los vehículos conocidos: el intelecto, cargado de razonamientos, el cuerpo emocional, cargado de deseos y de emociones, y el cuerpo físico cargado de sus toxinas, démosle este nombre.

Todos tenemos algunas toxinas, que crean las enfermedades. Al perder peso —fíjense bien en la idea— específico de toxinas, nuestro cuerpo etérico, el doble etérico o el cuerpo bioplásmico, se hace puro y radiante, y entonces es posible que, vía un cuerpo emocional, llegado a un punto en que realmente está perdiendo peso, o en la mente cuyas ideas están dejando progresivamente paso al silencio místico, se convierte en un punto en donde la fuerza superior, ya no solamente del alma en su propio plano, del Ego en su cuerpo causal, sino de la Mónada o del Espíritu más elevado en contacto con la Divinidad, hemos establecido ya el puente místico de unión que nos conecta de lo más hondo hacia lo más elevado.

Y entonces estamos revelando en pleno ejercicio, o en plena actividad jerárquica, las palabras de Madame Blavatsky de que el espíritu es materia descendida en su más opaco o baja densidad de su naturaleza y siendo la materia o el espíritu creador la materia sensibilizada en extremo, en que por su sutilidad se confunde con el aura del propio Dios.

Esto es lo que estamos tratando de hacer, porque si una conversación esotérica es para hablar del Reino de Dios simplemente, sin preocuparnos ni poco ni mucho del contenido social que representa la persona que con pleno sentido de valores está tratando de corresponder a sus hermanos, a su prójimo, estaremos viviendo una vida real, una vida objetiva, no es que no tengamos que tener aspiraciones, si es precisamente la aspiración la que nos conduce desde lo más hondo de la materia hacia lo más sutil del espíritu, sino simplemente darnos cuenta que para el discípulo —y ustedes pueden considerarse discípulos, por cuanto en todo ser humano existe el discípulo, el ser que está invocando algo superior—, se darán cuenta de la virtud que encierra el vivir de acuerdo con esta realidad, y siendo buenos ciudadanos nos daremos cuenta de improviso, el día menos pensado, de que el Maestro nos ha admitido en Su Ashrama.

Es algo que realmente podemos llevar todos a la vida psicológica, no ya simplemente a la vida de los sueños y los espejismos.

Dejad ya de pensar en términos de sueño y vivid la objetividad de un momento presente, inmediato, siendo conscientes del valor de un buen carácter, de una buena estabilidad del ánimo, de la sonrisa en un momento determinado, una palabra amorosa a una persona que lo necesite, si no hacemos esto, el esoterismo como ciencia que tiene que llevarnos a la iluminación carecerá absolutamente de sentido y entonces llegaremos a darnos cuenta de que en vez de interpretar una función auténticamente jerárquica, estamos viviendo una vida en ejercicio de funciones jerárquicas, lo cual puede ser negativo… (Pequeña interrupción de sonido)… ansias del ser y, en este momento cumbre en que al perder gravedad nos vamos elevando, igual que cuando ascendemos a una elevada montaña, nos damos cuenta de lo que necesita la sociedad, de la misma manera que nos damos cuenta dentro de una función jerárquica qué es exactamente lo que necesitan aquellas personas que nos rodean. Ustedes tienen la palabra.

Leonor.- Ya, empezaré yo. Pues lo que podríamos hacer, si parece oportuno, es establecer si hay un baremo diferente entre la persona que tiene conocimientos esotéricos y la que no lo tiene, para juzgar lo que es la verdadera ciudadanía, lo que es ser buen padre, buen hijo, buen esposo, etc., porque frente a las leyes que tenemos que vivir, puede ser que a veces se obre de alguna manera que parece que no se está de acuerdo, por esto tendremos que hacer otro baremo porque el que nos da la sociedad muchas veces no justifica la actitud frente a la vida, pero puede ser que sea justo o puede ser que no lo sea. Para ser un buen ciudadano frente a los valores actuales puede ser que sea así una cosa, como por ejemplo, dejarse esclavizar, entonces, en sentido esotérico, ¿cómo se puede ser buen ciudadano y no competir con nada ni con nadie o hacer frente a la sociedad desde tu vida o buscar…?

Vicente.-… conversando con un grupo de personas a las que considero plenamente apercibidas de lo que es una función jerárquica o una jerarquía en función; en segundo lugar, debo confesar honradamente, que soy bastante escéptico, singularmente en el campo del esoterismo, de aquello que llamamos valores netamente honestos o que sea una interpretación consciente de una vida de abnegación y de sacrificio; y, en tercer lugar, debo decir que si una persona no está plenamente conforme con el contexto social en donde está viviendo, puede al menos dejar de criticar este ambiente en el que está inmerso y trabajar en forma creativa, operando conscientemente, con plenitud de funciones, dentro del “círculo- no- se- pasa” de sus posibilidades, no podemos decir a una persona cuyo intelecto está en formación, que no es todavía plenamente autoconsciente de su personalidad psicológica, de lo que significa una función social. Estamos tratando con personas realmente interesadas en descubrir un sentido superior de la vida, personas que se dan cuenta de que el ejercicio de este poder creador no puede estar sujeto a la presión de las circunstancias, sino que debido a este proceso creador que se está desarrollando en su corazón y en su mente, está abriendo una brecha en este círculo inmediato, porque, dense cuenta, que al aumentar la extensión de este círculo personal en donde estamos viviendo, estamos abarcando más y más del contexto social, quiere significar que, midiendo nuestro esfuerzo en términos de luz, estamos iluminando ciertos sectores de la vida social que nos rodea. No obstante, hay que reconocer también, que encontraremos constantemente la oposición, el desprecio a veces, la crítica y la maledicencia, porque por Ley de Jerarquía la presión de lo menor actúa sobre lo mayor, de la misma manera que lo mayor está influyendo en lo menor, y cuando hablamos de la raza y de los hombres en su conjunto, no nos estamos refiriendo a una idea vaga y nebulosa sino que estamos objetivando un centro de Dios en la Tierra, la Jerarquía, la Humanidad en su conjunto como raza de los hombres, puede ser considerado esotéricamente como un centro dentro del cuerpo de Dios que es el universo. Si somos conscientes de esta definición nos daremos cuenta también que el Dios de un universo, al parecer que tiene a su alcance el cosmos —nos referimos concretamente a nuestro universo—, está sujeto también a la presión de lo mayor, significa que de la misma manera que un ser humano tiene un “círculo- no- se- pasa” dentro del cual ha de tratar de ser lo más consciente posible, el Dios al que nosotros podemos concebir por ser el que ha creado este universo, está sujeto también a aquello que llamamos técnicamente karma, pues se nos dice, y hasta cierto punto se ve claro, precisamente por la ley o por el principio de analogía hermética, que en donde exista una objetividad hay fricción y hay lucha. Solamente en el silencio —de ahí el valor del misticismo— existe paz e integridad y, por tanto, una función psicológica completa, esto también quiere decir que, de la misma manera que estamos afectando con nuestra acción el medio ambiente hurgando en los destinos kármicos de la vida individual, estamos también incluso inmersos en lo menor tratando de ayudar, de cooperar con lo mayor. De ahí que el destino del discípulo no es solamente aprender constantemente del Maestro sino convertirse en Su agente creador en el mundo de los hombres, elevando el razonamiento, de la misma manera que —ustedes pueden tomarlo como una idea de discusión para ustedes mismos—, el sistema solar constituido por el sol y por los planetas conocidos, constituyen solamente un aspecto muy pequeño de una entidad superior cósmica, que trata de manifestar Su vida psicológica a través del Dios de nuestro universo. Y ahora por progresión analógica, asciendan por esta escalera de Jacob y pónganse en contacto con el Cosmos. Si tienen el corazón bien establecido en el silencio y la mente está funcionando en un nivel de lógica, no tienen que tener temor alguno en lanzarse a lo lejos, porque cuanto más lejana es la meta de nuestras percepciones, más ancho y dilatado será el “círculo- no- se- pasa” de nuestra función social, será más radiante nuestra aura, tendremos más carisma y nuestra palabra tendrá la virtud del Verbo, aquel Verbo que convence sin atar y que atrae aun sin convencer. Ahí está la verdadera raíz psicológica del ser humano, tal como lo vemos actualmente, que va progresando rápidamente a través de la técnica y a través del espíritu místico, hacia aquellas soberbias alturas planeadas por una Divinidad a la cual no conocemos pero que intuitivamente sabemos que existe, y a medida que ascendemos por esta escala de valores vamos siendo mejores en todos los aspectos y somos realmente buenos discípulos, buenos ciudadanos. Y, también, que en esta progresión absoluta de valores que va de lo más bajo a lo más elevado, y dándole al término discípulo ya no solo un carácter específico como se le asigna en esoterismo, sino un significado típicamente universal, debemos considerarnos automáticamente discípulos en funciones. Dense cuenta también, que cuando se habla de Cristo y de sus discípulos, se nos sitúa a Cristo en el centro de la congregación mística y los doce apóstoles cada cual con una función específica, no es sino la representación objetiva de las doce constelaciones, por tanto, todo se va desarrollando según un proceso realmente lógico y descriptivo. No somos personas sujetas a espejismos ni a superficialidades, estamos simplemente elaborando por medio del proceso hermético de la analogía, que “igual es abajo que arriba, igual es arriba que abajo” y, partiendo de aquí la búsqueda de la verdad se hace fácil, entendiendo que no basta que sepamos mucho acerca de los Discípulos, de los Maestros y de la Jerarquía en sus diferentes niveles, entendiendo por jerarquía el poder que tiene el hombre de superar un estado y de cumplir una función social, dándonos cuenta, también, de la idea apuntada anteriormente, que ha de constituir el centro y el norte de la vida humana, y es que no se llega solamente a Dios por la oración ni por el culto, sino que lo que se exige realmente del discípulo, de este discípulo que está en latencia en todos nosotros, no es sino de ser un buen ciudadano.

Interlocutor.- Entonces yo llego a comprender que la correcta evolución es nuestra acción jerárquica en la sociedad en que nos desenvolvemos, entonces esto es lo más correcto para la evolución, más que el sistema de trabajo, o sea, ¿me ha comprendido lo que quiero decir? [Sí, sí.] ¿Una más correcta jerarquía nuestra en el medio ambiente es lo más correcto para la evolución del ser?

Vicente.- Vamos a ahondar un poco más en esto. No es que sea lo más correcto la acción social frente a los ciudadanos que nos rodean, a nuestro prójimo, sino que todo cuanto podamos incorporar, vía el Antakarana luminoso de la conciencia de los planos sutiles de la naturaleza, será un peligro si no somos buenos ciudadanos. Insisto en el hecho —y esto se ha convertido no en una necesidad sino en una moda—, el yoga y la meditación, ahora se nos habla de yoga y de meditación como un sistema que es la panacea; esto es bueno —como todo es bueno en la naturaleza, bien interpretado y bien establecido— si después somos capaces de incorporar el fruto de las meditaciones a nuestro contexto psicológico. De no ser así, se convierte en un lazo, en una jaula que nos cierra el paso hacia conceptos superiores. La meditación, fíjense bien, que cuando digo que hay que apuntar la mente hacia la meta más lejana les estoy hablando técnicamente de meditación, por lo tanto, no niego la meditación, al contrario, la meditación, la invocación, la concentración y la contemplación, son estados que vamos adquiriendo en tanto nuestra vida se está sumergiendo en los mares de lo cósmico a través del éter, y así van siendo conquistadas las dimensiones. Pero una escapada fugaz, sin control, a una nueva dimensión entraña peligro, es por esto que no insisto demasiado en la meditación; pero la línea más segura, la que nunca puede reportar desarreglos psicológicos o psíquicos o físicos en el hombre, es el camino directo de la acción cotidiana, porque meditar es objetivamente vivir, cuando no vivimos plenamente nos falta algo y queremos llenar ese algo, ese vacío, con el sustituto de la meditación, en tanto que si estamos trabajando correctamente estamos meditando. Entendemos por meditación la atención en todos los momentos de nuestra vida hacia los demás; tratar de salir de nosotros mismos, habida cuenta que si todo el proceso de la meditación tiene por objeto despersonalizar a la personalidad, técnicamente de hacerle perder gravedad, es lógico que podamos hacerlo directamente en el ejercicio de nuestra actividad cotidiana, y esto está al alcance de todos y no se precisa como para ciertas técnicas de meditación o de yoga capacidades especiales.

Interlocutor.- Al principio, si mal no recuerdo, has estado comentando que nos estamos moviendo entre la cuarta y la quinta dimensión. ¿Puedes ampliar lo que significa movernos dentro de estas dimensiones?

Vicente.- Sí, sí, de acuerdo. Para hablar de la cuarta, de la quinta, de la sexta y de la séptima dimensión, que parecen ser específicas en nuestro universo, habrá que hacer una analogía, puesto que trabajamos bajo el principio de analogía y decir por ejemplo, ¿por qué dominamos casi enteramente la tercera dimensión? Porque poseemos un cuerpo y somos plenamente conscientes de este cuerpo. En este momento tenemos el cerebro organizado de una manera específica y a través de los cinco sentidos conocidos podemos establecer contacto y ser autoconscientes del mundo objetivo que nos rodea, para entrar en el reino o en el dominio de la cuarta dimensión ya estamos tratando directamente con el cuerpo emocional, pero dense cuenta que conocemos muy poco del cuerpo emocional, del cuerpo emocional, o astral, como se conoce también, solamente conocemos algunas de sus expresiones a través de la personalidad humana y va, dentro de una escala de valores, del deseo, de la emoción y el sentimiento, pero, ¿tenemos un cuerpo constituido plenamente como el físico, en el plano astral? Tenemos un punto, un eje, un átomo permanente, a través del cual se está estructurando un cuerpo, del cual somos conscientes, pero, en el plano astral no somos autoconscientes. ¿Qué pasa con el fenómeno del sueño? El sueño, de naturaleza astral simplemente, nos ofrece una panorámica de hechos, pero solamente los vemos, pero raras veces nos consideramos autoconscientes en el sueño; alguna vez hemos dicho “me doy cuenta que estoy soñando”, en este momento podemos tener una vislumbre de autoconciencia en el plano astral y, por lo tanto, empezamos a dominar un principio de la cuarta dimensión, que es en el tiempo. Después analizaremos el tiempo de acuerdo con las dimensiones y, cuando la mente del hombre progresa en tres estadios que van, del elemento subconsciente al superconsciente pasando por el consciente, también somos interpretativos de una Voluntad que se expresa a través de la quinta dimensión. La quinta dimensión es la mente del hombre cuando funciona integralmente y cuando a través del ejercicio de la superconciencia empieza a ser autoconsciente en el plano mental, implica esta conciencia la capacidad de establecer contacto, vía este centro, con el centro superior o coronario. Cuando se ha completado el trabajo de este puente de “arco iris”, o de Antakarana, somos autoconscientes en la quinta dimensión y, en etapas futuras, cuando la persona humana haya logrado ponerse en contacto directo con los devas, o con los ángeles, cuando todo el contenido en el éter esté a su alcance, tendrá la posibilidad de establecer contacto con la sexta dimensión, en el plano búdico, con siete subplanos, de los cuales los hombres iluminados del planeta, aquellos que a través del arte dieron un empuje a la civilización de la humanidad, solamente han podido rasgar los éteres del tercer-cuarto subplano, entendiendo que el séptimo subplano del plano búdico es donde viven las almas iluminadas, es donde está el asiento del sentimiento de unidad, de fraternidad y de unión, ya no solo con los seres humanos sino con el propio Dios. Vamos a medirlo también en otros términos, en términos de Iniciación, cuando el ser humano es plenamente autoconsciente en el plano físico, que es capaz de controlarle e inteligentemente dirigirle, adquiere el poder de ingresar conscientemente en la gran Fraternidad Mística de almas iluminadas del planeta, a través de este Misterio del Nacimiento de Cristo en el Corazón o 1ª Iniciación de la Logia planetaria. Cuando adquiere el poder de los éteres que le confieren el poder en el mundo emocional y es plenamente autoconsciente en este plano, entra dentro del Misterio del Bautismo por medio de la 2ª Iniciación. En el primer caso hemos dominado tres dimensiones, en el segundo caso la cuarta dimensión, el cuerpo emocional; y, cuando en el Misterio de la Transfiguración en el Monte Tabor y a través del misterio de la 3ª Iniciación somos capaces de dominar todo el ejercicio activo de la mente en toda su extensión y dominamos el tercer elemento de la naturaleza, que es el fuego, entonces podemos decir que somos autoconcientes en la quinta dimensión. Y pasar de aquí ya no es necesario, porque está tan allá de nuestras posibilidades actuales, que casi se puede decir que es inaccesible. Pero a las tres primeras iniciaciones podemos acceder por Ley de Jerarquía y porque todos, si lo decidimos, podemos ser buenos discípulos e interpretar conscientemente la sinfonía de la creación a través de una mente muy bien ejercitada o de un corazón muy casto y honesto. Todo depende, como verán, de nosotros. La naturaleza es pródiga y todo nos lo ofrece gratuitamente; es como un árbol, porque un árbol con sus frutos es el símbolo del amor fraterno y todos debemos convertirnos un día en un árbol, que ofrece sus frutos al cansado peregrino, al caminante en el sendero.

Interlocutor.- ¿Es nuestro Ángel Solar nuestra conciencia cósmica, por ser Él ya la conciencia de Dios?

Vicente.- Yo diría que el Ángel Solar es el gran intermediario cósmico, porque un día el Ángel Solar, una vez destruido el cuerpo causal o el cuerpo de luz, volará hacia Su reino. Entonces, el hombre, el ser humano, el alma en encarnación, desaparecidos los fragmentos del cuerpo de luz, establecerá contacto con la Mónada, entonces, desde lo alto del espíritu hasta los tres cuerpos todo será puro, porque la función del Ángel Solar es solamente ayudar al alma en encarnación a establecer contacto con la Mónada. Cuando en la 4ª Iniciación, es decir, cuando el Misterio de la Crucifixión y del Calvario, Cristo, simbólicamente dice: “Todo se ha consumado”, en aquel momento, en virtud de este mantram, el cuerpo causal es destruido, desciende el fuego de Fohat sobre la entidad y, al juntarse con Kundalini que ha ascendido hacia arriba, hay una explosión y se destruye el cuerpo causal, entonces, como fruto de esta liberación, el Ángel Solar retorna a su patria celestial, tal como se dice en los libros sagrados: “Él retornó al Hogar del Padre” y entonces el ser humano se convierte en un Iluminado, en un Maestro de Compasión y de Sabiduría como lo fue el Cristo. Y para un ser de esta naturaleza —para medir el cual no tenemos elementos de juicio todavía— hay que esforzarse, hay que trabajar, hay que ser buenos ciudadanos, partir de lo inmediato, aunque la flecha de la evocación, de la inspiración o de la aspiración, tienda por ley hacia la meta más lejana. Lo que interesa siempre en todos los casos es mantener un anclaje perfecto en la vida, reconociéndonos como seres humanos que están buscando a Dios y no pasar de aquí, y no interpretar la vida en términos de autoglorificación, la autoglorificación de aquel que tanto sabe, de aquel a quien tanto admiramos, pero que es vacío de corazón y no es capaz de derramar una lágrima por su prójimo ni de servirle en un momento de necesidad.

Interlocutor.- Has hablado tanto de la meditación, pues te pido, a ver si es posible, que nos amplíes un poco más, unos cuantos detalles más, lo relacionado sobre la técnica de la meditación; que se comprenda verdaderamente la función específica, con lo cual representa la técnica correctamente usada, para que podamos comprender el beneficio que podamos sacar y el servicio que podamos hacer a través de la meditación.

Vicente.- Sí. Yo diría que la técnica de la meditación, en sus varios grados, tiene por objeto iluminar la mente a fin de que en esta iluminación se establezca un punto de contacto con la luz del ser superior a quien llamamos Dios. Si la representación de Dios en nosotros es el Ángel Solar, y más allá de aquí no podemos pasar —lo digo honestamente—, todo sistema de meditación o de yoga tiene por objeto unificar la personalidad del hombre en sus tres cuerpos funcionando como una persona que todos conocemos, y por vía subjetiva establecer este contacto por medio de la voluntad. Hablar de meditación, hablar de técnica, es hablar de voluntad. La educción del principio de la voluntad, y lo que yo aconsejaría como técnica, más que una técnica de sentarse diez minutos a hacer esto o lo otro, lo cual lo sabemos todos porque quien más quien menos ha practicado la meditación, estriba en mantener constantemente orientada la mente hacia los hechos que suceden a nuestro alrededor constantemente, no dejando vacíos entre uno u otro acto, pues desde el momento que nuestra mente no está atenta su cuerpo psicológico está creando fisuras y por estas fisuras de falta de atención se filtran las corrientes astrales o mentales negativas que lo convierten en un autómata de las circunstancias y no en un creador de las circunstancias. La mejor de las técnicas —porque nunca he sentido atracción por ninguna técnica definida—, pero, si algo les vale mi experiencia, se las voy a ofrecer honestamente: que observo mucho las cosas y que no me fío del valor de la autenticidad de la historia, de lo que dicen los libros; he tratado de crear mi propia historia observando los hechos constantemente. Llega el momento en que esta observación, esta atención fundamental, se hace automática, y deja unos espacios vacíos que son llenados, técnicamente, por el espíritu de la verdad, o por el espíritu de Dios. Toda la técnica del hombre a la búsqueda del Creador puede ser medida en términos de silencio. La capacidad de silencio es la que caracteriza la evolución de un alma en el sendero. El intelecto, y muchas técnicas tienden solamente a crear artificiosamente un campo muy extenso del intelecto; no sirve más que para adquirir conocimientos, pero nunca favorece con la ayuda directa de la sabiduría; por tanto, la sabiduría es aquella rara sustancia que está presente en toda cosa y que es, digamos, la Voz de Dios hablando a través de cualquier forma creada de la Naturaleza. Si estamos en un sentido de distracción, no estamos atentos al proceso fundamental de nuestra vida, que pasa constantemente, si no somos capaces de recoger el hálito de experiencia de cualquier suceso en el tiempo, tendremos, quizá, porque leemos mucho, mucho conocimiento esotérico o de otras cosas, pero raras veces alcanzaremos el nivel intuitivo que es la meta paradójicamente que persigue la técnica meditativa; y yo me pregunto si la técnica de la meditación debe ser un ejercicio de la personalidad humana para establecer contacto con el Creador del Universo, estableciendo primero contacto con su Ángel Solar o con su Yo Superior o, en términos psicológicos, el Yo trascendente. No alcanzaremos otra cosa, fíjense bien, que llegar a un nivel, un nivel del cual deberemos descender para recuperar las dotes de la acción; que es esta fundamental. No es que no crea en la técnica. Voy a repetir una cosa que he dicho antes: el paso que va del centro Cardíaco, por ejemplo, al centro Ajna, pasando por el centro Visuddha o Manipura, para llegar finalmente al centro más elevado, al Sahasrara de la cabeza, no es posible si, abajo, el andamiaje de la personalidad, no constituye un triángulo realmente equilátero. De no ser así se puede sufrir grandes perjuicios porque la fuerza invocada por la meditación puede ser tan destructiva como en el caso del aprendiz de brujo. A todas las personas interesadas en una técnica —y existen técnicas supremas de contacto— les diría: prepara primero el camino, después ejercita la técnica. Una vez la técnica en ejercicio, dentro de una personalidad en función jerárquica, da un aliento supremo a la vida y se convierte en un estímulo de todas aquellas personas honestas que realmente buscan la verdad. De no ser así, todo el campo aparece entonces de una manera desproporcionada al alcance de nuestra investigación, pero, si nos atenemos a lo inmediato, a esta meditación que tiene por objeto ser consciente de la necesidad de otra persona o que es capaz de aprehender el sentido místico y esotérico de cada uno de los hechos de la vida, porque cada uno de ellos representa la Voluntad del Creador, si somos capaces de arriesgar a cara y cruz, como dice el poeta, todo cuanto hemos acumulado en el tiempo y lo vamos desperdigando paso a paso como dones del Espíritu Santo a todos los caminantes, entonces daremos un paso acelerado que nos conducirá al sitial magnífico en donde el Ángel Solar tiene una potestad infinita sobre todas las cosas.

Interlocutor.- ¿Es el vacío la separación de la materia positiva y negativa?

Vicente.- El vacío es el resultado del equilibrio que existe entre lo positivo y lo negativo, en el momento en que tenemos más proporción de una sustancia que de otra en nuestro cuerpo hay un desnivel. Por esto digo que si apuntamos la vista hacia arriba y no aprovechamos las fuerzas ahí abajo. Estamos en un desnivel por más que estemos meditando, es decir que, si analizamos el asunto veremos que lo importante es atenerse a un hecho fundamental, el vacío está a nuestro alcance, puesto que vacío es símbolo de pérdida de peso, pérdida del sentido de gravitación por el cual se rige la materia. Desde el momento en que nuestra mente pierde peso estamos invocando otra fuerza superior que es la fuerza mística del silencio; así vemos que en todas las grandes religiones y en todos los conocimientos de no importa que filosofía o credo, existen místicos que han establecido contacto con la Divinidad por medio del silencio creador, y que el silencio no es simplemente un estado de conciencia, yo diría que es la conciencia sin estado para llegar a un punto de saturación en el cual aquel vacío que hemos establecido por el hecho de estar observando atentamente las cosas se ha llenado por la fuerza que viene del aliento creador de la Divinidad, lo cual ya significa otra cosa: que vamos a progresar ya, definitivamente, del “pasivismo”, de la pasividad mística del pasado, para acogernos al silencio dinámico que limpia y purifica y que al purificar o limpiar, haciendo perder peso a las estructuras de la personalidad, hace posible que el Verbo Creador, el Ángel Solar descienda o nos permita acceder a su plano y nos puede enseñar directamente la Verdad, que es lo que estamos persiguiendo honestamente, yo creo, todos y cada uno de nosotros.

Leonor.-… sobre el cuerpo causal?

Vicente.- ¿Cuerpo causal? El cuerpo causal, descrito por San Pablo, el cuerpo de luz, es un cuerpo de rara belleza, un estuche, un cáliz, donde mora el observador causal, el Ángel Solar o el Ángel de la Presencia, o tal como estamos habituados a describirlo en los estudios teosóficos, el Yo Superior. Este cuerpo de luz ha sido creado con la sustancia de los buenos pensamientos, de los buenos deseos, de las correctas inspiraciones de la personalidad, conforme va creando el Sendero. Es decir, que el sacrificio místico del Ángel Solar, del cual trataremos en otra disertación más directamente, significa que para acelerar el proceso de evolución de la Humanidad, unos seres extraordinarios, que en la Doctrina Secreta de Madame Blavatsky se denominan los Dyanes del Fuego, decidieron, interpretando la Voluntad del Creador, ayudar a la raza de los hombres que evolucionaba. Este hecho, según se nos dice —ustedes tienen la libre opinión de admitir o de rechazar las jerarquías que evolucionaban en la Tierra hace aproximadamente unos veinte millones de años, yo no puedo probarlo, ustedes tampoco, pero se nos dice esotéricamente—, hubo una invocación superior, porque entonces evolucionaba el hombre-animal. El hombre había adquirido un poder sobre las circunstancias y había creado un cuerpo definido, pero carecía de autoconciencia y, naturalmente este desnivel dentro de la vida de la Naturaleza, este clamor invocativo que se elevaba de la raza incipiente de los hombres, llegó tal como llega todo motivo de meditación, a los ojos místicos del Creador y, atendiendo esta demanda, arrancando tal como se dice en los libros sagrados de la India, como pétalos sagrados de Su corazón místico a los Ángeles Solares, los transportó vía el éter, fíjense bien, vía la sangre de los dioses, hacia el planeta Tierra y, entonces, por primera vez en la historia de la raza humana, un Ángel Solar introdujo un pequeño huevo, digamos así, como Ave Fénix, dentro de la mente del hombre o de lo que era el elemento preparado para la mente del hombre y creó la autoconciencia. Desde aquel momento el hombre ya no vio las circunstancias solamente como un proceso histórico o de sueño que se realizaba y del cual él no se daba cuenta, sino que empezó a darse cuenta de que estaba siendo un actor dentro de un drama cósmico y así empezó a actuar la raza de los hombres. Los inicios fueron dolorosos porque tenía que vencer toda la resistencia impuesta por un cerebro condicionado todavía por el instinto animal, pero si después de estos hipotéticos veinte millones de años, vemos el hombre actual, con el gran avance de la técnica que le permite adueñarse del espacio o de crear las computadoras electrónicas, o la televisión en color, vemos el paso de la evolución, el paso de la conciencia del hombre, desde aquel cerebro instintivo de la mente, hasta hoy día, en que hemos creado el cuerpo causal, para que el Gran Adepto, el Ángel Solar, pueda vivir libremente sin el agobio, pues se nos dice que, el Ángel Solar —son palabras místicas y les ruego que lo tomen en sentido místico— vino desnudo, huérfano, fue un gran sacrificio, el gran sacrificio siempre es desnudez. Al situarse en tercer subplano del plano mental, estableciendo allí su morada para conectarse en el cerebro del hombre vía su corazón y de allí a la Mónada, y más arriba al Dios del Universo, no hizo más que atender las súplicas, las invocaciones de la raza de los hombres. Entonces, empiezan a crearse los siete velos que encubren el cuerpo causal del Adepto o la vida del Adepto empieza a estar dentro de un estuche, del color del arco iris se nos dice, el que lo ha podido ver clarividentemente, y que tiene la misión de ayudar al hombre hasta que el hombre accede a la quinta dimensión, hablando en términos ya de dimensión, pues así hemos empezado la discusión de hoy, una vez ha establecido su morada el alma en aquel lugar sagrado, que se ha puesto en contacto con el Alma Solar, y ha aprendido de este alma todo el contenido de sabiduría cósmica de las edades, reflejadas en los pétalos del Loto del Corazón de Dios, entonces existe un…

 

 

 

Barcelona, 10 de mayo de 1975

Vicente Beltrán Anglada

 

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